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Columna Diario de Campo: Ecos del dos de junio (6)

Luis Miguel Rionda (*) Decía yo en mi pasada contribución que, analizando los datos de la última elección local de Guanajuato, la mayor novedad es que la diversidad partidista se ha impuesto en todos los ámbitos, y que el avance oficialista es sorprendente. En el entorno federal se impuso la coalición liderada por Morena, que ganó las dos senadurías de mayoría y en ocho de los trece distritos federales. La alianza Fuerza y corazón por México sólo se afirmó en cinco y el PAN en solitario en dos distritos. Hace tres años Morena sólo había logrado dos distritos: el 10 de Uriangato y el 13 de Valle de Santiago, reductos agraristas y del viejo progresismo clientelar. El PAN confirmaba su posición hegemónica con doce distritos, y en otro más en coalición, el 08 de Salamanca, muy disputado por Morena y el clan de los Prieto. La candidata presidencial de Morena también logró triunfar en Guanajuato ante la poco conocida aspirante del PAN-PRI-PRD, con un diferencial de casi 200 mil votos, una ventaja del 7.2%. En cambio, la candidata a la gubernatura de Fuerza y Corazón por Guanajuato recibió casi 277 mil votos más que su rival de la coalición de Morena, con un 10.2% de diferencia en su favor. Las candidatas ganadoras, Claudia Sheinbaum y Libia García, recibieron un millón 302 mil 706 y un millón 393 mil 801 votos respectivamente. La candidata local superó a la presidencial con 91 mil 95 sufragios. Lo local sigue pesando mucho en el ánimo político de los guanajuatenses. En este proceso electoral se incrementó sustancialmente el índice de competitividad en todas las posiciones en disputa. Éste índice se obtiene de dividir el número de votos del candidato en segundo lugar sobre los que obtuvo el primer lugar, obteniéndose un índice de cero a uno. El cero es nula competitividad y el uno es el empate perfecto. Entre Sheinbaum y Gálvez hubo una competitividad del 0.85 en Guanajuato; a nivel nacional fue mucho más bajo: 0.46. Entre Libia y Alma Alcaraz, candidatas a la gubernatura, fue de 0.80.

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México peligra por destrucción de instituciones

Juan Miguel Alcántara Soria Conmemorar el Día del Abogado, el día 12, fue ensombrecido por la venganza de AMLO de querer destruir al Poder Judicial. Afectará a los usuarios del servicio de justicia, especialmente a quienes demandan la protección de sus derechos humanos por actos de autoridad. Y por la pretensión de Morena de sobrerrepresentarse con diputados de más, para tener mayoría con la cual reformar, solos, la Constitución, violando la misma Constitución. Sin duda, a López Obrador le fastidió que la Suprema Corte de Justicia declarara contrarias a la Constitución varias de sus propuestas. Y con la presidenta electa, buscan desaparecer ese contrapeso constitucional: tener un Poder Judicial también sumiso. Y regresarnos un siglo atrás, a época de Plutarco Elías Calles, controlando a su sucesora. A un gobierno de partido predominante, hegemónico, centralista. La “dictadura perfecta”. Desmontarían al Estado de Derecho, que fundamentalmente supone respeto a los derechos humanos y la división de poderes. Una parte del país vive abrumada luego de las elecciones. Una fortaleza institucional fueron las mesas directivas de casilla -receptoras de votos-. La idea de insacular ciudadanos para, por sorteo, así integrarlas, la impulsé yo (la tomé de España) siendo diputado federal, en propuesta de reforma política que en 1989 presentamos panistas al presidente Salinas de Gortari, y concretamos. Ahí emergió la ciudadanización de nuestro sistema electoral, el IFE, y su unidad básica, la mesa directiva de casilla. Es el tramo institucional más trascendente y eficaz (“La voz de los otros”, José Woldenberg, Cal y Arena, 2015). Vino después la ciudadanización del Consejo General y la exclusión del secretario de gobernación. No afectaron ahora las lealtades de la presidenta del INE. Las amenazas mayores vendrían después: querer alterar la representación popular sobrerrepresentándose. Para luego, desaparecer al INE y reaparecer Gobernación. El Tribunal Electoral inició la calificación de la elección presidencial y condenó, el miércoles 10, la injerencia de López Obrador en el proceso, desde mayo del 2023, por coaccionar el voto ciudadano, usar indebidamente recursos públicos y programas sociales, promoción personalizada, propaganda gubernamental en período prohibido. En particular, condenó su alusión al “plan c” para lograr mayoría calificada en las cámaras legislativas. Fue reprochable injerencia en las preferencias ciudadanas. También condenó declaraciones violatorias de la Constitución de la entonces jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; del vocero presidencial y otros. AMLO explotó por ello el viernes contra el Tribunal. Falta éste enjuicie la intervención del crimen organizado. Fue una “elección de estado”; dispareja, como eran en el príato en que se formó Obrador. No nos estacionemos en el agobio. Apunté en este espacio, es necesario reconstruir el sistema de partidos políticos, fundar nuevas opciones, real y positivamente ciudadanas. Los actuales son inviables. Pero hay que considerar antes lo más fundamental: contar con ciudadanía, con demócratas. ¿Los tenemos? Éste es un reto enorme. De inicio nos falta estima de la verdad en el conocimiento y la conducta, rechazamos una ética congruente de la vida personal y social; tenemos deficiencias en el pensar ordenado y crítico. No hay escuelas de ciudadanía en el país. Hay que construirlas. Si desatendemos nuestro déficit ciudadano no hay futuro prometedor. Deconstruir implica reconocer qué hemos hecho o dejado de hacer, por qué, qué cambiar. Empezar por cada uno. Reconocernos personas, cuerpos espiritualizados o espíritus encarnados. Somos preguntas vivientes en busca de respuestas. Arrastramos de siglos resentimientos, falsedades, esquizofrenias, soledades, maniqueísmos, patriarcados, individualismo, simulaciones, y otro etcétera largo. Reconstruir nos exige asumirnos cono personas responsables, y reconocer en los otros la misma dignidad, así como la interdependencia para el bien o para mal común. Cuidemos lo que funciona. Reconstruyamos lo que no, incluyendo en el Poder Judicial, que por supuesto requiere mejoras. No destruyamos lo avanzado. Cuidemos las instituciones que mucho nos han costado. México peligra.

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Ecos del 2 de junio (5) Las 46 elecciones municipales en Guanajuato del 2 de junio pasado confirmaron que es ahí donde se registra la mayor de las movilidades político-partidistas desde la alternancia en el poder estatal en 1991. En ese año el Partido Acción Nacional desplazó al Partido Revolucionario Institucional, que había gobernado la entidad y sus municipios desde 1929, incluyendo los membretes fundacionales del PNR y el PRM. Antes incluso, si se toma en cuenta que el PNR tenía antecedentes locales en la Confederación de Partidos Revolucionarios Guanajuatenses fundada en 1923, con los bien recordados “verdes” obregonistas. Al hacerse del poder estatal en 1991, los gobiernos del PAN cambiaron las condiciones de la competencia, sobre todo al fundar el primer órgano electoral ciudadanizado del país, el Instituto Electoral del Estado de Guanajuato en 1995. Desde entonces se ha enriquecido mucho el juego de las competitividades municipales, aunque en el gobierno de la entidad se ha consolidado una hegemonía panista que abarca los tres poderes, y que pudo soportar con relativo éxito el embate electoral oficialista de la 4T en esta última elección. En los últimos quince periodos municipales que han transcurrido desde 1983, cuando aún prevalecía la hegemonía priista, se han registrado 306 alternancias partidistas en las 46 municipalidades. Esto fue muy claro a partir de 1991, cuando el primer gobierno estatal panista se hizo cargo de la organización de las elecciones, y más aún con el órgano ciudadano en 1995. Hay municipios que han experimentado once alternancias, como San Francisco del Rincón, San José Iturbide o Villagrán, o diez como Comonfort, Dolores Hidalgo, Santa Cruz de Juventino Rosas o Uriangato. La hegemonía panista municipal tuvo su cúspide en 2006-2009, cuando gobernó a 36 ayuntamientos. Luego se estabilizó alrededor de los 25 o 26, hasta caer a 22 en 2021-2024 y 23 en el trienio por comenzar el próximo 10 de octubre. De estos últimos ganó en coalición en 13. Morena brincará de gobernar a tres municipios todavía hoy (Salamanca, Silao y Doctor Mora), a hacer gobierno —sin coalición— en trecerepitiendo en Salamanca y Tierra Blanca, pero con triunfos en municipios importantes como Celaya y San José Iturbide. Los partidos de la coalición PAN-PRI-PRD perdieron la oportunidad de ganar en algunos municipios por haberse presentado por separado, como en Abasolo (Morena), Cuerámaro (PT), Huanímaro (PVEM), Pénjamo (Morena), San José Iturbide (Morena), Santa Cruz de Juventino Rosas (independiente) o Villagrán (Morena). La competitividad en todos estos espacios fue muy alta, pero también en Irapuato, Acámbaro, Comonfort y otros. Algo interesante es que se incrementó mucho la participación electoral en estos últimos comicios municipales, seguramente por haber concurrido con los de presidencia y gubernatura. En 2021 se registró un índice de 44.1% de votantes efectivos, y ahora fue de 54.7%. De poco más de dos millones de electores se brincó a 2 millones 664 mil y pico. Una muy buena noticia sin duda. Luis Miguel Rionda (*) Antropólogo Social.Profesor de la Universidad de Guanajuato, campus León. luis@rionda.net-@riondal-FB.com/riondal-ugto.academia.academia,educademia.edu/Luis Miguel Rionda

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Ecos del 2 de junio (4) Luis Miguel Rionda En las elecciones de diputados locales en el estado de Guanajuato se incrementó la competitividad que observamos en los procesos federales. La coalición Fuerza y Corazón por Guanajuato obtuvo el triunfo en solo tres de los 22 distritos locales (Dolores Hidalgo, Valle de Santiago y Yuriria). Sin embargo, el PAN, que prefirió jugar en solitario en la mayoría de los distritos, logró hacerse de las seis demarcaciones de León, su plaza fuerte histórica, y en otros cinco, entre ellos la capital, donde postuló al exgobernador Juan Carlos Romero Hicks, en San Luis de la Paz, en San Francisco del Rincón (su otro bastión histórico), en Pénjamo y en uno de los dos distritos de Irapuato. En total once partidos. El PRI y el PRD, que compitieron en 16 y 15 demarcaciones respectivas, no lograron ninguna victoria. En el campo contrario, los partidos Morena, PT y PVEM, acudieron éstos en coalición en once distritos, y lograron triunfar en ocho. En otros once se presentaron por separado, y en ninguno obtuvieron la mayoría. Esto significó un avance enorme para esta coalición, ya que en las elecciones locales de 2021 Morena sólo obtuvo el triunfo en un distrito, Salamanca, mientras que el PAN acaparó los restantes 21. El partido guinda pudo acceder al Congreso del Estado mediante las seis curules de representación proporcional que le fueron asignadas, de las 14 totales. En 2021 el PAN había sumado un total de 843 mil 678 votos, 42.9% del total. El PRI 74 mil 378 (3.8%) y el PRD apenas 8 mil 259 (0.4%). El PRI y el PRD hicieron coalición en algunos distritos y lograron el 10.4% de los votos, sumando 204 mil 124. En la elección de 2024, los tres partidos coaligados convocaron 277 mil 222 votos, el 10.6% del total válido. Pero el PAN en solitario sumó 839 mil 498 votos, 32.2%, casi un tercio del total. El PRI en solitario recibió 150 mil 222 sufragios (5.8%), y el PRD apenas 21 mil 120 (0.8%). En total sumaron un millón 288 mil 62, un 49.4%, casi la mitad de los votos válidos. Tres años antes Morena había sumado 456 mil 756 votos, un 23.2% del total. Sus actuales coaligados atrajeron 102 mil 17 el PVEM (5.2%) y 35 mil 961 el PT (1.8%). Un gran total de 594 mil 734 (30.2%). En 2024 la coalición Sigamos Haciendo Historia sumó 607 mil 27 votos (23.3%), más los que Morena acumuló en solitario, 410 mil 761 (15.7%), el PT 29 mil 432 (1.1%) y el PVEM con 73 mil 391 (2.8%). Un total para los partidos oficialistas de un millón 120 mil 611, un 42.9% total. Sin duda un enorme avance absoluto y relativo en solo tres años. El perfil de la nueva 66 legislatura local será muy diferente al de sus tres predecesoras, que exhibieron una hegemonía panista aplastante, que nulificó durante años la posibilidad de una auténtica independencia legislativa. Ahora, dependiendo de la distribución de las diputaciones de representación proporcional, podríamos ver el renacimiento de una cámara crítica y fiscalizadora del desempeño del ejecutivo y el judicial. No un gobierno dividido, como el que experimentamos entre 1991 y 1997, pero sí fuertemente debatiente. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Ecos del dos de junio (3) Luis Miguel Rionda (*) Una de las características llamativas en estos comicios concurrentes del dos de junio pasado fue el llamado “voto diferenciado”, es decir, el voto por opciones políticas diferentes, en las que los electores discriminan entre las opciones políticas en función del orden de gobierno (municipio, estado y federación) o del carácter del cargo (legislativo o gubernamental). Electores que repartieron sus preferencias sin importar el partido, sino más bien por el o la candidata en cuestión. Es lo contrario al “voto en cascada”. En general, la candidata presidencial de Morena jaló hacia arriba la votación de ese partido en los procesos locales. También sucedió lo contrario, pero en la coalición de Fuerza y Corazón por México: contra lo que esperábamos, la candidata presidencial fue castigada en relación con los candidatos locales en estados como Veracruz, Puebla, Yucatán, CDMX y Guanajuato. En el caso de esta última entidad, Xóchitl Gálvez obtuvo un millón 103 mil 326 votos, el 40.9% del total válido. Perdió por 7.4% ante Claudia Sheinbaum, que logró un millón 302 mil 706 votos, el 48.3%. Un avance espectacular cuando comparamos con los resultados de la coalición Juntos Haremos Historia de AMLO, seis años antes, que recibió 707 mil 222 votos, 31.4% del total válido. En contraste, la candidata a la gubernatura en este estado de la coalición Fuerza y Corazón por Guanajuato, Libia Dennise García, logró un millón 393 mil 801votos, con los que alcanzó la victoria con el 52.3% de los votos válidos. La candidata morenista se quedó atrás con un millón 117 mil 103 votos, el 41.9% del total. Destaca que Libia atrajo 20.8% más votantes que Xóchitl. Es decir, la candidata del corazón rosa no provocó suficiente entusiasmo de los guanajuatenses, que habían apoyado a Ricardo Anaya seis años antes, con un mayoritario 41.7%. ¿Por qué sucedió esto en Guanajuato? Es parte de lo que debe ser analizado con cuidado por parte de los partidos 2 políticos perdedores, pero sobre todo por la sociedad civil que acompañó a la candidata con la #MareaRosa. Lanzo una hipótesis a debatir: me parece que la resistencia que generaron los partidos políticos en Guanajuato, en particular el PAN, para acordar una coalición total en este proceso electoral impidió que el electorado percibiera que Fuerza y Corazón por México rebasaba la tradicional rivalidad entre partidos antes acérrimos contrincantes, que además cargan con negativos históricos, como en el caso del PRI. Por eso la candidata presidencial nunca terminó de ser ubicada como una opción diferente, ciudadana, al populismo autoritario de la 4T. Eso es claro si analizamos las derrotas que pudieron evitarse si se hubiera constituido la coalición total, como en las senadurías de mayoría. En este caso la coalición morenista logró un millón 180 mil 600 votos, que harán senadores a Ricardo Sheffield (Morena) y Virginia Magaña (PVEM). Los candidatos del PAN Miguel Márquez (exgobernador) y Adriana Rodríguez perdieron por 106 mil 552 votos, un 9% menos. Si se hubieran presentado en coalición habrían podido sumar, eventualmente, los 189 mil 13 votos del PRI y el PRD, alzándose con la victoria con el 47.9% del total de votos válidos. A nivel distrital y municipal el tema se pone más interesante… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond

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Desde las oposiciones a hacer política de bien común

Juan Miguel Alcántara Soria El calendario avanza. Los tribunales electorales -federal y locales- calificarán procesos, en sus aspectos cuantitativos, y también cualitativos. No solo validarán sumatorias de votos, o las corregirán. También deben juzgar su calidad: su imparcialidad, equidad, si hubo piso parejo, su legalidad: conformidad a las reglas del juego electoral. Los ciudadanos, por nuestra parte, dentro y fuera de los partidos (estos somos la inmensa mayoría), debemos preguntarnos por las tareas que nos corresponden hacia adelante. Quienes sean declarados titulares de los poderes públicos definidos por elección popular, conformarán desde ya equipos, y elaborarán planes, programas de gobierno, o legislativos, según sea el caso. En disposición de transparentar actuación, y rendir cuentas. Las oposiciones, en cada ámbito, no son solo las de los partidos políticos y de sus correspondientes regidores, diputados o senadores. Los pesos y contrapesos van más allá de los órganos del Estado mexicano definidos en la Constitución. Los equilibrios, sanos e insanos, son también otros poderes, dentro y fuera del país: el económico o financiero, el militar, los religiosos, los sindicales, agencias gubernamentales del exterior, los grupos de delincuencia organizada. Luego de la continuada, grosera, injerencia de López Obrador -validada por la presidenta electa-, asegurando que su reforma al poder judicial va, el poder de los mercados cambiarios y financieros se hicieron sentir, y fuerte. Desde el exterior emitieron señales de desaprobación y advirtieron consecuencias contra el país. Esto hizo repensar a la presidenta electa algunas definiciones y tiempos. No así el déspota macuspano, que da coletazos agónicos intentando la segunda edición de Plutarco Elías Calles. A los ciudadanos nos corresponde también ser contrapesos, oposición cívica, ciudadana, en la medida necesaria. Haya ganado por quien votamos, o no. No podemos desentendernos del bien público temporal, del bien común. Descuidar los espacios fuera de nuestra casa, en el ámbito municipal, estatal, ni nacional. Esto implica dar seguimiento a todas las definiciones que vayan haciendo los electos, ver su coherencia y consistencia con sus correspondientes propuestas en campaña electoral. Evaluar sus actuaciones. Y controlar efectos que puedan afectar al bien de todas y todos, en cada ámbito. El bien común es ese conjunto de circunstancias o condiciones, de toda índole, que permiten que las personas, familias y demás grupos sociales puedan satisfacer sus necesidades económicas, sociales, políticas, culturales. Abarca a todas y todos. Nadie debe ser excluido de la posibilidad de desarrollarse en esos espacios. Es con el criterio de la justicia social como debe redistribuirse lo logrado en común, lo cual implica lograr un arranque parejo en la vida. Esta es premisa a la cual debemos dar seguimiento mayor, luego de los resultados electorales. También como sociedad civil, organizada y no, debemos hacer sentir nuestro poder. Dejarlo solo a los mercados cambiarios y financieros -ahora los mejor escuchados-, no es opción moral. Esos mercados nunca priorizan el bien común, solo la ganancia individual de los inversores. De ahí la importancia de hacernos sentir como sociedad civil, y defender el fin común. Las tareas son inmensas: Empiezan por transformar la masa en pueblo, en formar ciudadanía. Una ciudadanía informada, vigilante. Buscando una permanente interlocución con sus representantes electos. Exigiendo transparencia, evaluándolos y controlando daños al bien de todos. La política es el arte de lo posible a partir de la realidad. Hagamos el mayor bien común posible, en nuestras circunstancias concretas, aquí y ahora. Acciones de formación ciudadana, de Escuela de Ciudadanía, posibles, son la formación de lideres sociales, seminarios de problemas sociales y políticos, formar pensamiento ordenado y crítico, diplomados en dirección social y política, foros de análisis y discusión de problemas. Recuperar materias de civismo. Las iglesias difundir su doctrina social. Promover la participación ciudadana en comités de barrios y colonias. Sin duda tenemos más tarea que antes del dos de junio. No debemos pensar que hasta dentro de tres años nos haremos cargo de la realidad y calidad de nuestra ciudad o del país.

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Ecos del dos de junio (2) Luis Miguel Rionda (*) Los resultados del dos de junio nos asombraron a todos, incluyendo a los victoriosos. Las encuestas anunciaban una eventual victoria holgada de la candidata Sheinbaum, pero no con los números que le llevaron a obtener 35.9 millones de votos, un 19.3% más que su protector, cuyos 30.1 millones parecían un techo insuperable para la candidata. Muchos afimábamos que esto sería imposible para alguien sin el capital político acumulado en 18 años por su antecesor. Craso error: si en el 2018 vimos el voto del hartazgo hacia los partidos tradicionales, en 2024 vimos el voto agradecido de los beneficiarios de los masivos programas sociales y el incremento del salario mínimo, que ayudaron a recuperar el poder adquisitivo de las clases populares. Se votó racionalmente: con el estómago. No hay demócratas con hambre. Eso nos pasó de largo a los aspirantes a construir una ciudadanía activa, crítica y participativa. La cultura política se supedita a la satisfacción de las necesidades elementales. También contra lo que esperábamos, no se presentó el voto de castigo. Los votantes morenistas ignoraron los 190 mil asesinados del sexenio; tampoco les hizo mella los 800 mil decesos de la pandemia, 300 mil de los cuales fueron causados por la ineptitud del gobierno federal. El crimen organizado goza de popularidad y cabal salud, porque ha sabido jugar el papel del “buen bandido”, de Chucho el Roto. El etnohistoriador Eric Hobsbawm describió en su clásico libro Rebeldes primitivos estos sentimientos populares ante lo que consideran injusticias por parte de los poderosos y el gobierno. Describe así el fenómeno de la Mafia italiana: “las mafias, a partir de su fortaleza y poder, llegan a disputarse el poder de formulación del derecho frente al Estado; es decir, se disputan la capacidad de prescribir un derecho de aplicación general”. No importó el estado fallido, ni los 50 mil desaparecidos, ni el militarismo abusivo, ni el debilitamiento de los contrapesos institucionales, ni la pérdida de derechos en cuanto a la salud pública, la educación, la protección a las infancias, a las madres buscadoras, a los periodistas. Pesó, como nunca, la gratitud por el centavo en el bolsillo, aunque se hayan perdido enormes beneficios del estado benefactor liberal. Ahora bien, otra de las novedades fue la irrupción del voto diferenciado, particularmente en las entidades del centro y norte del país. En el sur se confirmó el voto clientelar de estilo priísta de los setenta, con márgenes de victoria enormes beneficiando a los nuevos partidos hegemónicos (Morena, y el Verde en Chiapas), volvieron a parecer las ilegítimas casillas “zapato” (18, con 100% de votos en favor de un solo partido), quema de urnas, robo de boletas, violencia política, etcétera. Pero la base del problema es que fueron unas elecciones muy inequitativas, a la manera como el expresidente Zedillo reconoció que había sido la