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El becerro egoísta 2 Luis Miguel Rionda (*) Seguimos reflexionando sobre los resultados de la encuesta Latinobarómetro 2026. Es llamativo que cuando esta herramienta comenzó a aplicarse en la región la popularidad del orden democrático era mayor: un 65% lo consideraba el mejor esquema político posible. Hoy sólo lo afirma un 52%. Hay un evidente desgaste de su prestigio social, debido a muchos factores que el informe identifica “con la pandemia, el agotamiento económico de la década de 2010 y los estallidos sociales de 2019 en Colombia, Chile y Ecuador” (https://t.ly/k8BUG). El mayor apoyo se ubica en países como Argentina (73%), Uruguay (64%), Costa Rica, Chile y Venezuela (63% cada uno). Estos países han transitado por regímenes autoritarios de izquierda, pero también de derecha. Es esperable que suspiren por recuperar las sociedades abiertas (Popper) que garantiza el liberalismo. En cambio, los ciudadanos de Guatemala (35%), Brasil (41%), Honduras (42%) y Ecuador (43%) experimentan un evidente desencanto con la democracia. El caso paradigmático es El Salvador, donde el autoritarismo ha dado buenos resultados sin importar las violaciones a los derechos humanos. La simpatía democrática cayó del 68% en 2009 al 28% en 2018. Esto explica el ascenso al poder de Nayib Bukele el 1 de junio de 2019, y su reelección en 2024 con el 85% de los votos (https://t.ly/AKsp1). En México, en dos años decayó el respaldo a la democracia del 49% en 2024 al 45% en 2026. Y la indiferencia sobre el tipo de régimen político creció del 22% al 30%. Quienes consideran a la democracia como el mejor sistema, pese a sus problemas, decayeron del 74% al 53%. Y los que se sienten satisfechos con este orden cayeron del 50% al 30%. Asombroso: a los mexicanos se nos ha olvidado el enorme costo humano que significó la “dictadura perfecta”, esa que con tanto esfuerzo expulsamos del poder a punta de votos, participación, vigilancia ciudadana, competitividad, alternancias y fortalecimiento institucional entre 1994 y 2018. Hace unos días y sobre la encuesta publicó Pepe Woldenberg en su columna semanal: “En México no entendemos siquiera lo que es la democracia, aunque todo mundo hable de ella y se cubra con sus ropajes. Al parecer, se trata de una noción evanescente buena para todo y para nada. El 46% consideró que ‘la democracia puede funcionar sin partidos políticos’, el 40% dijo que ‘la democracia puede funcionar sin parlamento’, el 42% ‘que puede funcionar sin oposición’ y el 28% que ‘puede funcionar sin elecciones’. Es claro que franjas numerosas de conciudadanos no saben lo que la democracia es o debe ser.” (“Reprobados”, https://t.ly/vCC7Z). Es triste reconocerlo, pero padecemos un enorme déficit de cultura cívica (Almond & Verba), aderezada con la precariedad de los ingresos familiares ¾que favorece la clientelización de los ciudadanos¾, y la imposición simbólica de la figura de proveedor paternal en el liderazgo del nuevo partido hegemónico. Es triste, pero vamos como los cangrejos…             (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguel

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El Becerro egoísta Luis Miguel Rionda ( Parece que la “Era Trump” se está traduciendo a nivel mundial en una deriva autoritaria derechista en su variedad populista. Los otros autoritarismos, los de izquierda woke, están haciendo agua al verse incapaces de garantizar, como antes lo hacían, los derechos sociales que caracterizaron al Estado benefactor. Vemos, por ejemplo, lo que sucede en España, donde las clases medias ilustradas habían otorgado por décadas su apoyo al PSOE y adláteres gracias a la capacidad del Estado de proveer satisfactores subsidiados. Eso ya no sucede, no se puede. El perfil demográfico de ese país, como el de otros muchos, ha cambiado las condiciones que habían favorecido una política de transferencias no productivas, y ahora se reacciona con indignación ante nuevas realidades como la carencia y carestía de la vivienda, la gentrificación, el paro creciente y el desánimo generacional ante el futuro. En América Latina experimentamos algo similar, aunque con dimensiones y protagonistas diferentes. Tenemos elementos objetivos para tomar el pulso del ánimo general, y las nuevas tendencias hacia