- Retiran iniciativa que buscaba someter a control gubernamental a los ministros de culto y sus contenidos en medios digitales y redes sociales
- Más de 12 mil firmas ciudadanas lograron detener una reforma que amenazaba la libertad de expresión y de culto
- Ante el anuncio de una nueva iniciativa, la ciudadanía reafirma su rechazo a cualquier intento que atente la libertad de expresión y de credo
- Las libertades fundamentales no se condicionan, son el corazón de nuestra democracia
Gracias a la presión ciudadana que defendió la libertad
Aunque el diputado promovente retiró la iniciativa, anunció que presentará una versión modificada, por lo que seguiremos atentos y en defensa de cualquier intento de disfrazar con lenguaje progresista medidas que, en realidad, son anticlericales y afectan al Estado laico.
El pasado 28 de octubre, el vocero del grupo parlamentario de MORENA presentó ante el Congreso de la Unión una reforma a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que, bajo el pretexto de “combatir los discursos de odio”, realmente limitaba la libertad de expresión y de credo, al imponer una vigilancia previa sobre el actuar de los ministros de culto y sus contenidos difundidos en redes sociales.
El texto de la iniciativa establecía que:
“Los ministros de culto o las asociaciones religiosas que operen medios de comunicación digitales, incluyendo plataformas de contenido multimedia, redes sociales o cualquier otro servicio en línea, deberán sujetarse a los lineamientos que emita la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones en coordinación con la Secretaría de Gobernación.”
Esta medida marcaba un precedente peligroso, pues daba al Estado la facultad de revisar, regular y eventualmente censurar contenidos religiosos o morales compartidos en plataformas digitales.
Para el Estado mexicano debe ser impensable cualquier iniciativa que pretenda incidir en la fe de los creyentes o condicionar su voz en el espacio público.
Desde Activate.org.mx, refrendamos nuestro compromiso de seguir defendiendo la libertad de expresión y de credo, pilares de toda sociedad democrática.
Las libertades fundamentales no se negocian ni se condicionan: son el corazón de nuestra democracia.