Columna Diario de Campo

Pobre Venezuela   Luis Miguel Rionda (*) La madrugada del sábado 3 de enero, el año 2026 se estrenó con la estridencia del ataque armado de las fuerzas de los Estados Unidos sobre el territorio de la sufrida Venezuela. Todo ello bajo la pueril excusa de hacer prisionero al presidente de facto de ese país, el fantoche y chanflón Nicolás Maduro y su anciana esposa, ambos considerados con acierto como delincuentes de alta peligrosidad. Una cantidad apabullante de recursos bélicos se desplegó por dos horas en Caracas y alrededores, neutralizando con enorme efectividad tecnológica los recursos de defensa de un gobierno militarizado e inepto, que se pasmó y paralizó, a pesar de la retórica bravucona de su líder y su llamado general a las armas, en preparativo contra la invasión que él nunca creyó posible. El tirano exhibió su escondida debilidad humana. Sin el poder, el rollizo grandote y bigotón lució apocado y desubicado. Experimentó en carne propia lo que debieron padecer sus miles de perseguidos, encarcelados y desaparecidos. Por supuesto, sin el componente de la tortura física y la violación de derechos básicos, que él ordenó aplicar a sus conciudadanos antagonistas. El matrimonio Maduro gozó de las consideraciones de agentes de la ley profesionales, que les trataron con firmeza, pero con respeto. Suerte la suya. Por supuesto, yo rechazo con énfasis el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Sobre todo, cuando las motivaciones reales responden a intereses económicos o de dominación, como fue el caso de esta agresión. La incursión tuvo como objetivo desplazar a un déspota que ya resultaba infuncional para el imperio, y sacar provecho material de la situación. Nunca se pensó en impulsar el retorno a la democracia y al desarrollo de una nación que perdió sus libertades en manos de una padilla de feroces bandoleros, disfrazados de salvadores bolivarianos del pueblo. El derecho internacional que se impuso al término de la segunda guerra mundial, expreso en la declaración de las Naciones Unidas de 1942, ampliada en 1945 y 1948, tuvo como objetivo evitar nuevas confrontaciones mediante el establecimiento de mecanismos de diálogo y resolución de conflictos, que más o menos funcionaron a lo largo de la llamada guerra fría y en el periodo de expansión de las democracias. Pero a partir del arribo al poder de Vladimir Putin en Rusia (2000) y Donald Trump en los EUA (2016) el modelo ha hecho crisis. Muchas agresiones internacionales se han perpetrado desde entonces sin que los mecanismos, como la ONU y otros, hayan podido hacer gran cosa, más que declaraciones. La ONU, con 193 naciones, está secuestrada por un consejo de seguridad de 15 países, cinco de los cuales tienen poder de veto. Ese diseño es arcaico, inoperante y antidemocrático, pero funcional para las potencias militarizadas. Para colmo, y por decisión de Trump, a partir de antier los EUA se han retirado de 66 agencias internacionales, la mayoría dependientes de la ONU, que además ve amenazada su propia existencia. Ni siquiera la belicista OTAN se salva, pues también ha sido objeto de las imposiciones del copete naranja. Lo poco bueno de la situación es que se abre una rendija para una eventual liberación del pueblo venezolano del yugo de sus demonios internos. Pero se avizora que el proceso, si se da, será lento y excluyente. A los gringos no les interesa liberar a nadie, ni propiciar la mejora del país agredido. Quieren controlar su petróleo y así joder a las potencias rivales. Pobre Venezuela, tan lejos de Dios y tan cerca de Trump              

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El Odio Naranja Luis Miguel Rionda (*)   En estos tiempos de vacaciones académicas, y por pura casualidad, anteayer se me ocurrió sintonizar CNN en mi tele, buscando noticias sobre Venezuela. Me topé con que se estaba anunciando la emisión de un mensaje del presidente Donald Trump, el primero en vivo y en directo, en esta su segunda gestión en la Casa Blanca. Ingenuo, supuse que daría a conocer alguna decisión de trascendencia, de calado nacional o internacional. Con curiosidad me mantuve atento hasta que inició el manifiesto. Sólo lo hice porque me sobraba el tiempo, pues no me cae bien el sujeto anaranjado, con cara de retortijón. Los políticos de carrera suelen ensayar con cuidado la forma y el fondo de sus discursos ante la gran audiencia televisiva. La idea es provocar sentimientos de identidad, simpatía y entusiasmo, o bien, si se trata de asuntos graves, convocar a la solidaridad, al sacrificio y a la unidad nacional, como lo hicieron grandes tribunos como Winston Churchill, ante la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940 (“no tengo nada qué ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas”); o Franklin D. Roosevelt el 8 de diciembre de 1941, un día después de “la fecha que vivirá en la infamia”, cuando se declaró la guerra al “imperio del Japón”. Grandes piezas de elocuencia patriótica, plenas de energía y voluntad compartida. En México no nos hemos quedado atrás con nuestros líderes oradores: todavía recordamos el discurso de Lázaro Cárdenas del 18 de marzo de 1938, cuando se nacionalizó el petróleo, o a Luis Donaldo Colosio el 6 de marzo de 1994 (“veo un México con hambre y con sed de justicia…”), o los muchos pregones de los tribunos de oposición en ambas cámaras. La retórica es un recurso que afianza el liderazgo, o lo contrario: hunde en el oprobio. La arenga que escuché el miércoles fue de este último tipo: un rollo plagado de odios y escupitajos contra todos y todas (en esto sí es muy incluyente el güero). Autoelogios sin límite, aderezados con afrentas contra el buen Joe Biden. Un montón de descalificaciones contra sus rivales, que ya no se sabe si se limitan a los demócratas o incluyen a sus copartidarios. Añadiendo xenofobia odiosa, al extremo de asegurar que la mitad de los inmigrantes indocumentados son delincuentes fugados, retrasados mentales, drogadictos y viciosos irredentos, que abusan de la bondad e ingenuidad de “América” (ese país sin nombre que se ha apoderado del topónimo). Me sentí personalmente ofendido al escuchar su caterva de prejuicios contra los que no son como él (afortunadamente). ¡Qué forma de odiar! Me pregunto cómo puede soportarse a sí mismo. O mejor: ¿cómo lo soportan sus cercanos? ¿Melania, Ivanka, Barron..? Para mí es un misterio. No mantuve mi atención los largos veinte minutos de improperios. Tampoco cambié de canal: soy morboso. Me da pena por esa gran nación, la cuna de las libertades democráticas y del liberalismo/capitalismo, que a la fecha sigue siendo el mejor sistema de convivencia civilizada que se ha dado la humanidad. La libertad democrática permite que incluso personajes profundamente autoritarios como este magnate odiador, lleguen al poder. Pero el sistema tiene sus propios anticuerpos, que se desatarán en la siguiente elección. Al tiempo. Esta columna toma un par de semanas de vacaciones. Nos leemos el próximo viernes 9.

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De Cacería Luis Miguel Rionda (*) El servicio público, desde una óptica aristotélica, exige una moralidad superior a la del ciudadano promedio. En su Ética para Nicómaco, Aristóteles aseguró que el comportamiento ético no es solo un entendimiento teórico, sino que se debe tener “experiencia de las acciones en la vida” y haber sido “educada en buenos hábitos” para volverse buena. La persona pública debe ser virtuosa, para lo cual “debe hacer cosas virtuosas”. No sólo parecer ser bueno, sino serlo. No hay político que reconozca sus falencias, sus debilidades, sus corrupciones. Todos y todas se asumen virtuosos y moralmente superiores. Pero la maldita realidad eventualmente los desnuda ante sus seguidores, para el gozo de sus detractores. Digo lo anterior motivado por la terrible contradicción en que ha caído un aspirante a líder, un joven que ha sido empujado por sus padres a integrarse a la dinastía que gobierna el municipio de Guanajuato capital desde 2018. El chico, Saúl Navarro Smith, fue designado por su madre Samantha, hoy alcaldesa, como presidente del sistema DIF de esa capital. El orgullo de su nepotismo. No es un puesto menor, porque el organismo paramunicipal ejerce recursos por más de 36 millones de pesos al año, sin contar salarios (cuenta pública 2024). En un gobierno donde laboran más de mil 600 personas, el DIF debe involucrar el esfuerzo de muchos trabajadores. Una enorme responsabilidad para un joven de 27 años, que está encaminado a mantener la sucesión familiar por cuarta o quinta ocasión en el poder municipal. El martes 9 pasado se difundió una denuncia signada por cuatro importantes asociaciones ecologistas y de protección animal de Guanajuato, sobre la presunta cacería en que participó el titular del DIF. Se acompañó con una impactante fotografía donde siete integrantes de la familia Smith posan jocosos alrededor de un par de jóvenes venados, recién muertos por esos aficionados a la cinegética. Todos visten vestuarios de camuflaje, no de senderismo. En sus sonrisas es evidente el placer que encuentran en matar por diversión. Uno de ellos es Saúl, que sostiene con orgullo la cornamenta del venado más grande. En su primer informe de gobierno, la alcaldesa aseguró que: “En el gobierno municipal, entendemos que el respeto hacia los animales es reflejo de una sociedad consciente y solidaria. Por ello, a través del Centro de Control y Asistencia Animal, impulsamos una cultura de tenencia responsable, medicina preventiva y protección animal, beneficiando tanto a las mascotas como a la salud pública” (p. 219). Llama la atención que el responsable de una de las áreas más humanitarias de una administración que se presume sensible al dolor animal, participe (activa o pasivamente) en una actividad necrofílica, plena de crueldad inútil. Su sonrisa exhibe sadismo. No hay inocencia ni indiferencia, sino complicidad. No hay virtud ni honor. Los gobernantes y representantes deben asumir que al dedicarse al servicio público aceptan someterse al escrutinio de sus conductas privadas con más profundidad. Porque no sólo deben parecer virtuosos, sino serlo. Y eso es un gran reto.         (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda  

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Aniversario y presea   Luis Miguel Rionda (*)   Hace trece años, un tres de diciembre de 2012, murió mi padre, el maestro Isauro Rionda Arreguín. Él fue cronista de la ciudad de Guanajuato desde 1979 hasta junio de 1987, y desde febrero de 1989 hasta su deceso, por un total de 31 años. Fue fundador de la Asociación de Cronistas del Estado de Guanajuato en 1993, que se convirtió en su proyecto de vida luego de su jubilación en enero de 2004. Logró consolidarla gracias a una incansable labor de convocatoria y organización, con reuniones mensuales en los municipios que sí atendieron su invitación de designar formalmente un cronista local. Desde 2013, los miembros de esta asociación se reúnen cada año en la ciudad de Guanajuato para conmemorar la partida de su fundador. Al principio lo hicieron en el jardín de El Cantador, al pie del busto de bronce que el ayuntamiento colocó poco después de su deceso. Luego lo hicieron en la casa de la cultura, institución