Columna Diario de Campo

Los Dueños del Futuro

 

Luis Miguel Rionda(*)

Desde que se inició la tragedia nacional que algún ocurrente etiquetó como la “cuarta transformación”, las y los mexicanos hemos ido reaccionando crecientemente en contra de las barbaridades de los nuevos regímenes, que han colocado al país al mismo nivel de autoritarismo y depresión económica de los años ochenta. Los primeros en protestar fuimos los adultos mayores, y nos lanzamos a la calle con las consignas de la #MareaRosa. Teníamos, tenemos, muy vivos los recuerdos del periodo del ogro filantrópico que se implantó por décadas en el poder del Estado mexicano, hasta que el propio sistema facilitó una transición que nos llevó treinta años. Y en eso llegó Fidel, dirían los cubanos…

Las generaciones jóvenes, que hoy ingresan a la adultez dentro de un mundo sin certezas, se han resistido a aceptar que el endeble desarrollo social y económico liberal –que no “neoliberal”– que hubiera permitido que se integraran sin demasiados sobresaltos a la vida productiva nacional, está a punto de desaparecer. Desde hace veinte años el crimen organizado ha podido carcomer las bases más profundas de la convivencia social. El Estado ha sido colonizado, y desde 2018 los capos cogobiernan en amplios espacios geográficos de la nación, victimizando a jóvenes en el camino. Nos ha sucedido lo del cuento del sapo que se coció sin darse cuenta, y hoy estamos cerca de convertirnos en la nueva Venezuela de Chávez y de Maduro. No la de Rafael Caldera o Carlos Andrés Pérez.

Pero tengo confianza: últimamente he visto cómo los jóvenes adultos están tomando conciencia de esta transición negativa hacia el autoritarismo castrista. Son más permeables a nuestra angustia de viejos que conocimos al Leviathán posrevolucionario. No sólo lo veo en las aulas escolares, también lo noto en el registro que los medios hacen de las reacciones de jóvenes ante la soberbia de la autoridad morenista. Las giras presidenciales son cada vez más anticlimáticas. La señora presidenta, junto con sus funcionarios y gobernantes reciclados de otros partidos, son recibidos con airadas demandas o rechazos, donde los jóvenes están cada vez más presentes y actuantes.

Algo pasa en la percepción de las generaciones millenial y alfa, más educadas e hiperconectadas que sus padres. Rechazan crecientemente el discurso anacrónico de líderes que se politizaron en los setenta y ochenta. La presidenta misma es una sesentona, admiradora del Ché, los sandinistas y Salvador Allende. Su pléyade acumuló antigüedad en el viejo PRI, el PAN sin doctrina y el PRD cardenista. El Estado asistencial no les dice nada, pues sus modelos aspiracionales están en Corea, Japón, Estados Unidos y hasta en China.

Es cierto que la democracia política aún no les susurra al oído, pero sí los valores de la modernidad virtualizada, la economía del conocimiento y el derecho a la plenitud de los sentidos. Los jóvenes de México no podrán conectar con la 4T, porque son dos mundos que habitan universos divergentes, en tiempos históricos disímiles. Pronto veremos cómo se incrementan las resistencias públicas de los nativos del siglo XXI. Los ancianos del siglo XX, que permitimos el ascenso del adefesio zurdo, nos debemos unir al flujo transformador de los dueños del futuro.

 

 

 

 

(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda