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Pobre Venezuela   Luis Miguel Rionda (*) La madrugada del sábado 3 de enero, el año 2026 se estrenó con la estridencia del ataque armado de las fuerzas de los Estados Unidos sobre el territorio de la sufrida Venezuela. Todo ello bajo la pueril excusa de hacer prisionero al presidente de facto de ese país, el fantoche y chanflón Nicolás Maduro y su anciana esposa, ambos considerados con acierto como delincuentes de alta peligrosidad. Una cantidad apabullante de recursos bélicos se desplegó por dos horas en Caracas y alrededores, neutralizando con enorme efectividad tecnológica los recursos de defensa de un gobierno militarizado e inepto, que se pasmó y paralizó, a pesar de la retórica bravucona de su líder y su llamado general a las armas, en preparativo contra la invasión que él nunca creyó posible. El tirano exhibió su escondida debilidad humana. Sin el poder, el rollizo grandote y bigotón lució apocado y desubicado. Experimentó en carne propia lo que debieron padecer sus miles de perseguidos, encarcelados y desaparecidos. Por supuesto, sin el componente de la tortura física y la violación de derechos básicos, que él ordenó aplicar a sus conciudadanos antagonistas. El matrimonio Maduro gozó de las consideraciones de agentes de la ley profesionales, que les trataron con firmeza, pero con respeto. Suerte la suya. Por supuesto, yo rechazo con énfasis el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Sobre todo, cuando las motivaciones reales responden a intereses económicos o de dominación, como fue el caso de esta agresión. La incursión tuvo como objetivo desplazar a un déspota que ya resultaba infuncional para el imperio, y sacar provecho material de la situación. Nunca se pensó en impulsar el retorno a la democracia y al desarrollo de una nación que perdió sus libertades en manos de una padilla de feroces bandoleros, disfrazados de salvadores bolivarianos del pueblo. El derecho internacional que se impuso al término de la segunda guerra mundial, expreso en la declaración de las Naciones Unidas de 1942, ampliada en 1945 y 1948, tuvo como objetivo evitar nuevas confrontaciones mediante el establecimiento de mecanismos de diálogo y resolución de conflictos, que más o menos funcionaron a lo largo de la llamada guerra fría y en el periodo de expansión de las democracias. Pero a partir del arribo al poder de Vladimir Putin en Rusia (2000) y Donald Trump en los EUA (2016) el modelo ha hecho crisis. Muchas agresiones internacionales se han perpetrado desde entonces sin que los mecanismos, como la ONU y otros, hayan podido hacer gran cosa, más que declaraciones. La ONU, con 193 naciones, está secuestrada por un consejo de seguridad de 15 países, cinco de los cuales tienen poder de veto. Ese diseño es arcaico, inoperante y antidemocrático, pero funcional para las potencias militarizadas. Para colmo, y por decisión de Trump, a partir de antier los EUA se han retirado de 66 agencias internacionales, la mayoría dependientes de la ONU, que además ve amenazada su propia existencia. Ni siquiera la belicista OTAN se salva, pues también ha sido objeto de las imposiciones del copete naranja. Lo poco bueno de la situación es que se abre una rendija para una eventual liberación del pueblo venezolano del yugo de sus demonios internos. Pero se avizora que el proceso, si se da, será lento y excluyente. A los gringos no les interesa liberar a nadie, ni propiciar la mejora del país agredido. Quieren controlar su petróleo y así joder a las potencias rivales. Pobre Venezuela, tan lejos de Dios y tan cerca de Trump              

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El Odio Naranja Luis Miguel Rionda (*)   En estos tiempos de vacaciones académicas, y por pura casualidad, anteayer se me ocurrió sintonizar CNN en mi tele, buscando noticias sobre Venezuela. Me topé con que se estaba anunciando la emisión de un mensaje del presidente Donald Trump, el primero en vivo y en directo, en esta su segunda gestión en la Casa Blanca. Ingenuo, supuse que daría a conocer alguna decisión de trascendencia, de calado nacional o internacional. Con curiosidad me mantuve atento hasta que inició el manifiesto. Sólo lo hice porque me sobraba el tiempo, pues no me cae bien el sujeto anaranjado, con cara de retortijón. Los políticos de carrera suelen ensayar con cuidado la forma y el fondo de sus discursos ante la gran audiencia televisiva. La idea es provocar sentimientos de identidad, simpatía y entusiasmo, o bien, si se trata de asuntos graves, convocar a la solidaridad, al sacrificio y a la unidad nacional, como lo hicieron grandes tribunos como Winston Churchill, ante la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940 (“no tengo nada qué ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas”); o Franklin D. Roosevelt el 8 de diciembre de 1941, un día después de “la fecha que vivirá en la infamia”, cuando se declaró la guerra al “imperio del Japón”. Grandes piezas de elocuencia patriótica, plenas de energía y voluntad compartida. En México no nos hemos quedado atrás con nuestros líderes oradores: todavía recordamos el discurso de Lázaro Cárdenas del 18 de marzo de 1938, cuando se nacionalizó el petróleo, o a Luis Donaldo Colosio el 6 de marzo de 1994 (“veo un México con hambre y con sed de justicia…”), o los muchos pregones de los tribunos de oposición en ambas cámaras. La retórica es un recurso que afianza el liderazgo, o lo contrario: hunde en el oprobio. La arenga que escuché el miércoles fue de este último tipo: un rollo plagado de odios y escupitajos contra todos y todas (en esto sí es muy incluyente el güero). Autoelogios sin límite, aderezados con afrentas contra el buen Joe Biden. Un montón de descalificaciones contra sus rivales, que ya no se sabe si se limitan a los demócratas o incluyen a sus copartidarios. Añadiendo xenofobia odiosa, al extremo de asegurar que la mitad de los inmigrantes indocumentados son delincuentes fugados, retrasados mentales, drogadictos y viciosos irredentos, que abusan de la bondad e ingenuidad de “América” (ese país sin nombre que se ha apoderado del topónimo). Me sentí personalmente ofendido al escuchar su caterva de prejuicios contra los que no son como él (afortunadamente). ¡Qué forma de odiar! Me pregunto cómo puede soportarse a sí mismo. O mejor: ¿cómo lo soportan sus cercanos? ¿Melania, Ivanka, Barron..? Para mí es un misterio. No mantuve mi atención los largos veinte minutos de improperios. Tampoco cambié de canal: soy morboso. Me da pena por esa gran nación, la cuna de las libertades democráticas y del liberalismo/capitalismo, que a la fecha sigue siendo el mejor sistema de convivencia civilizada que se ha dado la humanidad. La libertad democrática permite que incluso personajes profundamente autoritarios como este magnate odiador, lleguen al poder. Pero el sistema tiene sus propios anticuerpos, que se desatarán en la siguiente elección. Al tiempo. Esta columna toma un par de semanas de vacaciones. Nos leemos el próximo viernes 9.

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SSG hace un llamado a prevenir quemaduras por accidentes

Guanajuato, Guanajuato. 12 de diciembre de 2025.- La Secretaría de Salud exhorta a la población a evitar el uso de pirotecnia, debido a los riesgos que representa. Entre ellos quemaduras graves, lesiones oculares, daños auditivos e incendios. Estos peligros son especialmente altos en niñas y niños, por lo que se recomienda considerar alternativas seguras y extremar precauciones. Asimismo, se informa que otros factores de riesgo en esta época son los adornos navideños en mal estado, aparatos eléctricos defectuosos y el uso inadecuado de velas y veladoras. El secretario de Salud, Gabriel Cortés Alcalá, destacó que la prevención es la medida más efectiva para evitar lesiones por quemaduras. Señaló que la causa más frecuente se relaciona con líquidos calientes, afectando principalmente a niñas y niños de 3 a 5 años, en su mayoría por accidentes ocurridos en el hogar, particularmente en la cocina. En relación con las luces navideñas, recomendó no dejar encendido el árbol durante la noche, así como verificar que las series de iluminación no presenten sobrecalentamiento, a fin de prevenir incendios. Respecto al material pirotécnico, subrayó la importancia de impedir que menores de edad manipulen cohetes y reiteró que bajo ninguna circunstancia deben portarse en las bolsas del pantalón, debido al riesgo de encendido accidental y las consecuentes lesiones. El secretario recordó que el hogar es el principal lugar donde ocurren quemaduras, algunas de las cuales, por su gravedad, requieren atención médica inmediata. Las causas más comunes incluyen contacto con objetos calientes, electricidad, sustancias químicas, pirotecnia y exposición solar. Finalmente, reiteró que el grupo con mayor incidencia de quemaduras es el de niñas y niños de 3 a 5 años, quienes, debido a su etapa de desarrollo y curiosidad natural, están más expuestos a situaciones de riesgo.    