el autoritarismo conservador criollo, como vimos en Argentina, Perú, Colombia y, al parecer, pronto Brasil. Esos indicadores objetivos los encontramos en la nueva encuesta subcontinental del consorcio Latinobarómetro (https://t.ly/a8hEw). Su informe recién dado a conocer se denomina “¿Está en crisis la democracia liberal en América Latina?”, y ahí se analiza la evolución de las actitudes políticas, económicas y sociales de los latinoamericanos durante los últimos 31 años (1995-2026). En suma, se detalla cómo, aunque los ciudadanos de la región siguen valorando a la democracia y al régimen de libertades como vías aspiracionales hacia utopías sociales, han aprendido a desconfiar profundamente de sus élites partidistas, parlamentarias y de gobierno. La corrupción imparable de esas élites es la razón profunda de esa desconfianza. Se ha aprendido, a la mala, que los liderazgos mesiánicos, envueltos en su retórica solidarista y demagógica, siempre encubren intereses personalistas y de grupo que se traducen con el tiempo en el enriquecimiento escandaloso de las élites “revolucionarias”, “transformadoras”, “libertadoras”, fidelistas, chavistas, obradoristas y demás etiquetas de evangelización. La encuesta Latinobarómetro se basa en 9,207 entrevistas presenciales en 17 países latinoamericanos, levantadas entre el 7 de mayo y el 17 de junio de 2026. En México se realizaron 1,200 entrevistas. Destaca que el 52% de los participantes considera a la democracia como el mejor orden de gobierno, pero también declararon en la misma proporción que no les importaría que se impusiera un gobierno autoritario si resolviera los problemas del país. En 2002 esa proporción era del 44%. Además, un 63% considera que es aceptable cierta dosis de «mano dura» gubernamental. Y aquí lo preocupante: el 76% de los latinoamericanos declara que no se siente representado por su parlamento. En 2015 esa proporción era del 70%. Sólo un 15% confía en los partidos. Peor: solamente el 15% de los encuestados dice que puede confiar en las demás personas. Solamente el 26% considera que el Estado ha hecho algo o mucho por ellos y sus familias durante los últimos tres años. Es el mejor incentivo para voltear a ver a otros actores autoritarios, también populistas pero adoradores del becerro de oro del egoísmo acumulador. Continuaremos…               (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Los Adelantados   Luis Miguel Rionda (*) En la próxima elección federal se calcula que se renovarán alrededor de veinte mil posiciones de poder o representación en los tres órdenes de gobierno en el país. La mayor parte corresponde a cargos plurinominales en los municipios y los legislativos. Pero hay cargos uninominales de gran importancia como las 17 gubernaturas y las diputaciones de mayoría. Es, sin duda, un proceso enorme que involucrará los afanes de ocho partidos políticos nacionales, 69 partidos locales (cálculo de ChatGPT), un número indeterminado de candidatos independientes, 32 organismos electorales locales y el INE. Cien millones de electores, dentro y fuera del país, de los que es previsible que participe desde el 53 al 55%. El proceso comenzó en la primera semana de este mes. Algunos partidos nacionales no han esperado los tiempos legales, y están ya sumergidos en la dinámica de las competencias internas por la asignación de las llamadas “coordinaciones”, para salvar a la patria, la familia y la libertad, o bien para defender a la transformación y la soberanía. Puros membretes para defraudar a la ley electoral. Las comisiones electorales internas de Morena y el PAN han diseñado esquemas barrocos y oscuros que imponen sobre sus aspirantes encuestas secretas, recolección incierta de firmas, consultas misteriosas, focus groups arcanos, la 3 de 3, las protestas de decir verdad… Con todo, ya se están ventilando nombres en varias entidades del país, entre ellas Guanajuato. Por supuesto, ya afloraron las inconformidades y los agravios. Lo exuberante de los procesos induce a la desconfianza, y el déficit de transparencia provoca suspicacias, que considero explicables. En muchos casos parece evidente que las florituras de la selección de esas coordinaciones esconden el ejercicio soterrado del tradicional dedazo de los líderes “morales” o burocráticos. El PAN pretendió ponderar el liderazgo social por sobre la carrera partidista. Para ello, se definieron criterios y mecanismos, pero que despiertan dudas sobre los indicadores concretos que utilizaron para definir quién tiene capital social y quien sólo trayectoria institucional. No me disgustan algunos de los nombres difundidos, en particular el coordinador para Guanajuato capital, quien es el único personaje con la potencia moral para eventualmente enfrentar y desplazar a la dinastía caquistocrática y venal que se ha embutido en el gobierno local. Es una buena señal por parte de ese partido, aún hegemónico en nuestra entidad, pero que se ha dejado apestar por los oportunistas rapaces de siempre. Y el otro partido avivado, Morena, exhibe los estertores de la intoxicación del poder: divisionismo, tribalismo ¾ése que decían desterrado¾, caciquismo y canibalismo. Los ismos tradicionales de una izquierda de nylon. Es triste testimoniar cómo el progresismo solidario de los movimientos populares de los años setenta y ochenta, así como la vocación democrática de los primeros partidos de corte socialista (PSUM, PMT, PMS), hayan sido avasallados por el zombi del populismo echeverrista y hayan engendrado el nuevo Leviatán mexicano.               (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond

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Antisemitismo de cartón Luis Miguel Rionda (*) El 11 de septiembre pasado se perpetró una protesta inverosímil en la avenida Masarik de la Ciudad de México, en pleno barrio fifí de Polanco. Una pequeña multitud de manifestantes se expresaron a gritos en contra de la comunidad judía de nuestro país. En pleno Rosh Hashaná ¾año nuevo judío¾ y frente a una sinagoga, gritaron consignas en favor del pueblo palestino y en contra de Israel, a cuyo gobierno se acusa de genocida. Llamaron a boicotear los negocios propiedad de judíos mexicanos (!) e incluso a expulsarlos del país. Independientemente de la opinión que cada uno de nosotros pueda albergar sobre el conflicto que se ha desatado en la franja de Gaza, luego de la cruenta masacre del 7 de octubre de 2023 contra ciudadanos israelíes y de otras nacionalidades, perpetrada por Hamás y otros grupos armados palestinos ¾nada inocentes¾, es deplorable que en México todavía existan resabios de racismo y antisemitismo, dos formas de discriminación inaceptables en un país tan heterogéneo como el nuestro. La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación define a ésta como: “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que, por acción u omisión, con intención o sin ella, no sea objetiva, racional ni proporcional y tenga por objeto o resultado obstaculizar, restringir, impedir, menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y libertades […] También se entenderá como discriminación la homofobia, misoginia, cualquier manifestación de xenofobia, segregación racial, antisemitismo, así como la discriminación racial y otras formas conexas de intolerancia.” (Artículo 1, III). Me parece claro que los manifestantes violaron esta ley flagrantemente. Denunciaron a otros mexicanos con base en su religión ¾”judíos”¾ y quisieron vincular a esta comunidad, que tiene siglos viviendo en México, con el Estado de Israel y su política punitiva. Pero insisto: estemos o no de acuerdo con los elementos del conflicto, no es aceptable proyectar artificiosamente la responsabilidad de las acciones de un Estado extranjero sobre una colectividad mexicana que sólo comparte con aquél religión y tradiciones. El antisemitismo en México es antiguo. Desde el virreinato se daban las persecuciones religiosas contra conversos y judaizantes. El fenómeno ha sido estudiado por historiadores como Pablo Yenkelevich, quien afirma que el término “judío” podía aplicarse a cualquiera que fuera extranjero, rico o comerciante, aunque la población judía fuera minúscula; un “antijudaísmo sin judíos”, donde se usa el término “judío” como un monigote de paja, sobre el que se ceban los prejuicios religiosos y sociales de nuestro pueblo. Me pareció que los manifestantes de Masarik parecían haber sido reclutados, pues tenían aspecto de gente en precariedad. Creo evidente que no tenían idea de lo que gritaban o portaban en sus pancartas. Hasta la bandera de Palestina la traían al revés. Es triste que lidercillos oportunistas sigan manipulando a personas necesitadas para quedar bien con algún poderoso, ese sí antisemita.               (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Incompetencias Luis Miguel Rionda (*)     La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) publicó los resultados de su prueba PISA (Programme for International Student Assessment, Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) el 8 de septiembre pasado. Esa prueba se aplica cada tres años a chicos de 15 años, y evalúa sus competencias en los campos de la lectura, las matemáticas y las ciencias. No hubo sorpresas; más bien se confirmó que a nivel global hay un evidente deterioro a partir de la pandemia, que se mostró en los resultados de 2022 y se profundizó en 2025. En el conjunto de los 35 países de la OCDE hubo menoscabo en matemáticas y, sobre todo, en capacidad de lectura, mientras que en ciencias el índice se mantuvo relativamente estable. La OCDE informa que 2025 registró los resultados promedio más bajos de toda la historia de PISA en esos tres dominios fundamentales (https://t.ly/dzDLR). En matemáticas hubo una pérdida promedio de nueve puntos, al bajar de un índice de ≈472 a 463 entre 2022 y 2025. En lectura fue peor: 14 puntos menos, de ≈475 a 461. Por su parte, los chicos mexicanos lograron apenas 388 puntos en matemáticas en este año, muy abajo del promedio de la OCDE; además se perdieron siete puntos con relación al resultado de 2022. En lectura les fue un poco mejor: 395 puntos, contra 408 de tres años antes; siete puntos menos. La OCDE retrocede, sí, pero México se hunde. El desempeño de los chicos mexicanos en matemáticas ha sido variable. El índice subió de 385 puntos en 2003 a 419 en 2009, una mejora de 34 puntos en sólo seis años. Después se invirtió la trayectoria: 413 en 2012, 408 en 2015, 409 en 2018, 395 en 2022 y finalmente 388 en 2025. Es decir, entre el máximo de 2009 y 2025 se perdieron 31 puntos. La situación es distinta en la capacidad de lectura. México comenzó con 422 puntos en 2000, cayó a 400 en 2003, se recuperó hasta 425 en 2009, y posteriormente inició un descenso gradual hasta llegar a 408 en 2025. El resultado actual está 17 puntos por debajo del máximo de 2009 y 14 por debajo del registrado hace 25 años. Se puede identificar tres periodos: mejora entre 2003 y 2009, estancamiento entre 2009 y 2018, y deterioro entre 2018 y 2025, especialmente en matemáticas (https://t.ly/0tro1 con análisis de ChatGPT). La capacidad de traducir la realidad en abstracciones aritméticas o lingüísticas es lo que nos diferencia del resto de las especies animales. Si un adulto alfabetizado es incapaz de comprender lo que lee, es inepto para absorber ideas complejas. Si no puede aplicar un razonamiento aritmético mínimo a su vida cotidiana, caerá en equivocaciones elementales en su economía personal y doméstica, y en el ejercicio de cualquier oficio. Por su parte, el pensamiento científico evita caer en las trampas del fanatismo, la superstición y la intolerancia. Este es el mayor reto que enfrenta nuestro país: desarrollar su capital humano. Aparentemente el gobierno federal parece haber recibido el mensaje. En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 se prevé un incremento del 6.6% real (10.1% nominal) al gasto de la SEP, así como un 9.5% real a la SECITHI (Ciencia y Tecnología) (https://t.ly/OkVq2). Esperemos que esa inversión no se destine a la compra de voluntades sindicales o a las ocurrencias ideológicas de la Nueva Escuela Mexicana.             (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Nubes de humo Luis Miguel Rionda (*) Los informes de gobierno de los mandatarios mexicanos han sido, desde su origen en tiempos de Guadalupe Victoria, un ritual propiciatorio cuasi mágico pleno de autoelogios, enaltecimiento cortesano y adulación servil hacia la figura central del presidente o del gobernante respectivo. Recuerdo bien los elaborados ceremoniales del “día del presidente” en los años setenta y ochenta, con Díaz Ordaz, Echeverría o López Portillo. El día era feriado nacional. Las calles del centro de la CDMX y el Zócalo se cerraban para contener enormes contingentes de obreros, campesinos y empleados, todos acarreados, que hacían enormes vallas humanas para delimitar el recorrido triunfal del señor presidente en su elegante automóvil descapotado, desde donde saludaba, afable, a los agradecidos gobernados en medio de una lluvia intensa de confeti tricolor.   Por cierto, la historia del vehículo fue interesante: se trataba de un Mercedes‑Benz 300 descapotable 1959, la gran berlina de representación 300d Cabriolet D, serie W189, conocida también como el “Adenauer”. Era un automóvil negro, de cuatro puertas, larga distancia entre ejes y amplio espacio trasero, que permitía al presidente viajar de pie, portar la banda presidencial y saludar al público. Lo emplearon Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y, todavía, José López Portillo. También transportó a John F. Kennedy durante su visita a México en 1962 (https://t.ly/osKoA).   Luego hubo un Lincoln Continental descapotable de 1976. Fue un obsequio de Jimmy Carter a José López Portillo, y se volvió el automóvil ceremonial más reconocible de presidentes posteriores, especialmente durante los años ochenta y noventa (https://t.ly/xtTpD).   Todo fue felicidad hasta que a Porfirio Muñoz Ledo, como diputado opositor, se le ocurrió interpelar al presidente Miguel de la Madrid en su último informe el 1 de septiembre de 1988, poco tiempo después de las polémicas elecciones presidenciales de ese año. Ahí se acabó el “día del presidente”. A partir de entonces los ejecutivos no se atreven a pisar el salón del pleno de la Cámara; es más, ni siquiera acercarse. El “diálogo republicano” entre poderes se convirtió en un trámite burocrático de entrega-recepción de un documento con el “estado de la administración pública nacional”, de manos del secretario(a) de gobernación, que suele escabullirse, como hizo Rosa Isela, para evadir los cuestionamientos de los grupos parlamentarios.   El “mensaje político” presidencial desde Palacio Nacional de este martes primero ha sido el peor que yo recuerde. Pleno como nunca de lugares comunes, mentiras abiertas, información parcializada, descalificaciones sistemáticas y una actitud defensiva y paranoide, me pareció un esfuerzo de justificación de lo evidente: el marasmo, crisis y canibalismo de la 4T. La presidenta Sheinbaum involucionó hacia los gestos y expresiones propios de aquellos presidentes de la era posrevolucionaria. Muchas de sus expresiones las escuché de voz de Díaz Ordaz: engoladas, plenas de retruécanos fosilizados, muletillas vacías y clichés desgastados de la Revolución Mexicana, hoy Revolución de la Conciencias.   La plataforma independiente de Verificado calculó que, de 21 afirmaciones en el mensaje revisadas, nueve resultaron verdaderas, seis falsas, tres imprecisas, dos engañosas y una inverificable (https://t.ly/tRTJu). Así se construye la utopía: con base en nubes de humo.            (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Arsénico y encaje Hace 74 años un pequeño grupo de entusiastas actores universitarios, todos alumnos de la Escuela de Arte Dramático de la muy joven Universidad de Guanajuato, bajo la dirección del maestro Enrique Ruelas Espinosa, representaron la comedia teatral de Joseph Kesserling denominada “Arsénico y encaje” (Arsenic and Old Lace, 1939, estrenada en Nueva York el 10 de enero de 1941, https://t.ly/7wqQm). La fecha del debut en el Teatro Juárez de Guanajuato generalmente aceptada es el sábado 9 de agosto de 1952. Así lo informó el periódico El Estado de Guanajuato en su edición del día 2 anterior. De esta manera se estrenaba una agrupación teatral que se convirtió en símbolo y distintivo de una universidad, una ciudad e incluso un estado. El Teatro Universitario de Guanajuato emergió de entre las entrañas de esta complicada urbe serrana, personalizado en profesores, estudiantes y gente común que aspiraban a superar el hastío de la cotidianidad provinciana. Con la fuerza de la cultura, Guanajuato capital superó la depresión social y económica en la que se hundió después de la Revolución y la Cristiada. El crítico teatral Armando de María y Campos publicó una excelente reseña en su columna “El Teatro” del periódico Novedades (1953, https://t.ly/sCqoN). Así comienza: A fines de julio de 1952, los tranquilos habitantes de la ciudad de Guanajuato, capital del estado, pudieron ver pegadas a la entrada de los cuatrocientos sesenta y nueve callejones en que se fracciona aquella maravillosa ciudad, que parece