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  Odio y Exclusión Luis Miguel Rionda (*) Las crecientes redadas de la agencia ICE (Inmigración y Control de Aduanas, en sus siglas en inglés) del gobierno federal de los Estados Unidos, han conducido a las comunidades latinas e inmigrantes a un estado de angustia y zozobra permanente. Trabajadores jóvenes y viejos, hombres y mujeres, con o sin documentos, pero todos aportando sus esfuerzos cotidianos a la construcción de una vida mejor, de un país mejor, temen salir a las calles o acudir a sus centros de labor por miedo a ser víctimas de razzias indiscriminadas: esas batidas armadas en las que agentes migratorios, uniformados o no, arrestan con violencia física o simbólica a los desafortunados del momento. La propaganda que rodea a estos operativos está rayando en el racismo y la xenofobia. En las redes sociales circulan invitaciones oficiales o informales a denunciar a los “invasores extranjeros”, a los “delincuentes ilegales”, a esos “bad hombres”, que invaden impunemente el paraíso americano, reservado por Dios para la población WASP (White Anglo Saxo Protestant). Para colmo, el patrioterismo se está empleando como recurso para fomentar el odio social contra los inmigrantes. Si usted no me cree, consulte la página oficial de reclutamiento de personal para el ICE: https://www.ice.gov/return La conocida imagen del Tío Sam (Uncle Sam: US), que se ha vinculado a las aspiraciones nacionalistas y nativistas de los colonos blancos, hace un llamado a agentes veteranos en licencia: “La Administración Trump está plenamente comprometida con el apoyo a los dedicados profesionales de las fuerzas del orden que protegen nuestras fronteras, a nuestras comunidades y a nuestra seguridad nacional y pública.” Pareciera campaña de reclutamiento para defender a la Patria blanca y próspera contra la invasión perpetrada por los nativos de una nación alienígena, ese país ignoto denominado “Extrangia”, donde habitan oscuros criminales malvivientes que sueñan con apoderarse del American Way of Life. Dijo Trump que esos invasores son “the worst of the worst”, y por lo tanto dignos de ser atrapados, recluidos y expulsados sin derecho alguno a defensa. Miles, tal vez millones de familias de indocumentados temen por su permanencia y su futuro. De nada vale el estatus migratorio si te toca la mala suerte de ser atrapado por los escuadrones encapuchados de la migra. La amenaza es cotidiana y la angustia permanente. Para colmo, el perfilado racial es el criterio principal de actuación: ¿es moreno y bajito? Criminal seguro. No English? Peor tantito. La tierra de las oportunidades se torna en arena de lucha desigual entre nativistas furibundos y fuereños aterrados. No importa que los inmigrantes sean de extrema necesidad para amplios sectores de la economía: son frijoleros grasosos que desentonan con los bien cuidados jardines de los güeros patrones tacaños. El destino de ese país transita por la solución de una contradicción de origen: ¿son o no son la nación de la inclusión? ¿Son el reino de las libertades modernas, como el derecho al libre tránsito y a la libertad de trabajo? ¿Son la Nueva Jerusalén, donde impera el amor por el prójimo? ¿O son el baluarte de la exclusión, donde los únicos salvos son aquéllos elegidos por un Dios blanco? “Y quienes no fueron elegidos, llamados ni predestinados no pueden ni serán salvos” (Juan 6:44).       (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Estatuas y monumentos Las identidades nacionales y las ideologías políticas requieren de la construcción de mitologías que den sentido de origen y destino a sus imaginarios colectivos. Los mitos son protagonizados por héroes divinizados, que se confrontan con malignos villanos que sirven de contrapunto a las virtudes de los fines valederos: la Causa, la Nación, el Destino Manifiesto, el Socialismo o cualquier móvil “superior”. Para recrear esas gestas y héroes mitológicos hemos inventado los monumentos: estatuas, obeliscos, altares, bustos, retratos, mausoleos y demás elementos que materialicen los rituales propiciatorios. Los nacionalismos y las ideologías hacen un uso intensivo de esos recursos: en la Unión Soviética hasta momificaron al pobre Lenin, y recrearon su imagen ad nauseam en los espacios públicos. ¿Qué sucedió cuando cayó el socialismo real? Los monumentos fueron los primeros en besar el suelo. Lo mismo sucedió con la iconografía de otros tiranos y sus ideologías alrededor del mundo. En México no somos ajenos al fenómeno iconoclasta: al decaer un paradigma sus símbolos son de inmediato atacados o