suya. Los enormes recursos que se destinaron a las larguísimas precampañas de tres años del oficialismo, pero también el año que se invirtió en la precampaña de Xóchitl, nos dejan la enseñanza de que el gran tema a debatir en la próxima reforma electoral es el financiamiento y su fiscalización, que siguen siendo los talones de Aquiles de la operación electoral mexicana. Seguiremos desbrozando el tema… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Frentazo y reinicio Luis Miguel Rionda (*) Los resultados electorales del domingo 2 de junio fueron impactantes para quienes integramos un movimiento social y político novedoso y autogestivo: la #MareaRosa, que acompañó la construcción del Frente Amplio por México y la coalición electoral Fuerza y Corazón por México. Su disruptiva candidata presidencial, Xóchitl Gálvez, recibió el voto de 16 millones y medio de personas, un 27.5% del total de votos emitidos. Muy lejos de la meta esperada, que buscaba rebasar los 30 millones. La contraparte oficialista recolectó 35.9 millones de sufragios, casi un 60% del total acumulado. Se está hablando de un “golpe de realidad” cruento e inesperado para quienes estamos convencidos de que el orden democrático y de libertades ciudadanas está en franco peligro. Resulta que dos tercios de los mexicanos están muy felices de recibir los estipendios económicos que les proporciona el gobierno federal por medio de sus programas sociales universales. Y se lo reconocieron mediante sus votos. Contra lo que creímos ver este domingo, la participación electoral descendió desde el 63% en 2018 hasta el 61% en esta ocasión. Es cierto que millones de mexicanos se volcaron a las urnas, pero hay que recordar que la lista nominal de electores creció de 89.3 millones en 2018 a 98.4 millones, un incremento de 10.2% en seis años. Simplemente hubo más votantes en números absolutos, pero menos en números relativos. Como lo están haciendo muchos conocedores de los mecanismos electorales mexicanos, yo también rechazo la posibilidad de un fraude electoral. No hay manera de cambiar los resultados ni siquiera a nivel casilla, mucho menos en los grandes números. Habrá, como siempre, miles de inconsistencias producto de errores humanos; pero dudo mucho que se documenten alteraciones sustantivas en alguna de las fases de los múltiples cómputos que atraviesan el mecanismo: la cuenta de votos en casilla, la suma en el PREP, el cálculo en el conteo rápido, y el canto de las actas en las sesiones distritales y locales. Son demasiados eslabones, altamente vigilados, que no pueden ser violados sin llamar la atención Claro que partidos y candidatos tienen derecho a impugnar las diversas dimensiones de los comicios, y lo harán ante otra autoridad autónoma: los órganos jurisdiccionales electorales, locales y federales. Otra vuelta de tuerca para afirmar la confiabilidad del proceso. Los perdedores en la contienda deben, debemos, comenzar a evaluar los errores estratégicos, como fue la incapacidad de valorar el alcance del clientelismo electoral, el gran arraigo que todavía mantiene el caudillismo en la cultura política nacional, la incapacidad de los partidos y los líderes de oposición de plantear alternativas atractivas al populismo, y un largo etcétera. Es importante seguir trabajando en la organización de un gran movimiento opositor de corte social demócrata y liberal, desde donde se ejerza un seguimiento crítico de las acciones del partido hegemónico, con el planteamiento de alternativas responsables e inclusivas. Hay que seguir construyendo ciudadanía, y rechazar las tendencias demagógicas y clientelares de la melcocha ideológica de la 4T. Mucho trabajo qué hacer y, como siempre, poco tiempo. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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La sombra del caudillo

Opinión de Salvador García Soto Proporcionado por El Universal Online de Salvador García Soto null • Como en el título de la mítica novela de Martín Luis Guzmán, que inspiró la película del director Julio Bracho, que fue censurada y enlatada por 30 años por el viejo régimen priista, las celebraciones del triunfo histórico y contundente de la doctora Claudia Sheinbaum como la primera presidenta electa en la historia democrática de México ocurrieron, inevitablemente, bajo la sombra del caudillo que hoy habita en el Palacio Nacional. La manera en la que el presidente salió el domingo por la noche, a celebrar de inmediato la victoria de su candidata y la continuación de su movimiento político en el poder, con una sonrisa de oreja a oreja que ya era muy difícil verle en los últimos meses, no dejó lugar a dudas del papel protagónico y de jefe de campaña real que jugó en estas elecciones el mandatario nacional. Pero