cuya fundación promovió cuando le tocó ser regidor (1995-1997). Este año el homenaje se realizará en las instalaciones del Archivo General del Estado, que dirige la historiadora Susana Rodríguez Betancourt. Este archivo también fue consolidado por el maestro Rionda, quien lo recibió en 1978 casi en calidad de bodega de papeles viejos, concentrados en una casa derruida ubicada frente al Teatro Principal (Cantarranas 7): una auténtica bomba de tiempo incendiaria. Primero organizó y clasificó los fondos atiborrados. Luego convirtió el bodegón en centro de investigación. Gracias a sus buenos oficios y a la sensibilidad intelectual del gobernador Rafael Corrales, se dotó al archivo de un magnífico edificio propio, diseñado ex profeso como moderno repositorio documental. Esto sucedió en 1989. La asociación de cronistas es hoy presidida por el joven historiador Eduardo Vidaurri Aréchiga, cronista de Guanajuato capital. Desde 2016 esta agrupación, que hoy integra a cronistas de 42 municipios de la entidad, instituyó la presea “Isauro Rionda Arreguín”, que en esta su novena emisión se otorgará al cronista de Romita, el maestro Josué Bedia Estrada (1943), uno de sus decanos (2008). Un notable personaje que ha desarrollado varias facetas: abogado, político, notario, ecologista (fundó en 1988 el Movimiento Ecologista Mexicano de León), periodista, luchador social (defensor del agua), profesor, conferencista y escritor (destaca su serie de cinco volúmenes denominada Ecos de lejanas voces). Y por supuesto: patriarca de familia y extraordinario conversador. La asociación de cronistas ha tenido una destacada labor de publicación y difusión de los saberes históricos y memorísticos de las localidades y regiones de nuestra entidad. Muchos de sus productos están disponibles en su página electrónica: cronistasdeguanajuato.com. Destaca la colección de monografías históricas municipales del bicentenario, que coordinó mi padre y publicó el gobierno del estado en 2010 (https://t.ly/HFkTB). La invitación al evento es general. Nos vemos en el homenaje y entrega de presea al mérito al cronista este sábado 6 a las 9:30 h en el Archivo General del Estado, entre las calles Insurgencia y Alhóndiga de la ciudad de Guanajuato.

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Ciudadanos en rebeldía Luis Miguel Rionda (*) Dos eventos recientes han significado un cataclismo político para el gobierno federal morenista, como nunca antes en sus siete años de hegemonía: el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, el primero de noviembre pasado, y la inopinada marcha masiva del 15 del mismo mes, a la que convocó la llamada generación Z, que fue reprimida en la Ciudad de México por los no-existentes granaderos y sus cómplices del “bloque negro”, dependientes ambos del gobierno capitalino (https://t.ly/TtlXB). Desde esas fechas los integrantes de la mal llamada 4T, comenzando por la presidenta de (no todos) los mexicanos, han trastabillado en no pocas situaciones, evidenciando que son incapaces para el diálogo, la inclusión y el respeto por el divergente. El operativo del día 15 se planeó como auténtica trampa de represión y descrédito contra los jóvenes y los no-tan jóvenes que hubieran podido llenar sobradamente la plancha del Zócalo. Esa reacción autoritaria ha volcado a las y los chavos, sobre todo los estudiantes, en contra de un régimen que se dice de izquierda, pero que no dudó en golpear a dos docenas de ellos y fabricarles delitos terribles. Esta represión despertó a los jóvenes Z, centennials y millennials, y los zafó de su indiferencia política previa. Hoy están enojados, como se lo hicieron saber -a gritos- en Guanajuato a Fernández Noroña. Ahora se suman los campesinos, los agricultores y los transportistas, que bloquean carreteras demandando sus derechos básicos: seguridad en las carreteras, no ser víctimas de extorsión, que sus productos sean pagados con justicia, y que el gobierno los escuche con respeto y que aplique la ley. Con torpeza, otra vez la 4T pierde uno de sus puntales y referentes sociales. Miles, millones tal vez, de apoyadores se sienten defraudados. Ante esta situación los partidos de oposición se evidencian rebasados. Son incapaces de interpretar las señales, y convertirse en alternativas para los desencantados. El PRD desaparecido, el PAN en regresión ultramontana y el PRI secuestrado por una dirigencia pedestre y autoritaria Por eso no sorprende el ímpetu que han cobrado las asambleas distritales del proyecto de partido político SomosMX. Hasta hoy son ciento ochenta y una asambleas exitosas, de las 200 que se requieren, que muestran cómo las y los ciudadanos enfadados buscan una alternativa honesta, horizontal, incluyente y vigorosa, para hacer frente a los desvaríos de un “movimiento” que ha entrado en descomposición interna, corrupción rampante y cínica, ineptitud evidente, exclusión sistémica, e incontenible ambición de poder y de dinero. Hay que salirle al paso a esta plaga. Por eso, amigo lector, amiga lectora, si vives en alguno de los municipios del distrito 04 federal (Guanajuato capital, San Felipe, San Diego de la Unión u Ocampo), te convocamos a que nos acompañes en la asamblea distrital que celebraremos este domingo 30 de noviembre, a las 9:30 h, en el Hotel Gran Plaza, ubicado en la glorieta Santa Fe de la ciudad de Guanajuato. Únete a esta fuerza emergente y conviértete en protagonista. No podemos mantenernos indiferentes ante la deconstrucción de nuestras instituciones democráticas, del menoscabo de nuestras libertades y derechos, de la exclusión de quien no comparte una ideología socialista anacrónica y castrista. Ante eso decimos: Somos México. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Marchas por la libertad Luis Miguel Rionda (*)   La política de demolición de instituciones que han aplicado las dos últimas administraciones federales ha provocado reacciones ciudadanas de rechazo, patentes en las marchas multitudinarias y pluricitadinas del 13 de noviembre de 2022, del 26 de febrero de 2023, y las del 18 de febrero y 20 de mayo del 2024. Cientos de miles de mexicanas y mexicanos salimos a las calles de entre sesenta y cien ciudades del país para exigir el respeto a instituciones democráticas como el INE, el Poder Judicial, los órganos autónomos, así como la competencia electoral en condiciones de equidad. La mayor parte de los que salimos a protestar a las calles fuimos mayores de 40 años. Los jóvenes participaron de manera marginal, pero significativa. Los denominados millenials y centenials nacieron en un entorno de paz social, con derechos salvaguardados por instituciones fuertes creadas en los últimos 30 años. La democracia electoral fue una realidad desde 1997, y se avanzaba lento, pero seguro, hacia la democracia social. Esta afirmación se soporta en la evolución del índice de desarrollo humano entre 2000 y 2022 (http://t.ly/FvHNf). Hasta el 2000 las marchas de protesta fueron patrimonio de la izquierda, primero de la izquierda militante y a partir de 1997 de la oficialista, que copió los métodos de acarreo y teatralidad de las manifestaciones multitudinarias de la vieja hegemonía priista. Pero en 2004 se volteó la tortilla: los ciudadanos comunes retomaron la iniciativa callejera cuando el 27 de junio se desplegó la enorme “Marcha Blanca” o “Marcha del Silencio” en la CDMX y otras localidades del país. El clamor social se alzó en contra de la ola de violencia criminal que ya era intolerable desde entonces, con el pasmo de las autoridades federales y locales. El jefe de gobierno López Obrador la calificó como la “marcha de los fifís”. El sábado 15 de noviembre pasado nuevamente la sociedad civil se lanzó a las calles de cincuenta ciudades del país. Pero ahora algo cambió: los impulsores fueron los chicos etiquetados como la “generación Z”, nacidos entre mediados de los años noventa y la primera década del siglo XXI: jóvenes en edad universitaria o de reciente inserción al mercado de trabajo. Ellos convocaron, pero fueron seguidos por una enorme variedad de componentes sociales y etarios: el movimiento del Sombrero, las madres buscadoras, las feministas, los trabajadores del estado y del poder judicial, la clase media informada, los agraviados por el crimen incontenible, los universitarios, los campesinos sacrificados por el mercado, los defraudados por la demagogia populista, etcétera. En Guanajuato tuvimos marchas considerables en León, Irapuato y Celaya. En la capital hubo una manifestación de alrededor de 50 chicos estudiantes de la UG, en particular de la carrera de Ciencia Política y de Derecho, que un par de días antes le habían aplicado una zarandeada de época al histriónico senador Fernández Noroña. En toda la república se vivieron jornadas de indignación y protesta, de rechazo a las políticas insanas del partido-movimiento en el poder. Pero tranquilas. Fue en la ciudad de México donde se le tendió una trampa a la movilización; el Zócalo se convirtió en una nasa de pesca: con una sola entrada y pocas salidas. El “bloque negro” se lanzó nuevamente para desvirtuar una manifestación opositora, y poder tacharla de violenta. Los policías y granaderos usados de carnada, y luego precipitados a reprimir con gases, escudos y violencia tumultuaria. Luego supimos que muchos manifestantes se convirtieron en presos del régimen. Ninguno del bloque negro.   (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Entregan apoyos al campo de Irapuato

Impulsan al sector rural con molinos de nixtamal y silos metálicos Refrendan compromiso con las y los productores agrícolas Irapuato Gto a 19 de noviembre del 2025.-A través del programa Mi Familia Productiva 2025, impulsado por la Secretaría del Campo (SECAM) y la Dirección de Desarrollo Rural de Irapuato, se realizó la entrega de activos productivos con el objetivo de fortalecer la economía y la seguridad alimentaria de las familias rurales del municipio. En esta edición, 974 unidades de producción agrícola de 48 localidades fueron beneficiadas con la entrega de molinos para nixtamal y silos herméticos para el almacenamiento de semillas. La presidenta municipal, Lorena Alfaro García, destacó que apoyar al campo es apostar por el presente y el futuro de Irapuato y de Guanajuato. “Con la participación ciudadana logramos la transformación, el impulso y las mejoras en nuestras comunidades rurales. Ustedes saben que no nos rendimos y siempre buscamos que nuestra gente no se quede atrás”, afirmó. Beneficios del programa • Acceso a activos productivos que mejoran los procesos de transformación y de almacenamiento. • Reducción de costos familiares al contar con molinos propios y espacios seguros para resguardar semillas. • Conservación de la calidad del grano, evitando plagas, humedad y pérdidas económicas. • Fortalecimiento de la economía familiar y comunitaria mediante mayor capacidad de autoconsumo y comercialización. • Incremento en la seguridad alimentaria de las familias beneficiadas. Por su parte, la secretaria del Campo, Marisol Suárez Correa, recordó que estos apoyos son impulsados desde el Gobierno del Estado y que continuarán llegando más beneficios para Irapuato. “Es importante que sepan que la gobernadora nos ha pedido siempre reconocer por quién estamos aquí: por ustedes, por la gente de Guanajuato”, señaló. Este programa representa un paso firme hacia el desarrollo sostenible y el bienestar de las comunidades rurales de Irapuato, y fortalece el eje de atención Tu Economía Local dentro de la estrategia Irapuato 27.

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Tiempos oscuros Luis Miguel Rionda (*)   La autodenominada cuarta transformación ha acumulado siete años detentando el poder ejecutivo y la mayoría en el legislativo, ambos federales. A esto se suma su control sobre la Comisión Nacional de Derechos Humanos desde hace seis años, del INE desde hace dos años y siete meses, del INEGI desde hace casi cuatro años, y el intento de colonizar al Banco de México hace casi cuatro años. Y ahora cumple un mes y medio gobernando al Poder Judicial y a su Suprema Corte. Han desaparecido ocho órganos autónomos: el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), su sucesora la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Sus funciones han sido asumidas por diversas áreas de la administración central. Es evidente el objetivo: centralizar el poder en manos de una élite recargada, con viejos priistas, perredistas y panistas, defensores de una convicción estatista y autoritaria que fue característica de los gobiernos del nacionalismo revolucionario de hace medio siglo. Parece el culmen de un proceso reciente. Me explico: la ventana democrática que se abrió desde 1997 hasta 2012 comenzó a cerrarse con la reforma política de 2014. La presidencia priista de entonces acordó en el Pacto por México, cuyo compromiso 90 incluyó “crear una autoridad electoral de carácter nacional y una legislación única, que se encargue tanto de las elecciones federales, como de las estatales y municipales.” Ese postulado significó el principio del fin de la transición democrática. El centralismo electoral se emparejó con la reconcentración en otros ámbitos, como el educativo, el judicial, el económico, la seguridad y otros. Estoy convencido de que el federalismo mexicano ha tenido una historia de altibajos. De tiempos recientes sólo recuerdo a la administración de Ernesto Zedillo como un intento genuino de recuperar el orden federal con su “nuevo federalismo”, que contrapuso al “auténtico federalismo” de la oposición. Fox mantuvo esa tendencia, más por desinterés e ignorancia que por compromiso; Calderón frenó el proceso, obligado por las tendencias centrífugas que impuso el crimen organizado y los cacicazgos políticos locales, y Peña Nieto de a tiro metió reversa, con su pacto antifederalista. Pero los gobiernos de AMLO y Sheinbaum han profundizado el centralismo, y han desmantelado el sistema de pesos y contrapesos de la división de poderes. Hemos retornado al caudillismo de Calles, Obregón y Santa Anna. De nuevo somos un país monocromático donde las decisiones públicas importantes se toman no desde el palacio virreinal, sino desde un rancho de la selva chiapaneca. La oposición es apaleada o cooptada. Los críticos perseguidos. La asunción de un cogobierno con los criminales asesinos. Con el ejercicio de la mentira como mensaje mañanero cotidiano. Tiempos oscuros son estos. Post scriptum: El 17 de enero de 2014 publiqué en Milenio León un artículo que intitulé “Cómo duele Michoacán” (https://t.ly/D2vg_). Las condiciones y los actores han cambiado, pero no así la constante: la violencia social. Manifiesto hoy que Michoacán me sigue doliendo en el alma… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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México bronco Luis Miguel Rionda (*) La violencia política sacude a Michoacán y a México. En lo que va de la administración de la presidente Sheinbaum han sucumbido asesinados diez alcaldes, tres de ellos de Michoacán (Cotija, Tacámbaro y Uruapan). El resto ha sido ediles de Oaxaca, Guerrero e Hidalgo (https://t.ly/RftD-). En Guanajuato todavía recordamos las ejecuciones de la candidata del MC a la alcaldía de Moroleón Alma Ríos Barragán el 25 de mayo de 2021, y de Guillermo Mendoza, hijo del presidente municipal de Celaya el 17 de agosto de 2022. El dominio de los cárteles de la delincuencia organizada se ha arraigado en entidades donde históricamente han florecido movimientos violentos de todo tipo: guerrilleros, bandidos, cuatreros, asalta diligencias y demás delincuentes. Recuerdo a Manuel Lozada, el “tigre de Álica” en el siglo XIX, imponiendo su ley personal en Nayarit, Sinaloa y Jalisco; Heraclio Bernal, el “rayo de Sinaloa”; los “Plateados” que asaltaban diligencias y violaban mujeres; Doroteo Arango, alias “Pancho Villa”, en Durango y Chihuahua; Jesús Malverde, patrono laico de los narcos; etcétera. Más cerca en el tiempo perpetraron violencia los guerrilleros de la Liga Comunista 23 de septiembre; el líder Rubén Jaramillo en Morelos, los profesores Genaro Vázquez y Lucio Cabañas en Guerrero (éste secuestró al senador Rubén Figueroa en 1974), y así, muchos “rebeldes primitivos”, en el término empleado por el estudioso Eric Hobsbawm, que enarbolaban causas políticas y sociales, pero que no le hacían feo a los beneficios económicos de su actividad delictiva. El llamado “desarrollo estabilizador” de esos años no trajo consigo paz social. Luego, el neoliberalismo de los años noventa y el inicio del siglo XXI tampoco logró pacificar los focos rojos de violencia, que se acrecentó con el cambio del modelo internacional del trasiego de drogas, cuando su foco se trasladó de Colombia hacia México, donde los incipientes grupos delincuenciales se vieron fortalecidos por la ausencia de una política de Estado que los combatiera. Más bien se vio lo contrario: la connivencia del poder político con los nuevos capos que proliferaron en la mayoría de las entidades y muchos municipios. La violencia que hoy padecemos en el país no es gratuita ni es espontánea. Tiene raíces profundas en el “México bronco” que tanto temía don Jesús Reyes Heroles. La debilidad de los valores ciudadanos de gran parte de nuestra población, reflejo de un sistema educativo inconsistente y de baja calidad, ha favorecido que los sectores sociales más marginados, en su desesperación, volteen nuevamente hacia la salida fácil de la trasgresión criminal. Es la “anomia” social de la que hablaba Durkheim, el padre de la sociología. Alrededor de 450 mil asesinatos dolosos se han acumulado en los casi veinte años del inicio de la guerra contra los capos. Un promedio de más de 30 homicidios anuales, según El País (https://t.ly/G5ZHe), a los que hay que sumar los desaparecidos, que se incrementan a mayor ritmo. Se requiere de una política de Estado, de largo plazo, que atienda las causas, pero que también combata los síntomas. No más excusas ni señalamientos a un pasado que es irremediable. Sólo el futuro está a nuestro alcance. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Centralismo Electoral Luis Miguel Rionda (*)   El día de hoy tiene lugar en el auditorio Mateo Herrera del Forum Cultural Guanajuato, en la ciudad de León, una audiencia libre para recibir propuestas para la reforma electoral que está cocinándose en la comisión presidencial ad hoc que conduce Pablo Gómez. Con ese pretexto comparto una reflexión sobre el mal del centralismo electoral que padecemos. Ninguna reforma electoral puede ignorar el orden político de corte federal que se dictó para nuestro país desde la constitución fundacional de 1824, ratificado por la constitución liberal de 1857 y la revolucionaria de 1917. El federalismo concebido como esquema de convivencia entre los diversos, los disímiles, que comparten una identidad nacional que los unifica pero con particularidades que los diferencian, incluso los separan. Para lograr esa unidad en la diversidad, los ideólogos liberales del viejo y del nuevo mundo concibieron el federalismo, en particular los padres fundadores de la democracia en los Estados Unidos de América: James Madison, Alexander Hamilton y John Jay, en sus famosos papeles federalistas. En México tuvimos también nuestros padres fundadores del federalismo. Fueron Miguel Ramos Arizpe, Lorenzo de Zavala y el guanajuatense José María Luis Mora. Muchos otros pensadores, políticos y activistas participaron en el impulso federalista mexicano, que reconoció que ni la Nueva España ni el naciente México se conformaron como un todo unitario, pues siempre se basaron en la diversidad y la multiculturalidad. La constitución de 1824 reconoció esa realidad, y con el respeto a las particularidades regionales garantizó la unidad nacional durante su vigencia. El federalismo ha tenido sus ventajas y sus desventajas para México. Pero sin duda ha posibilitado un régimen de respeto entre las entidades y el centro político nacional. Esto ha incluido al modelo electoral, que se mantuvo fuertemente descentralizado hasta 1946, cuando se “federalizó” el control electoral del padrón, el registro de partidos, de candidaturas, y los mecanismos de emisión y cómputo de votos. Desde esa fecha, cada nueva reforma político-electoral ha reforzado la centralidad en el desarrollo de las elecciones locales y federales. Tanto que la reforma de 2014 creó el Sistema Nacional Electoral, regido por el recién creado INE, que redujo el papel de los órganos electorales locales a simples ejecutores de los acuerdos emanados de la autoridad central. Pero esto fue un mal menor, si recordamos que el Pacto por México de 2012 contemplaba la desaparición de esos órganos locales para que sus funciones fueran asumidas por el nuevo INE. De nuevo se cierne la misma amenaza sobre el federalismo electoral. Se habla de la inminente desaparición de los mal llamados OPLE, para crear un leviatán megacefálico que absorba todos los procesos electorales y de consulta ciudadana, ignorando las contrastantes realidades regionales para imponer criterios generados desde una burocracia central. De concretarse, se trataría de un error histórico, una regresión hacia el centralismo que nos hizo perder Centroamérica, Texas y medio territorio. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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