construida por un fabricante de rompecabezas que se hubiese vuelto loco, unas tiras pequeñas, impresas en papel verde con la siguiente leyenda: “Si quiere conocer los secretos de las hermanitas Brewster, del misterio del arsénico en el vino de frutas y el de las tenebrosas esclusas en el canal de Panamá, vea Arsénico y encajes, la comedia moderna más espeluznantemente graciosa, presentada por los alumnos de arte dramático de la Universidad de Guanajuato”. Lugar de cita: Teatro Juárez. Día: 26 de julio [sic] […]. Y continúa: Media ciudad acudió al viejo y magnífico coliseo, como hace cincuenta años lo hacía para presenciar una exhibición de cuadros plásticos titulados La taza de té, o representaciones de piececillas iberas en boga, como Levantar muertos, Zaragüeta o Los pantalones. A esta representación de la divertidísima comedia del norteamericano J. Kesserling […] siguió otra, también teatro lleno, los días 9 y 10 de agosto. El 13 y 14 se trasladó el grupo a León, bajo los auspicios, creo, del Ayuntamiento, y representó Arsénico y encajes en el Teatro Doblado leonés, la segunda vez en función doble, para que todo el público que deseaba ver la actuación pudiera hacerlo. El 15, los universitarios guanajuatenses volvieron a representar, esta vez en el Teatro Colonial, de Celaya, también en función doble. […] Las hermanas Abby y Marta Brewster fueron confiadas al talento y entusiasmo de Gloria de Martín del Campo y Flora Webb, que compusieron –particularmente la primera– dos tipos magníficos, muy bien sostenidos a lo largo de la obra. La señorita Clemencia Téllez en la Elena Harper, estuvo muy simpática y desenvuelta. La mejor interpretación, por lo impresionante, segura y sostenida, fue la que del Jonathan Brewster logró Manuel Martín del Campo, desfigurado según exigencia de la obra como un popular personaje de Boris Karloff. Magnífica voz, temperamento y afición, podían hacer de él, seguramente, un excelente actor. Eugenio Trueba, en el reporter Mortimer, actuó con agilidad y simpatía, y muy gracioso, manteniendo arriba su personaje, se mostró José Hernández en el Teddy-Roosevelt. El conjunto trabajó muy acoplado, y el resultado fue muy feliz para el director Enrique Ruelas. […] Una buena noticia: la obra se representará nuevamente hoy viernes y mañana sábado, en el mismo escenario: el Gran Teatro Juárez. Ahora dirigida por el tercer director del ensemble: Hugo Gamba.           (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Tiempos Electorales Luis Miguel Rionda (*) Tanto en el nivel nacional como en el local las aguas de la política electoral se están agitando aceleradamente, violentando la ley. Los apretados tiempos que hoy rigen en la legislación electoral mexicana fueron impuestos por la reforma constitucional y legal del 2007-2008, que respondió fundamentalmente a las exigencias del entonces gran protagonista de oposición, Andrés Manuel López. Antes, las campañas comenzaban al día siguiente de la aprobación del registro de las candidaturas, y terminaban tres días antes de la jornada electoral. Por eso, las campañas federales formales podían durar hasta seis meses. La reforma las limitó a 90 días en elección presidencial y 60 en elección intermedia. Estas medidas restringieron las libertades de expresión política y de búsqueda de aspiraciones electorales, y fueron totalmente oportunistas y artificiales. En una democracia madura, los políticos pueden hablar siempre de política, de su oferta e intereses. Aquí ya no. La ley general prohíbe los “actos anticipados de campaña”, pero los define de manera difusa y confusa: son todas las expresiones que “llamen expresamente a votar a favor o en contra de una candidatura o partido”; o que “soliciten cualquier clase de apoyo para contender por una candidatura o en favor de un partido político” (LGIPE, artículo 3, numeral 1, inciso a). Es sumamente fácil evitar ambas condiciones. La propaganda, las concentraciones, los recorridos, las apariciones en medios y demás actos públicos son simples “ejercicios de trabajo territorial” (como ahora hace Andy), difusión o capacitación políticas, comunicación ciudadana, o publicidad para promover un libro, una revista, un cumpleaños… No solo es difícil enmarcar esos “actos anticipados”; también es casi imposible documentar y denunciar alguno. Las quejas legales chocan con una autoridad que no actúa de oficio, con que la carga de la prueba recae sobre el quejoso, con interpretaciones jurídicas obtusas, y con que es muy difícil obtener testimoniales por temor o interés. En la práctica, sólo los partidos políticos dotados de equipos competentes de abogados electorales pueden aspirar a tener algún éxito ante la autoridad administrativa; que luego es impugnado, y con frecuencia, bateado. La legislación actual incentiva el fraude a la ley. En los hechos, la política se define por la necesidad pragmática de generar opciones ante el electorado: construcción de candidaturas, imágenes públicas, renovación de liderazgos, circulación de élites, ascenso partidista… Esa posibilidad se restringe hoy a uno o dos meses de precampañas, que ciertamente no son suficientes para construir una candidatura de arraigo. Considero que la ley debe responder a la realidad, y no lo contrario. Los políticos deben trabajar todo el tiempo en construir su imagen pública, transparentar sus aspiraciones y acompañar las causas de la ciudadanía. El trabajo político no consiste sólo en la atención a las obligaciones burocrático-administrativas de la clase política en el poder o en la representación. Debe ser una acción permanente de comunicación y vinculación con los ciudadanos electores, mediante la cual se ayude a construir comunidad de intereses. No hablo, por supuesto, de clientelización con base en dádivas y promesas, sino de la construcción de una nueva ciudadanía. Es mi convicción.         (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond

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Protección a las audiencias Luis Miguel Rionda (*)   Las artificiales mayorías parlamentarias que la autodenominada 4T ha sabido imponer han sido de extrema utilidad para seguir avanzando en la demolición del orden político liberal previo, e imponer un nuevo —o, mejor dicho, revivido— régimen estatista hegemónico y autoritario. Ya nada sorprende, luego de la colonización, desaparición o anulación de los pesos y contrapesos republicanos. Una vuelta de tuerca se impuso tan recientemente como el 16 de julio de 2025, cuando la Cámara de Diputados aprobó la nueva Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, que desapareció el órgano autónomo denominado Instituto Federal de Telecomunicaciones, y creó en su lugar a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, órgano administrativo desconcentrado de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones. Sus comisionados son ahora electos por el ejecutivo federal. En estos momentos se está sometiendo a consulta pública el anteproyecto de “Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias”, que reglamenta varias disposiciones de la nueva ley. Y esto ha generado un intenso debate, pues muchos analistas han interpretado algunas de sus disposiciones como amenazas encubiertas contra las libertades de expresión e información, y un recurso para el control estatal sobre qué y cómo se asumen los temas de interés público en los medios de comunicación tradicionales; es decir la radio, la televisión abierta, la televisión y el audio de paga. No se incluye a la prensa, las nuevas TIC y las redes sociales (https://t.ly/bn-7O). En el reglamento define como derecho de las audiencias: “Recibir información veraz, plural y oportuna, especialmente en programación noticiosa; así como, a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión” (art. 8). Para ello obliga a las concesionarias a que distingan entre publicidad, contenido y opinión. También que los contenidos reflejen el pluralismo ideológico, político, social, cultural y lingüístico de la Nación. Se debe garantizar el derecho de réplica. Se prohíbe la discriminación. Se ordena el respeto a los derechos humanos. Y que se haga uso de la variedad lingüística del país. El reglamento está adornado por muchas buenas intenciones, pero me parece que le falta claridad sobre los cómos, así como del alcance de la intervención del Estado en la protección efectiva de esos “derechos de las audiencias”, fuera de la multa prevista en el artículo 54, que va del 0.01% al 1.0% de los ingresos de la concesionaria. La vaguedad de sus previsiones puede ser peligrosa, pues puede esconder la intención de ejercer la censura o auto censura con pretexto de “proteger” derechos que por naturaleza son abstractos y difusos. ¿Quién define qué información u opinión es “veraz”, “plural” u “oportuna”? ¿Cuáles son los referentes objetivos que puedan sustentar sanciones proporcionales a la falta? Son demasiados los antecedentes internacionales autoritarios que nos llaman a alarma: la “ley resorte” de Chávez en Venezuela de 2004 (https://t.ly/x292-), que impuso controles estatales estrictos sobre los contenidos en los medios. O sus similares en Cuba, Nicaragua, Bolivia y otros autoritarismos. Por eso es importante mantener un debate informado durante el tiempo necesario, que determine la aprobación o rechazo del reglamento. Pero parece que, como siempre, los impulsores de Palacio Nacional tienen prisa.       (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Columna Diario de Campo

A cincuenta años de Silao   Luis Miguel Rionda (*)   El día 13 pasado se cumplieron cincuenta años de un desastre natural que marcó el desarrollo del Bajío mexicano, y muy en particular a la ciudad de Silao, Guanajuato. Un meteoro que duró más de diez días transformó radicalmente la fisionomía urbana de esa localidad, que entonces tenía poco más de 30 mil habitantes. La presa de Chichimequillas, un vaso que protegía al asentamiento de las avenidas fuertes durante la temporada de lluvias, se vio desbordada, y los arroyos y el río Silao se convirtieron en “burros de agua” que barrieron con siembras, aperos, animales y la vía del tren. Muchas casas y edificios, sobre todo los hechos de adobe, se vinieron abajo o quedaron en situación inhabitable. La tragedia humana fue enorme, y convocó a la solidaridad nacional. Tengo muy presente esa tragedia porque yo estudiaba en la preparatoria oficial en Guanajuato capital. Muchos chicos universitarios nos apuntamos en brigadas de servicio social para apoyar los auxilios en Silao. Mi padre, funcionario entonces en el gobierno estatal de Luis Ducoing, fue comisionado por éste para coordinar los esfuerzos. Esto motivado porque aquél había nacido en Silao, de donde era originaria su familia materna: los Arreguín, descendientes de don Barbarín el boticario. Fue una experiencia estrujante para mí. Yo ya había presenciado las inundaciones de 1969 y 1971 en Guanajuato capital, que también fueron desastrosas, pero concentradas en algunas zonas de la ciudad. Luego sucedió la de Irapuato en 1973, cuando se rompió la cortina de la presa de El Conejo. De esa sólo supe por los medios y por testimonios de mis familiares. Pero quiero destacar que, en esos tiempos, las principales calamidades que azotaban el Bajío eran los diluvios. Ni temblores, ni incendios: han sido las trombas y tormentas de verano que pegan en breves periodos y sobre espacios concentrados. Los que vivimos en esta región sabemos que puede llover muy fuerte aquí, y nada por allá. Mi historia familiar ha sido marcada por los aluviones. Soy descendiente de los boticarios Arreguín, que en principio tenían su droguería en Guanajuato capital, en el rumbo de Belem. La inundación de 1905 los obligó a cambiar su negocio al jardín central de Silao. En los años cincuenta la botica quedó a cargo de mi tío abuelo Alejandro Arreguín. A él le tocó el desastre de 1976. Su hermoso portal colonial quedó tan afectado que debió reemplazarlo por uno “moderno” y horrible, pero resistente. Eso le sucedió a todo Silao: una hermosa villa abajeña que perdió gran parte de su patrimonio construido, para convertirse en una ciudad sin mayor identidad urbana. Fue una lástima que las autoridades de entonces no hayan procurado la restauración y preservación de esa heredad artística e histórica. Es un hecho que las inundaciones han modelado, para bien y para mal, el desarrollo de nuestros centros urbanos en el Bajío. Han provocado pérdidas enormes en vidas y propiedades, y han modificado la estructura y la fisonomía de nuestras calles y edificios. Pero como en cualquier desastre, nos han permitido crecer en nuestra estrategia de previsión y prospectiva. En el medio siglo transcurrido desde Silao 1976 ha descendido el número de eventos (Salamanca 2003, León 2018). Quiero creer que mucho hemos aprendido de las desgracias.   (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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