destruidos. Así sucedió con el monumento a Colón en el Paseo de la Reforma: al decaer el hispanismo conservador y emerger el indianismo beligerante de las nuevas izquierdas woke (“despiertas”), la pura imagen del navegante se convirtió en blanco de los odios irracionales de los que creen que la historia se juzga —no se explica— desde los parámetros del presente. El reciente retiro de las —por demás horribles— estatuas del Ché y de Fidel de una plazuela de la CDMX se explica bajo la misma lógica. Dos personajes históricos son juzgados desde una ideología, no desde su trascendencia para la historia de América Latina. Se  desmontan porque el primero fue un asesino —que sí lo fue— y el segundo un tirano —que también lo fue—; pero no porque sean intrascendentes para la historia de la ciudad. Yo los hubiera dejado ahí, expuestos y vulnerables a las opiniones de admiradores y detractores. Al final es positivo que se debata con libertad sobre los broncíneos personajes. Ni modo: han sido víctimas de las persecuciones simbólicas de la intolerancia, en este caso de derecha, pero de las que no es ajena la izquierda que representan. El espacio público debería ser esfera de la libre expresión. Eso incluye a los monumentos, las pintas, las manifestaciones y la creación artística con mensaje. Por supuesto yo abogo por el respeto a los derechos de terceros, y no justifico la violencia física. Pero bajo un entorno civilizado, yo vería bien la convivencia de los símbolos contrapuestos. Cada club de fans debe ser libre de expresar sus filias y fobias sin mayor límite que el derecho del otro a hacer lo mismo. En lo local, la ciudad de Guanajuato se ha convertido con el tiempo en una galería escultórica al aire libre. Recién se ha desatado una polémica, no por materia ideológica, sino por quién es la autoridad que debe definir qué se instala y qué no en la vía pública. El gobierno federal, a través del INAH, opina que algunos monumentos no se instalaron con su venia, por lo que deberían ser retirados; el municipio panista se adjudica esa facultad. Es cierto que algunas esculturas son debatibles por su estética, como la polémica “giganta” de José Luis Cuevas, o las imágenes del “estudiantino”, el “mariachi” y el “pintor gordito” como se les apoda. Pero aquí también debe privar la libertad estética. Siempre y cuando no estorben, bienvenidos. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond   Luis Miguel Rionda (*)

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El globo del INE Luis Miguel Rionda (*)   El Instituto Nacional Electoral (INE) está transitando por sus últimos momentos como corporación autónoma baluarte de la democracia. La presidenta Sheinbaum anunció el martes 24 pasado los contenidos de su próxima reforma política, que revive muchos de los contenidos del famoso Plan A de abril de 2022 de AMLO, que había sido bateado por la legislatura anterior (https://tinyurl.com/28v2cobn). Se ha constituido un grupo de trabajo para presentar la iniciativa este mismo año, con aplicación en las elecciones de 2030. Con base en los antecedentes son esperables los siguientes cambios: 1) la transformación del INE en Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC), respondiendo a la fijación de los morenos por los mecanismos tramposos de la democracia directa; 2) la desaparición de los organismos electorales locales y la asunción de sus funciones por el gigantesco INEC; 3) un Consejo General de siete consejeros electorales electos popularmente (otro disparate como la pasada elección judicial); 4) el mismo mecanismo para la elección de magistrados electorales; 5) la eliminación de los diputados y senadores por representación proporcional, regresando al viejo modelo de mayorías relativas; 6) la reducción a la mitad del financiamiento público a los partidos políticos, lo que los inducirá a buscar fuentes privadas o ilegales, mientras que el partido gobernante tendrá acceso a las transfusiones furtivas desde el erario, como sucedía hasta 1997; 7) homologación (centralización) de los modelos políticos subnacionales, incluyendo los legislativos locales y los ayuntamientos; 8) cambios en el modelo de comunicación política; 9) en los procesos de consulta y revocación de mandato, la reducción del umbral de participación vinculante al 30%; etcétera. El actual consejo general del INE ha sido colonizado progresivamente por simpatizantes del régimen cuatroteísta, hasta convertirse en la mayoría que permitió otorgarle una grotesca sobrerrepresentación a la coalición gobernante, y recientemente avalar los resultados de la barroca elección de