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Aniversario y presea   Luis Miguel Rionda (*)   Hace trece años, un tres de diciembre de 2012, murió mi padre, el maestro Isauro Rionda Arreguín. Él fue cronista de la ciudad de Guanajuato desde 1979 hasta junio de 1987, y desde febrero de 1989 hasta su deceso, por un total de 31 años. Fue fundador de la Asociación de Cronistas del Estado de Guanajuato en 1993, que se convirtió en su proyecto de vida luego de su jubilación en enero de 2004. Logró consolidarla gracias a una incansable labor de convocatoria y organización, con reuniones mensuales en los municipios que sí atendieron su invitación de designar formalmente un cronista local. Desde 2013, los miembros de esta asociación se reúnen cada año en la ciudad de Guanajuato para conmemorar la partida de su fundador. Al principio lo hicieron en el jardín de El Cantador, al pie del busto de bronce que el ayuntamiento colocó poco después de su deceso. Luego lo hicieron en la casa de la cultura, institución cuya fundación promovió cuando le tocó ser regidor (1995-1997). Este año el homenaje se realizará en las instalaciones del Archivo General del Estado, que dirige la historiadora Susana Rodríguez Betancourt. Este archivo también fue consolidado por el maestro Rionda, quien lo recibió en 1978 casi en calidad de bodega de papeles viejos, concentrados en una casa derruida ubicada frente al Teatro Principal (Cantarranas 7): una auténtica bomba de tiempo incendiaria. Primero organizó y clasificó los fondos atiborrados. Luego convirtió el bodegón en centro de investigación. Gracias a sus buenos oficios y a la sensibilidad intelectual del gobernador Rafael Corrales, se dotó al archivo de un magnífico edificio propio, diseñado ex profeso como moderno repositorio documental. Esto sucedió en 1989. La asociación de cronistas es hoy presidida por el joven historiador Eduardo Vidaurri Aréchiga, cronista de Guanajuato capital. Desde 2016 esta agrupación, que hoy integra a cronistas de 42 municipios de la entidad, instituyó la presea “Isauro Rionda Arreguín”, que en esta su novena emisión se otorgará al cronista de Romita, el maestro Josué Bedia Estrada (1943), uno de sus decanos (2008). Un notable personaje que ha desarrollado varias facetas: abogado, político, notario, ecologista (fundó en 1988 el Movimiento Ecologista Mexicano de León), periodista, luchador social (defensor del agua), profesor, conferencista y escritor (destaca su serie de cinco volúmenes denominada Ecos de lejanas voces). Y por supuesto: patriarca de familia y extraordinario conversador. La asociación de cronistas ha tenido una destacada labor de publicación y difusión de los saberes históricos y memorísticos de las localidades y regiones de nuestra entidad. Muchos de sus productos están disponibles en su página electrónica: cronistasdeguanajuato.com. Destaca la colección de monografías históricas municipales del bicentenario, que coordinó mi padre y publicó el gobierno del estado en 2010 (https://t.ly/HFkTB). La invitación al evento es general. Nos vemos en el homenaje y entrega de presea al mérito al cronista este sábado 6 a las 9:30 h en el Archivo General del Estado, entre las calles Insurgencia y Alhóndiga de la ciudad de Guanajuato.