más allá de eso, también fue la señal clara de que, por más que repita constantemente que él no va a influir en el próximo gobierno y que terminando su mandato se irá a refugiar a su rancho en Palenque, la sombra de Andrés Manuel López Obrador seguirá gravitando políticamente por el enorme poder que ejerce y por el papel de caudillo idolatrado que seguirá teniendo en el movimiento que él fundó y que lo sigue viendo como su líder indiscutible. Una señal muy clara de lo que sucederá en los próximos meses rumbo a la transición de poderes, es lo que hizo ayer, desde su conferencia mañanera, el presidente. Antes de que lo hiciera la propia doctora, que es a quien le correspondía anunciarlo, López Obrador se arrogó la facultad de hacer pública la aceptación del secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, para continuar ocupando ese mismo cargo en el futuro gobierno de la presidenta Sheinbaum. Comience hoy mismo, es fácil – Pruébelo gratis por 14 días workspace.google.com/Google/Gmail Comience hoy mismo, es fácil – Pruébelo gratis por 14 días Patrocinado Aunque se hubiera tratado de algo acordado, que no parece ser el caso, no se vio nada bien que una decisión tan importante para el manejo de la política económica en su próxima administración no haya sido dada a conocer por la virtual presidenta y que fuera hasta ayer por la tarde, a través de sus redes sociales, que Claudia Sheinbaum le agradeciera al doctor Ramírez de la O “por aceptar continuar al frente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público». Y es cierto que, como candidata presidencial, el pasado 6 de mayo durante su asistencia a un foro con los consejeros de BBVA, la doctora dijo que le pediría al actual secretario de Hacienda que continuara ocupando el cargo en el arranque de su administración, y hasta les adelantó que lo buscaría el 2 de junio, una vez que se definieran los resultados de la elección a la que, por cierto, en esa reunión calificó como un mero “trámite”. ¿No hubiera sido correcto que fuera ella la que anunciara ayer como una de sus primeras decisiones como virtual presidenta electa la continuación del titular de la Hacienda Pública? Y no es que se ignore la enorme cercanía y comunicación que existe entre el presidente y su virtual sucesora, pero como decía el ideólogo del viejo PRI, don Jesús Reyes Heroles, a quien conoció muy bien López Obrador, “en política la forma es fondo” y las formas de que sea el presidente desde Palacio Nacional el que empiece a anunciar y a adelantar las decisiones de la doctora Sheinbaum no abonan a la idea de una presidencia autónoma e independiente de la influencia del caudillo político. Porque sin poner en duda la legitimidad que le darán sus casi 35 millones de votos, una de las incógnitas que permanecen sobre la futura presidencia de Claudia Sheinbaum, es si tendrá el margen de maniobra suficiente para tomar sus propias decisiones o si seguirá apegándose, como lo hizo durante toda su carrera política y su exitosa campaña, a los designios y decisiones tomadas por López Obrador. Y esa duda, que hoy recorre el país de norte a sur y de oriente a occidente, es tan legítima como lo será su Presidencia. Ayer la reacción de los mercados financieros, con la depreciación del peso y la caída de la Bolsa Mexicana de Valores fueron un aviso claro de que a los inversionistas no les agradan mucho los gobiernos absolutistas y prefieren siempre la moderación y los equilibrios, reflejados en el respeto irrestricto a la ley y el Estado de Derecho, como factor de seguridad y certeza para sus inversiones. Así que, si no se quiere repetir la historia de la sucesión entre Álvaro Obregón y el general Plutarco Elías Calles en aquel aciago 1924, cuando la intervención abierta del presidente para imponer y favorecer a su candidato terminó en un asesinato político del general Francisco R. Serrano, que interfería en la sucesión, más valdría que se empezaran a mandar señales claras y contundentes de que, más allá de la cercanía y la identificación política, incluso del agradecimiento que le pueda tener a quien ha sido su mentor y jefe político, la nueva presidenta tendrá luz propia y no ejercerá su presidencia histórica bajo la sombra del caudillo. NOTAS INDISCRETAS… La joya del sureste para el Partido Acción Nacional, que era Yucatán, cayó rendida ante el tsunami morenista que recorrió el país en las elecciones del pasado domingo. De manera sorpresiva e inesperada, los conteos del PREP le dieron un vuelco a las encuestas que anticipaban el triunfo del panista Renán Barrera y, entre la medianoche y la madrugada de ayer, confirmaron el triunfo del morenista Joaquín “Huacho” Díaz, quien ganó la elección con poco más de 8 puntos de ventaja. De esa manera, el único estado del sureste mexicano que se le había resistido a Morena y uno de los bastiones más importantes del panismo, terminó pintándose de guinda, con lo…

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Ahora sí viene la Cuarta Transformación

Opinión de Carlos Loret de Mola Estamos en manos de ella. De ella y de él, desde luego. De Claudia Sheinbaum y de López Obrador. México les ha entregado las llaves para hacer todo lo que quieran. Y lo que han dicho que quieren hacer sí significa una Transformación. Porque López Obrador no había transformado realmente nada. Había causado alguna erosión democrática, pero no había significado un cambio histórico en ningún rubro de la vida pública. Estos años le sirvieron para aprender qué era lo que quería y cómo tenía qué hacerlo. Lo propuso en la recta final de su sexenio. Lo escribió como plan de gobierno de su sucesora. Su sucesora tomó gustosa la estafeta y hoy tiene el respaldo popular para proceder a la implementación Ese plan, avalado por una gran jornada democrática dominical, implica paradójicamente la destrucción de la democracia mexicana como la conocemos y como se construyó por décadas. El régimen de pesos y contrapesos que se diseñó para acabar con el partido de Estado que fue el PRI del siglo XX y sepultar el país de un solo hombre (o mujer), en el que la figura presidencial tenía todo el poder. El acento en la rendición de cuentas y el empoderamiento de la ciudadanía. El fomento de la representación plural, del respeto a las minorías y las garantías de libertad de expresión para toda forma de pensamiento. Con el abrumador respaldo popular, quedará en sus manos, quedará en su buena voluntad respetar la legalidad, la posibilidad de alternancia en el poder, la libertad de expresión. Ya no podrán estar obligados u orillados, ni siquiera contenidos. Así lo avala el pueblo. No creo que el Plan C haya sido lo que tenga en la cabeza el elector de Morena el domingo, pero formó parte del discurso en todos los mítines, así que votar por Sheinbaum era votar por eso. La estrategia oficialista fue plantear la elección como un referéndum reeleccionista de AMLO, y la candidata fue disciplinada en administrar la ventaja de su principal activo electoral: el presidente. Tenía razón el presidente: la gente está feliz, feliz, feliz con él. Para muchísimos, López Obrador es uno de los suyos, que se sacudió los privilegios que tanto ofenden, que piensa en ellos, que los apoya directamente con una lanita, que no habla español-político sino español-pueblo, que los visibiliza y los lidera en la defensa contra los malvados poderosos que solo buscan oprimirlos. Para mucho otros, sigue siendo mejor Morena que la alternativa. La gente no es tonta. No es que piense que el país ya se pacificó, que ya se acabó la corrupción, que el sistema de salud es como el de Dinamarca o que el AIFA es el mejor aeropuerto del mundo. Es que coincide con el presidente en que el país que le dejaron era un desastre y evalúa que está intentando componerlo… aunque no lo logre. Y que los que nos metieron en esta bronca, están en la oposición y defienden lo que hicieron. Coinciden con él en que la violencia la desató Calderón, la corrupción la potenció el PRI y los hospitales públicos llevan décadas en crisis. La oposición no supo presentarse como una alternativa de futuro, sino —ahogada por nombres e historiales polémicos— terminó dándole la razón al argumento descalificatorio del presidente: quieren voEn su primer discurso tras su triunfo, la presidenta electa Claudia Sheinbaum mostró más tolerancia que en los tres años que lleva en campaña: “Concebimos un México plural, diverso y democrático. Sabemos que el disenso forma parte de la democracia y aunque la mayoría del pueblo respaldó nuestro proyecto, nuestro deber es y será siempre velar por cada una y cada uno de los mexicanos sin distingos. Así que, aunque muchos mexicanos no coincidan plenamente con nuestro proyecto, habremos de caminar en paz y armonía”. Y lo más notable: después no matizó, fustigó, insultó, descalificó. Pero ese discurso fue asombrosamente parecido al primero que dio López Obrador tras haber sido declarado ganador de la Presidencia hace seis años. Y ya sabemos cómo se puso después. Con sus márgenes y sus mayorías aplastantes, queda de ella. De ella y de él, que seguirá ejerciendo un enorme poder. Que la presidenta tome buenas decisiones, que postule y se rodee de gente que pueda decirle que no, y que brote la científica que conocimos en el primer tramo de su administración en la Ciudad de México. O que se extravíe en la soberbia del poder absoluto y nos regale la versión perversa, fría, despiadada e intolerante que nos exhibió después.

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