jueces, magistrados y ministros del poder judicial. En términos reales el INE se ha alineado, como la CNDH, a los caprichos del régimen. Lo mismo ha sucedido en muchos organismos locales. La reforma sólo dará la última vuelta a la tuerca a la cooptación autoritaria del sistema electoral. Pero sus mayores repercusiones se sentirán en el resto de las instancias de representación política del país, que consolidarán el retorno al estado monolítico y unívoco que creímos haber superado con la transición democrática. Me dio esperanza testimoniar la sesión del Consejo General del INE del 15 de junio pasado, la del “elefante en la sala”, con la intervención sensata y certera de seis de los consejeros, que criticaron las trampas y fullerías perpetradas en todo el país en la farsa de la elección judicial. Sorprendió el resultado de la votación, que evidenció la facilidad con que se presiona y coarta en tiempo real a algunos consejeros. Alguno, alguna, demostró tener convicciones de plastilina. El globo de la sesión del 26 evidenció la pobreza argumentativa y la carencia de sentido del ridículo de los perpetradores de la sinrazón.     (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Década saltapatrás Luis Miguel Rionda (*) Tiempos inquietantes estos que vivimos, tanto en el plano nacional como en el internacional. En la última década nuestro país y el mundo han estado dando traspiés, e incluso metido reversa, a procesos que en términos generales parecían abonar a cierta progresividad en los índices de bienestar y paz social. Los elementos clave de esa progresividad de la humanidad fueron destacados por Juval Harari en su libro Homo Deus, de 2015. El humanismo liberal permitió reducir sustancialmente —no eliminar— las plagas históricas de la humanidad: el hambre, la enfermedad y la guerra. Pero algo se quebró en ese orden humanista y progresista: los fanatismos de izquierda y derecha se reavivaron como hace cien años, y con el arribo de Donald Trump en 2017 a la presidencia de los Estados Unidos se metió reversa a los avances civilizatorios liberales, trastocando el orden mundial multilateral. En México el proceso se replicó con el triunfo del populismo setentero de López Obrador en 2018. Los dos personajes eran los extremos de la misma soga autoritaria, y eso explica que se hayan llevado tan bien. En ambos países se han acumulado diez años de desmantelamiento del orden liberal preexistente. El intento de corrección que significó la administración Biden (2021-2024) en el país del norte fue vituperado y demonizado por una corriente de opinión creciente, nativista, xenófoba y beligerante. La derecha populista regresó recargada este año, con un Trump sin bridas, desbocado, convencido como nunca de tener las respuestas —siempre simples— para todos los problemas de su país y del mundo. Algo así ha sucedido en México con los gobiernos de la 4T. En siete años los neoecheverriístas han desmontado los elementos institucionales que permitieron estructurar un delicado equilibrio de “check and balances” —controles y contrapesos— que nos acercó como nunca a la democracia poliárquica, como la bautizó el politólogo Juan Linz. Por supuesto faltaba mucho camino para construir la democracia social, pero la solidez institucional pavimentaba el camino para acercarnos, sin prisas pero sin pausas, a un modelo redistributivo con viabilidad financiera a largo plazo. La conquista y colonización del Poder Judicial en México ha sido una cima, aunque no el cúlmen, de este retroceso antiliberal. El ya anunciado Plan D de reformas legales de Sheinbaum continuará el desmantelamiento de las instituciones autónomas especializadas. Mucho dolor me causa la desaparición del CONEVAL, un organismo que siempre dio muestras de independencia y profesionalismo, donde colaboraron los más reconocidos expertos en investigación y atención a la pobreza multidimensional. Ahora van sobre el INE. El inevitable fracaso de la elección judicial del 2 de junio fue la trampa que las élites populistas le tendieron al instituto. Era imposible que las cosas salieran bien: recortes presupuestales, candidatos desconocidos paridos por tómbolas y por comités parciales, desinterés ciudadano, procedimientos oscuros y escasez de controles. El prestigio acumulado en 34 años se perdió en una triste jornada. Y por eso, ya viene la parca echando rasero con su guadaña…       (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. a.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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NO Luis Miguel Rionda (*) No. No voy. No voy a asistir. No voy a asistir a votar. No voy a asistir a votar para legitimar un fraude anunciado. El 5 de abril de 1979 tramité mi primera credencial para votar: una papeleta de papel amarillo barato que rezaba “Credencial permanente de elector”, firmada por el director del Registro Nacional de Electores. Con ese papelito, que llenó una secretaria aburrida con su vieja máquina de escribir mecánica, voté el 1 de julio de 1979. Eran otros tiempos. Ya se iniciaba una tímida transición política con la reforma de Reyes Heroles. El fraude electoral no sólo era sencillo por la ausencia de medidas de seguridad y vigilancia, también estaba interiorizado por el realismo mágico de los mexicanos de entonces. Había incertidumbre en los procedimientos, pero certidumbre en los resultados: siempre ganaban los candidatos del partido oficial, que dominaba los tres poderes del Estado. Imperaba la cultura cívica del súbdito, como lo plasmaron los politólogos Gabriel Almond y Sidney Verba en su libro The Civic Culture (1963): “El súbdito tiene conciencia de la existencia de una autoridad gubernativa especializada: está afectivamente orientado hacia ella, tal vez se siente orgulloso de ella, tal vez le desagrada; y la evalúa como legítima o ilegítima. […] consiste, esencialmente, en una relación pasiva, aunque se dé […] una forma limitada de competencia que es idónea para esta cultura de súbdito.” Han pasado 46 años desde que voté por primera vez. Mucho ha cambiado México, para bien de su democracia. Se construyó un sistema electoral eficiente, confiable, complejo y garante de resultados aceptables para todos los contendientes. Se concretó la democracia procedimental, aunque quedó pendiente la democracia social. Se superaron los vicios y se logró la transparencia y rendición de cuentas en el sistema comicial. Nadie previó que el orden liberal que nos dio desarrollo y una relativa paz social incubaría el huevo de la serpiente del populismo autoritario de corte echeverriísta. La victoria de la coalición morenista en 2018 significó el retorno de los brujos, un frenazo al liberalismo y la desarticulación de sus instituciones democráticas. Adiós a la división de poderes; bienvenida de regreso la adoración mesiánica de un nuevo caudillo tropical. En 2024 la coalición obradorista conquistó de nuevo la presidencia gracias a la transferencia masiva de recursos públicos al consumo conspicuo e improductivo de masas de electores. Luego se apropió fraudulentamente de las mayorías calificadas del poder legislativo. Ahora, la convocatoria al desmantelamiento del Poder Judicial, disfrazado de democratización, será la puntilla para acabar con el orden constitucional inclusivo y justiciero. Ya no habrá defensa ante el Estado patriarcal, el Leviathán taumaturgo. No me prestaré a legitimar esta calamidad, que lamentaremos por muchos años. Por eso no saldré a votar, por primera vez desde que aprendí a hacerlo. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRion

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Los estudiantes y su día Luis Miguel Rionda (*) El estudiantado surgió de la mano de la educación formalizada. Con los griegos los identificamos con los discípulos de Platón en su Academia (jardín cercano al gimnasio del héroe Academo en Atenas), el Liceo de Aristóteles (gimnasio en las cercanías del templo de Apolo Licio, Atenas), y muchas otras instituciones donde se educaban los hijos de las élites. En Tenochtitlan los hijos de la nobleza (pipiltin) se formaban en el Calmécac («casa de morada»), bajo un modelo disciplinar muy estricto. En Roma la educación se impartía por los magister, casi siempre esclavos o libertos griegos, en las schola privadas o públicas, organizadas en tres niveles, que hoy identificaríamos como básica, media y superior. Con el surgimiento de las primeras escuelas catedralicias medievales, se retomaron los viejos esquemas clásicos (trivium y quadrivium). Pero también nacieron otras instituciones a iniciativa de los estudiantes (universitas); es claro que éstos formaron un auténtico gremio, con sus reglas de ingreso, permanencia y usos. Los profesores eran pagados por los alumnos, hijos de los aristócratas feudales. Nacen así los studium, las universidades, al principio regidas por el estudiantado. Se dice que la primera fue establecida en Bolonia en 1088; siguió Oxford (1096), Cambridge (1209), Palencia (1208), Salamanca (1218, muy influida por el saber islámico); Padua (1222), Nápoles (1224), Valladolid (1241) y París (1275). Desde entonces los estudiantes se convirtieron en protagonistas no sólo de su propia educación, sino también de