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Marchas por la libertad Luis Miguel Rionda (*)   La política de demolición de instituciones que han aplicado las dos últimas administraciones federales ha provocado reacciones ciudadanas de rechazo, patentes en las marchas multitudinarias y pluricitadinas del 13 de noviembre de 2022, del 26 de febrero de 2023, y las del 18 de febrero y 20 de mayo del 2024. Cientos de miles de mexicanas y mexicanos salimos a las calles de entre sesenta y cien ciudades del país para exigir el respeto a instituciones democráticas como el INE, el Poder Judicial, los órganos autónomos, así como la competencia electoral en condiciones de equidad. La mayor parte de los que salimos a protestar a las calles fuimos mayores de 40 años. Los jóvenes participaron de manera marginal, pero significativa. Los denominados millenials y centenials nacieron en un entorno de paz social, con derechos salvaguardados por instituciones fuertes creadas en los últimos 30 años. La democracia electoral fue una realidad desde 1997, y se avanzaba lento, pero seguro, hacia la democracia social. Esta afirmación se soporta en la evolución del índice de desarrollo humano entre 2000 y 2022 (http://t.ly/FvHNf). Hasta el 2000 las marchas de protesta fueron patrimonio de la izquierda, primero de la izquierda militante y a partir de 1997 de la oficialista, que copió los métodos de acarreo y teatralidad de las manifestaciones multitudinarias de la vieja hegemonía priista. Pero en 2004 se volteó la tortilla: los ciudadanos comunes retomaron la iniciativa callejera cuando el 27 de junio se desplegó la enorme “Marcha Blanca” o “Marcha del Silencio” en la CDMX y otras localidades del país. El clamor social se alzó en contra de la ola de violencia criminal que ya era intolerable desde entonces, con el pasmo de las autoridades federales y locales. El jefe de gobierno López Obrador la calificó como la “marcha de los fifís”. El sábado 15 de noviembre pasado nuevamente la sociedad civil se lanzó a las calles de cincuenta ciudades del país. Pero ahora algo cambió: los impulsores fueron los chicos etiquetados como la “generación Z”, nacidos entre mediados de los años noventa y la primera década del siglo XXI: jóvenes en edad universitaria o de reciente inserción al mercado de trabajo. Ellos convocaron, pero fueron seguidos por una enorme variedad de componentes sociales y etarios: el movimiento del Sombrero, las madres buscadoras, las feministas, los trabajadores del estado y del poder judicial, la clase media informada, los agraviados por el crimen incontenible, los universitarios, los campesinos sacrificados por el mercado, los defraudados por la demagogia populista, etcétera. En Guanajuato tuvimos marchas considerables en León, Irapuato y Celaya. En la capital hubo una manifestación de alrededor de 50 chicos estudiantes de la UG, en particular de la carrera de Ciencia Política y de Derecho, que un par de días antes le habían aplicado una zarandeada de época al histriónico senador Fernández Noroña. En toda la república se vivieron jornadas de indignación y protesta, de rechazo a las políticas insanas del partido-movimiento en el poder. Pero tranquilas. Fue en la ciudad de México donde se le tendió una trampa a la movilización; el Zócalo se convirtió en una nasa de pesca: con una sola entrada y pocas salidas. El “bloque negro” se lanzó nuevamente para desvirtuar una manifestación opositora, y poder tacharla de violenta. Los policías y granaderos usados de carnada, y luego precipitados a reprimir con gases, escudos y violencia tumultuaria. Luego supimos que muchos manifestantes se convirtieron en presos del régimen. Ninguno del bloque negro.   (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Tiempos oscuros Luis Miguel Rionda (*)   La autodenominada cuarta transformación ha acumulado siete años detentando el poder ejecutivo y la mayoría en el legislativo, ambos federales. A esto se suma su control sobre la Comisión Nacional de Derechos Humanos desde hace seis años, del INE desde hace dos años y siete meses, del INEGI desde hace casi cuatro años, y el intento de colonizar al Banco de México hace casi cuatro años. Y ahora cumple un mes y medio gobernando al Poder Judicial y a su Suprema Corte. Han desaparecido ocho órganos autónomos: el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), su sucesora la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Sus funciones han sido asumidas por diversas áreas de la administración central. Es evidente el objetivo: centralizar el poder en manos de una élite recargada, con viejos priistas, perredistas y panistas, defensores de una convicción estatista y autoritaria que fue característica de los gobiernos del nacionalismo revolucionario de hace medio siglo. Parece el culmen de un proceso reciente. Me explico: la ventana democrática que se abrió desde 1997 hasta 2012 comenzó a cerrarse con la reforma política de 2014. La presidencia priista de entonces acordó en el Pacto por México, cuyo compromiso 90 incluyó “crear una autoridad electoral de carácter nacional y una legislación única, que se encargue tanto de las elecciones federales, como de las estatales y municipales.” Ese postulado significó el principio del fin de la transición democrática. El centralismo electoral se emparejó con la reconcentración en otros ámbitos, como el educativo, el judicial, el económico, la seguridad y otros. Estoy convencido de que el federalismo mexicano ha tenido una historia de altibajos. De tiempos recientes sólo recuerdo a la administración de Ernesto Zedillo como un intento genuino de recuperar el orden federal con su “nuevo federalismo”, que contrapuso al “auténtico federalismo” de la oposición. Fox mantuvo esa tendencia, más por desinterés e ignorancia que por compromiso; Calderón frenó el proceso, obligado por las tendencias centrífugas que impuso el crimen organizado y los cacicazgos políticos locales, y Peña Nieto de a tiro metió reversa, con su pacto antifederalista. Pero los gobiernos de AMLO y Sheinbaum han profundizado el centralismo, y han desmantelado el sistema de pesos y contrapesos de la división de poderes. Hemos retornado al caudillismo de Calles, Obregón y Santa Anna. De nuevo somos un país monocromático donde las decisiones públicas importantes se toman no desde el palacio virreinal, sino desde un rancho de la selva chiapaneca. La oposición es apaleada o cooptada. Los críticos perseguidos. La asunción de un cogobierno con los criminales asesinos. Con el ejercicio de la mentira como mensaje mañanero cotidiano. Tiempos oscuros son estos. Post scriptum: El 17 de enero de 2014 publiqué en Milenio León un artículo que intitulé “Cómo duele Michoacán” (https://t.ly/D2vg_). Las condiciones y los actores han cambiado, pero no así la constante: la violencia social. Manifiesto hoy que Michoacán me sigue doliendo en el alma… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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México bronco Luis Miguel Rionda (*) La violencia política sacude a Michoacán y a México. En lo que va de la administración de la presidente Sheinbaum han sucumbido asesinados diez alcaldes, tres de ellos de Michoacán (Cotija, Tacámbaro y Uruapan). El resto ha sido ediles de Oaxaca, Guerrero e Hidalgo (https://t.ly/RftD-). En Guanajuato todavía recordamos las ejecuciones de la candidata del MC a la alcaldía de Moroleón Alma Ríos Barragán el 25 de mayo de 2021, y de Guillermo Mendoza, hijo del presidente municipal de Celaya el 17 de agosto de 2022. El dominio de los cárteles de la delincuencia organizada se ha arraigado en entidades donde históricamente han florecido movimientos violentos de todo tipo: guerrilleros, bandidos, cuatreros, asalta diligencias y demás delincuentes. Recuerdo a Manuel Lozada, el “tigre de Álica” en el siglo XIX, imponiendo su ley personal en Nayarit, Sinaloa y Jalisco; Heraclio Bernal, el “rayo de Sinaloa”; los “Plateados” que asaltaban diligencias y violaban mujeres; Doroteo Arango, alias “Pancho Villa”, en Durango y Chihuahua; Jesús Malverde, patrono laico de los narcos; etcétera. Más cerca en el tiempo perpetraron violencia los guerrilleros de la Liga Comunista 23 de septiembre; el líder Rubén Jaramillo en Morelos, los profesores Genaro Vázquez y Lucio Cabañas en Guerrero (éste secuestró al senador Rubén Figueroa en 1974), y así, muchos “rebeldes primitivos”, en el término empleado por el estudioso Eric Hobsbawm, que enarbolaban causas políticas y sociales, pero que no le hacían feo a los beneficios económicos de su actividad delictiva. El llamado “desarrollo estabilizador” de esos años no trajo consigo paz social. Luego, el neoliberalismo de los años noventa y el inicio del siglo XXI tampoco logró pacificar los focos rojos de violencia, que se acrecentó con el cambio del modelo internacional del trasiego de drogas, cuando su foco se trasladó de Colombia hacia México, donde los incipientes grupos delincuenciales se vieron fortalecidos por la ausencia de una política de Estado que los combatiera. Más bien se vio lo contrario: la connivencia del poder político con los nuevos capos que proliferaron en la mayoría de las entidades y muchos municipios. La violencia que hoy padecemos en el país no es gratuita ni es espontánea. Tiene raíces profundas en el “México bronco” que tanto temía don Jesús Reyes Heroles. La debilidad de los valores ciudadanos de gran parte de nuestra población, reflejo de un sistema educativo inconsistente y de baja calidad, ha favorecido que los sectores sociales más marginados, en su desesperación, volteen nuevamente hacia la salida fácil de la trasgresión criminal. Es la “anomia” social de la que hablaba Durkheim, el padre de la sociología. Alrededor de 450 mil asesinatos dolosos se han acumulado en los casi veinte años del inicio de la guerra contra los capos. Un promedio de más de 30 homicidios anuales, según El País (https://t.ly/G5ZHe), a los que hay que sumar los desaparecidos, que se incrementan a mayor ritmo. Se requiere de una política de Estado, de largo plazo, que atienda las causas, pero que también combata los síntomas. No más excusas ni señalamientos a un pasado que es irremediable. Sólo el futuro está a nuestro alcance. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Centralismo Electoral Luis Miguel Rionda (*)   El día de hoy tiene lugar en el auditorio Mateo Herrera del Forum Cultural Guanajuato, en la ciudad de León, una audiencia libre para recibir propuestas para la reforma electoral que está cocinándose en la comisión presidencial ad hoc que conduce Pablo Gómez. Con ese pretexto comparto una reflexión sobre el mal del centralismo electoral que padecemos. Ninguna reforma electoral puede ignorar el orden político de corte federal que se dictó para nuestro país desde la constitución fundacional de 1824, ratificado por la constitución liberal de 1857 y la revolucionaria de 1917. El federalismo concebido como esquema de convivencia entre los diversos, los disímiles, que comparten una identidad nacional que los unifica pero con particularidades que los diferencian, incluso los separan. Para lograr esa unidad en la diversidad, los ideólogos liberales del viejo y del nuevo mundo concibieron el federalismo, en particular los padres fundadores de la democracia en los Estados Unidos de América: James Madison, Alexander Hamilton y John Jay, en sus famosos papeles federalistas. En México tuvimos también nuestros padres fundadores del federalismo. Fueron Miguel Ramos Arizpe, Lorenzo de Zavala y el guanajuatense José María Luis Mora. Muchos otros pensadores, políticos y activistas participaron en el impulso federalista mexicano, que reconoció que ni la Nueva España ni el naciente México se conformaron como un todo unitario, pues siempre se basaron en la diversidad y la multiculturalidad. La constitución de 1824 reconoció esa realidad, y con el respeto a las particularidades regionales garantizó la unidad nacional durante su vigencia. El federalismo ha tenido sus ventajas y sus desventajas para México. Pero sin duda ha posibilitado un régimen de respeto entre las entidades y el centro político nacional. Esto ha incluido al modelo electoral, que se mantuvo fuertemente descentralizado hasta 1946, cuando se “federalizó” el control electoral del padrón, el registro de partidos, de candidaturas, y los mecanismos de emisión y cómputo de votos. Desde esa fecha, cada nueva reforma político-electoral ha reforzado la centralidad en el desarrollo de las elecciones locales y federales. Tanto que la reforma de 2014 creó el Sistema Nacional Electoral, regido por el recién creado INE, que redujo el papel de los órganos electorales locales a simples ejecutores de los acuerdos emanados de la autoridad central. Pero esto fue un mal menor, si recordamos que el Pacto por México de 2012 contemplaba la desaparición de esos órganos locales para que sus funciones fueran asumidas por el nuevo INE. De nuevo se cierne la misma amenaza sobre el federalismo electoral. Se habla de la inminente desaparición de los mal llamados OPLE, para crear un leviatán megacefálico que absorba todos los procesos electorales y de consulta ciudadana, ignorando las contrastantes realidades regionales para imponer criterios generados desde una burocracia central. De concretarse, se trataría de un error histórico, una regresión hacia el centralismo que nos hizo perder Centroamérica, Texas y medio territorio. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Somos México Luis Miguel Riionda (*) La opción político partidista nacional que considero más auténtica y viable es la agrupación SomosMX, que aspira a ser reconocida como partido político en febrero del año próximo. Este germen partidista tiene sus raíces en las marchas nacionales de la Marea Rosa, como las del 13 de noviembre de 2022, 26 de febrero de 2023, 18 de febrero de 2024 y 20 de mayo del mismo año. Fue entonces que centenares de miles, millones incluso, salimos a las calles a demandar el respeto al orden democrático y liberal que estaba siendo vulnerado por el neopopulismo anacrónico de la denominada 4T. En el estado de Guanajuato hubo muy buena respuesta a las movilizaciones de la Marea Rosa y al movimiento político #FuerzaRosa. De igual manera fue buena la respuesta electoral detrás de la coalición del Frente Amplio por México, que logró el triunfo en la elección de la gubertura La inexistencia de dicha alianza fue la causa de la pérdida en la elección senatorial y en algunos distritos federales y locales, así como en ayuntamientos. Muchos participantes de la Fuerza Rosa terminamos decepcionados por las mezquindades de los partidos políticos, que nulificaron la enorme fuerza ciudadana detrás de las movilizaciones callejeras. En buena medida los políticos anacrónicos se sintieron amenazados por esta pleamar de ciudadanos honestos, alarmados éstos por la virulencia del partido violeta del rencor social. Sólo hay que recordar que prácticamente no hubo propaganda en la entidad en favor de Xóchitl, pero fue prolija la que promovió a la candidata panista a la gubernatura. Aprendimos por la mala que sólo la organización desde la base, sin compromisos ideológicos pero sí programáticos, proporcionaría una nueva legitimidad a un movimiento que se decidió por la participación electoral. Es cierto: fuimos y somos clasemedieros, ilustrados los muchos, preocupados los más, esos que integramos el movimiento social. Solidarios somos con los pobres, pero conscientes de que las dádivas no rescatan de la pobreza, y sí el esfuerzo cotidiano y superador. La persona como eje del desarrollo, y no el estado paternalista. SomosMX ha podido organizar exitosamente en el país 122 asambleas distritales, de las 200 que se requieren para el registro. Desgraciadamente en Guanajuato, la entidad con el quinto padrón más grande del país, con 15 distritos federales, aún no ha logrado organizar con éxito alguna asamblea distrital. Se intentaron las asambleas distritales del 06 (León) y 12 (Celaya), que quedaron fuera por muy poco; pero ahora se han vuelto a convocar para el siguiente domingo 12 de octubre en el Hotel Real de Minas de León, y en Celaya en el salón Quetzalli de la colonia Álamos. De igual manera, en el distrito 05 de León se convoca a la asamblea el domingo 19 de octubre en el salón Extravaganza de Mariano Escobedo. En el distrito 04 de Guanajuato capital se está convocando a asamblea el 9 de noviembre, en un lugar por confirmar. Espero que nos veamos en alguno de esos espacios ciudadanos.(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Comunicación Política y Mitos Luis Miguel Rionda (*) El miércoles pasado tuve el gusto de participar virtualmente en el XI Congreso Internacional en Comunicación Política y Estrategias de Campaña, organizado por la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE), en conjunto con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada, España. Fui invitado a presentar una ponencia en la mesa “Comunicación política, ciudadanía y democracia en América Latina”, que coordinaron mis queridas colegas doctoras y politólogas Martha Nateras González (UAEMex) y Diana Sánchez Romero (UAM-I), ambas miembros, como yo, del consejo directivo de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales. La ponencia que expuse se intituló “El retorno del código populista en México y sus significados para un nuevo orden social estatista”, y fue un esfuerzo inicial de abordaje teórico de la evolución de los códigos de comunicación que se ha experimentado en nuestro país en su existencia independiente. Particularmente el retorno a viejos esquemas simbólicos de corte populista en años recientes. Afirmé que la comunicación política en México se ha visto transformada profundamente desde el arribo al poder federal del nuevo partido político Morena, y su autodenominada ‘Cuarta transformación’ (4T), proyecto político que se asume progresista y heredero de las tradiciones impuestas por los regímenes posrevolucionarios del siglo XX, que abrazaron como ideología el ambiguo “nacionalismo revolucionario”, que acentuó los referentes comunicativos al idealizado pasado prehispánico y liberal de los siglos previos. Dentro de la retórica del nacionalismo revolucionario se hacía referencia frecuente a los símbolos recreados y reinventados por las élites criollas y mestizas, que cosificaron la memoria colectiva alrededor de símbolos y mitos originarios, como la legendaria fundación de Meshíco-Tenochtitlan, las menciones habituales a la grandeza de un pasado nativo elevado a la categoría de los clásicos, y por supuesto la demonización de los tres siglos coloniales, que fueron redefinidos como un paréntesis dañoso en la historia patria. Los liberales y los revolucionarios redefinieron el pasado, y construyeron una visión idealizada de una línea progresiva que, aunque fue interrumpida por el oprobio de la conquista, se retomó gracias a la primera transformación que significó la revolución de independencia. Siguieron la segunda (Reforma) y la tercera (Revolución) transformaciones, desde la interpretación simplista de los teóricos de la 4T. Cada una de ellas con su mudanza de códigos comunicacionales. Pero la última T significó una involución hacia el populismo autoritario del siglo pasado, que hundió al país. Con ese retorno se retoman elementos simbólicos de un pasado indígena mitificado y acartonado. Nuevamente se manosean las culturas originarias del presente para convertirlas en reservorios morales de un orden social estatizado y mestizo. Eso implica una nueva apropiación de significados pretéritos, ahora recargados con un nuevo mesianismo político. Una nueva hegemonía partidista. Apenas algunos apuntes, que pienso seguir desarrollando…     (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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