revoluciones sociales, de la resistencia hacia los poderosos, constructores de conciencia crítica social, para constituirse en factores reales de poder en muchos países. Incluyendo los hispanoamericanos, donde la corona española se ocupó de fundar 27 universidades y un gran número de colegios mayores. Muchos estudiantes participaron activamente en las revoluciones de independencia y en los conflictos políticos del siglo XIX. En México los estudiantes lucharon por la autonomía de la Universidad Nacional en 1929. El gobierno federal intentó imponer decisiones administrativas que perjudicaban al gremio. El Consejo Estudiantil Universitario convocó a una huelga general que estalló el 9 de mayo. El paro fue declarado ilegal. El 23 de mayo los estudiantes de la escuela de Derecho fueron brutalmente agredidos por la policía, lo que concitó el apoyo de todas las escuelas, que se lanzaron en manifestación el 27 de mayo exigiendo la autonomía de la universidad. Dos días después el presidente Portes Gil la concedió. Ser estudiante es ser rebelde. Es una definición. Los jóvenes bajo el aula no sólo se instruyen: aprenden a ser comunidad, a organizarse y a exigir. Así lo hemos vivido en la Universidad de Guanajuato, donde mucho se aprendió de las movilizaciones de diciembre de 2019 y otras que siguieron, que han cuestionado el ser conservador de nuestra casa de estudios. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @rio

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Guadalupanos en París Luis Miguel Rionda (*) Tuve el gusto de comentar, junto con mi colega antropólogo Rubén Ramírez Arellano (UG, Campus León), un interesantísimo libro del doctor Hugo José Suárez, sociólogo e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. El texto se intitula Guadalupanos en París. Un extenso y profundo estudio que el autor desarrolló durante una estancia de investigación en la Universidad de Paris III, Sorbonne Nouvelle. Lo presentamos ayer jueves en las instalaciones de la Librería Universitaria de la Universidad de Guanajuato, en la capital del estado, y hoy viernes en la Sede del Forum Cultural de la UG en León. Agradezco mucho a sus autoridades las facilidades otorgadas. Se trata de un esfuerzo de investigación cualitativa con una metodología innovadora de interpretación comprensiva (“interpretación densa”, diría el antropólogo Geertz), que se basa en un amplio trabajo de campo, con abundantes registros fotográficos y de video, para la catalogación de imágenes y contextos religiosos. Mediante la observación participante y múltiples entrevistas, Hugo supo conjugar y sistematizar los elementos que conforman la expresión de la fe guadalupana en el exilio francés: su iconografía religiosa, las prácticas cotidianas de culto doméstico y público, los espacios habilitados para la devoción, o bien de comercialización de parafernalia mística. El guadalupanismo es uno de los pilares constitutivos de la mexicanidad y la americanidad. Llama la atención que este poderoso culto se trasnacionalice hacia otros continentes, y que se haya establecido con firmeza en París, destacando la catedral de Notre Dame, el Sacre Coeur de Montmarte, y en otros templos. Un fenómeno de sociología religiosa multicultural que era digno de ser estudiado. Hugo, de origen boliviano, es un sociólogo vagabundo, un observador errante que ha visitado muchas ciudades y países, siempre provisto de una curiosidad implacable que le convierte en un preguntón incontenible. Su capacidad de asombro le permite ver peculiaridades en cada espacio social. Armado con sus cámaras Canon y Leica, su celular inteligente, y la libreta de notas, recolectó testimonios y describió contextos. Sistematizó ese mundo de información para ofrecer conclusiones dignas de ser discutidas y contrastadas. No me extraña que este indagador haya escogido a París para desplegar sus esmeros. Una ciudad extraordinaria en muchos sentidos, que ha seducido a los mexicanos desde el siglo XVIII. Con una catedral que vio el suicidio de la mecenas mexicana Antonieta Rivas Mercado en 1931, y que alberga una capilla consagrada a la guadalupana desde 1948. Un venerado recinto que se incendió en 2019, y que renació de sus cenizas hace poco. Sólo puedo anotar aquí estas breves apostillas. Es mejor que invite a la lectura y desbroce de este libro notable, que puede ser bajado sin costo de esta página del IIS-UNAM: https://sociologiavagabunda.sociales.unam.mx/ (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionf

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Sucesiones y Reformismo en el Vaticano, 3 Luis Miguel Rionda (*) Considero que la elección de Jorge Mario Bergoglio para asumir el papado bajo el nombre de Francisco el 13 de marzo de 2013 ha sido una de las sucesiones más insólitas de los tiempos modernos. Bueno, al menos de las que recuerdo. El primer latinoamericano y jesuita en ser ungido en esa dignidad. Era un prelado argentino, con fama de liberal y de mundano —en el buen sentido—, aficionado al futbol y al equipo bonaerense San Lorenzo de Almagro. Su pasado fue objeto de muy disímiles interpretaciones, en particular su periodo como superior provincial de los jesuitas en Argentina (1973-1979), pues fue acusado de excesiva cercanía a la dictadura militar que imperó en ese país entre 1976 y 1983. Pero puede verse también como estrategia pragmática que le permitió interceder por muchas víctimas. Su sencillez se acentuó en el Vaticano. Renunció a muchas tradiciones que consideró superfluas y ostentosas, como la de vivir en el palacio apostólico. Prefirió un sencillo departamento en la Casa de Santa Marta. Entre sus políticas destacó la mayor apertura a la participación de las mujeres en la vida de la Iglesia Católica, la aceptación plena de los derechos de las poblaciones de la diversidad sexual, un compromiso expreso con la justicia social y el cuidado del entorno natural global. Pero destacó su defensa enérgica de la paz mundial, el reconocimiento de los derechos de pueblos agredidos como los palestinos y ucranianos, y su permanente llamado a proteger a las familias migrantes y desplazadas. Su honestidad personal le llevó a acentuar la fiscalización sobre las finanzas de la Iglesia, a reconocer las conductas inmorales de algunos elementos de la curia, al grado de despedir cardenales, y modernizar el lenguaje pastoral para acercarse a los jóvenes y a las poblaciones en vulnerabilidad. La vitalidad y el buen humor que supo proyectar en los primeros años le atrajo muchas simpatías. Eso fue palpable en su visita pastoral a México del 12 al 17 de febrero de 2016, cuando recorrió cinco entidades del país. Entonces enfatizó su interés por la protección a los migrantes, al visitar tanto la frontera sur como la norte de nuestro país. Ante el fenómeno de las caravanas multinacionales de familias desesperadas, convocó a la solidaridad mundial. Su salud fue deteriorándose en los últimos años. Pero todavía pudo darse el gusto de despedirse de su grey el pasado 20 de abril, un día antes de morir, mediante su bendición de pascua y una vuelta triunfal a la plaza de San Pedro. El día de ayer, jueves 8 de mayo, nos enteramos de que el cónclave de 133 cardenales eligió al estadunidense Robert Francis Prevost (1955) como el nuevo papa León XIV.. Un prelado hispano hablante (vivió en el Perú), con una trayectoria interesante, con cercanía al papa Francisco (https://t.ly/bR8oo). Al parecer, la ola reformista continuará algún tiempo en los añosos muros del Vaticano. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond

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Fuera Máscaras: es censura de dictadura

Juan Miguel Alcántara Soria No hay semana que no se destruyan o dañen instituciones, se atente contra la Constitución Política; se aniquilen contrapesos para concentrar los poderes públicos en una sola corporación. Un nuevo atentado a nuestras libertades nos pone alertas. Claudia Sheinbaum envió al Senado, el miércoles 23, una iniciativa de ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Para darse de inmediato la posibilidad de censurar opiniones expresadas en medios de telecomunicación que su gobierno considere inconvenientes. Pide que el poder legislativo -Morena lo controla-, le permita clausurar, desconectar o bloquear de audiencia a cualquier medio, redes sociales, plataformas, servicios de mensajería, internet (con otras sanciones), cuando su Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT, a cargo de un incondicional) considere se afecte la soberanía, o la seguridad del país, o la visión del gobierno. Sin necesidad de aprobación judicial, planteó. La ATDT será un gendarme como el Big Brother de Orwell. Una sola persona decidirá, a solicitud de cualquier autoridad competente, a quién censurar. La iniciativa fue aprobada antes de 24 horas en comisiones del Senado, por Morena y paleros, sin leerla y sin la deliberación democrática que la Constitución y la Suprema Corte exigen. Con el fin del lunes 28 aprobarla el pleno del Senado, y antes del miércoles 30 los diputados, fin del período ordinario de sesiones. Ante las alertas de la oposición, de medios de comunicación, intelectuales, la oficina de la ONU, Sheinbaum pidió posponer la aprobación de su iniciativa, “para no dar ningún argumento a la oposición”. Atentar contra libertades y derechos fundamentales no es lo que les preocupa. ¿Qué derechos nos daña su iniciativa? Del Art. 6o. constitucional: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público… El derecho a la información será garantizado por el Estado. Toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión. El Estado garantizará el derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación, así como a los servicios de radiodifusión y telecomunicaciones, incluido el de banda ancha e Internet…” Del artículo 7o. “Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión, que no tiene más límites que los previstos en el primer párrafo del artículo 6o. de esta Constitución. En ningún caso podrán secuestrarse los bienes utilizados para la difusión de información, opiniones e ideas, como instrumento del delito.” Del Art. 14: “… Nadie podrá ser privado de la libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos, en el que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y conforme a las Leyes expedidas con anterioridad al hecho”. Del Art. 16: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento…” Estas libertades y derechos debemos conocer y reconocer indeleblemente. Y defender con honor y vigor. La destrucción del poder judicial independiente es ruta a dictadura. ¿Ante quién los defenderemos? ¿Nos vale tiranía?

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De Colombia para México Luis Miguel Rionda (*) Recuerdo vivamente cuando, allá por los años ochenta, leía y escuchaba testimonios de las víctimas de la violencia delincuencial en Colombia, país con el que tanto compartimos los mexicanos en términos culturales e históricos. Recibíamos como ecos lejanos las crónicas de los miles de asesinatos a manos de los narcos y sus cárteles de Cali, de Medellín y otros; sus enfrentamientos con el ejército y la policía nacional; los bombazos y los asesinatos arteros de políticos y empresarios. Líderes como Pablo Escobar mantenían el control no sólo sobre el tráfico de la cocaína, sino también de la política nacional. La guerra contra las drogas, declarada por el presidente norteamericano Nixon en junio de 1971, respondía al descontrol en el consumo de estupefacientes blandos y duros a partir de las guerras de Corea y Vietnam. El ejército de los EEUU impulsó su consumo entre sus tropas, y tuvo el efecto colateral de la continuidad de la adicción a su retorno a su país. Con ello también se provocó la violencia callejera y la consolidación de redes de tráfico continental para proveer la enorme demanda de los consumidores gringos. La percepción que se tenía desde México era que nuestro país sólo cumplía una función marginal en ese proceso, y que nunca se llegaría a los extremos colombianos. Aquí se producía y exportaba mariguana y amapola, pero a niveles artesanales. La mota sólo ayudaba a complementar la economía de las comunidades rurales, y los pocos grupos organizados, como los nacientes cárteles de Sinaloa y Guadalajara, eran subsidiarios de los poderosos cárteles colombianos. Por su parte, las guerrillas mexicanas y colombianas abandonaron sus banderas políticas y sus tácticas de lucha, y abrazaron el tráfico de drogas. Eso impulsó la violencia criminal al otorgarles cierta legitimidad social, que les ha permitido a los violentos asumirse como protectores y benefactores en espacios sociales deprimidos. A la vuelta del siglo mucho cambió: el éxito colombiano en su combate a los cárteles basculó las ventajas que éstos habían mantenido, y su posición dominante fue ocupada por las crecientes organizaciones mexicanas, que además se beneficiaron mucho por las nuevas facilidades para el tráfico que se abrieron con el tratado de libre comercio. La cercanía y permeabilidad de la frontera, así como la accesibilidad a los litorales norteamericanos, potenció nuevas rutas y nuevos actores. Hoy padecemos en México los extremos de la violencia y el terror que torturaron a Colombia. Centenares de fosas clandestinas siguen saliendo a la luz en la mayor parte del territorio nacional. En los primeros meses de la administración Sheinbaum se ha registrado un promedio de mil desapariciones al mes. Cientos de miles de mexicanos han sido exterminados por la delincuencia desde 2012, y de muchos no se recuperan sus cuerpos. Vivimos sumergidos en un terror que desconocíamos desde la violencia revolucionaria. Qué tristeza. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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