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Antropología en vilo Luis Miguel Rionda (*) Durante estos días se realiza en la ciudad de Querétaro, en las hermosas instalaciones de la facultad de filosofía de la UAQ, la 49 reunión nacional de la Red MIFA (Red Mexicana de Instituciones Formadoras en Antropología). Un encuentro de las 26 escuelas que enseñan las diversas ramas de la disciplina antropológica. Cada seis meses nos reunimos para exponer y discutir la problemática coyuntural que afecta a la formación de las y los profesionistas que se dedican al estudio de los colectivos humanos en su diversidad cultural, sus estrategias de adaptación a entornos naturales y sociales complejos, y los problemas de convivencia, respeto y aceptación hacia las otredades, las poblaciones en vulnerabilidad y la conflictividad inevitable en la pluralidad. Uno de los temas abordados me inquietó particularmente. Se planteó en el orden del día como “Desafíos de las Prácticas de Campo y Neurodivergencias en los estudiantes de Antropología”. Es bien sabido que esta disciplina requiere para consolidar la formación de sus jóvenes estudiantes la realización de prácticas en el terreno, que llamamos “trabajo de campo”. Es un ejercicio intensivo de convivencia con alguna realidad comunitaria ajena al estudioso; requiere dedicar tiempo (semanas, meses) y esfuerzo a la comprensión de lo diferente, de lo ajeno, es decir del “otro”. Usualmente el trabajo de campo requiere de capacidades que no abundan entre los chicos urbanos: capacidad de adaptación, empatía social, facilidad de comunicación, curiosidad científica… Como aspirante a antropólogo, uno debe aproximarse a un entorno con carencias a las que no estamos acostumbrados: no hay servicios, no hay privacidad, no hay higiene, etcétera. Y hay que aprender a adaptarse y experimentar la vivencia de la otredad. El Shock cultural va incluido. Pero son situaciones que siempre habíamos podido afrontar con mayor o menor éxito, sin que fuera un obstáculo insalvable. De unos años para acá la situación ha cambiado. La inseguridad pública, por supuesto, nos ha pegado con fuerza. Ya no podemos salir al campo con la confianza de antes: ahora te puedes enfrentar amenazas muy serias a tu seguridad, y también el miedo y la desconfianza sociales. Las instituciones educativas han impuesto controles que buscan garantizar la seguridad de los estudiosos en campo, que limitan mucho la movilidad. Pero se está generando otro factor: las crecientes desadaptaciones y neurodivergencias entre los estudiantes del siglo XXI. Las generaciones jóvenes enfrentan retos que nosotros no conocimos: dificultades para manejar las emociones, la incapacidad para interpretar su realidad inmediata, sensibilidades exacerbadas, dependencia excesiva de los padres en lo económico, pero también en lo social y en el desarrollo de la personalidad. A los profesores se nos demanda hoy el despliegue de competencias que no eran tan requeridas antes; no sólo en el tradicional ámbito psicopedagógico, sino también en la detección y primer tratamiento de falencias sociocognitivas y familiares. Esto genera angustias inéditas y amenazas a la salud personal de los docentes. Todo ello plantea desafíos inéditos para el mantenimiento de la pertinencia social de una disciplina que ha aportado mucho al estudio y diseño para el desarrollo social armónico e incluyente de un país complejo como el nuestro. No queda más alternativa que apoyarnos entre nuestras academias, intercambiando experiencias e incluso recursos. De ello depende nuestra viabilidad como formadores de capital social solidario.   (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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  Odio y Exclusión Luis Miguel Rionda (*) Las crecientes redadas de la agencia ICE (Inmigración y Control de Aduanas, en sus siglas en inglés) del gobierno federal de los Estados Unidos, han conducido a las comunidades latinas e inmigrantes a un estado de angustia y zozobra permanente. Trabajadores jóvenes y viejos, hombres y mujeres, con o sin documentos, pero todos aportando sus esfuerzos cotidianos a la construcción de una vida mejor, de un país mejor, temen salir a las calles o acudir a sus centros de labor por miedo a ser víctimas de razzias indiscriminadas: esas batidas armadas en las que agentes migratorios, uniformados o no, arrestan con violencia física o simbólica a los desafortunados del momento. La propaganda que rodea a estos operativos está rayando en el racismo y la xenofobia. En las redes sociales circulan invitaciones oficiales o informales a denunciar a los “invasores extranjeros”, a los “delincuentes ilegales”, a esos “bad hombres”, que invaden impunemente el paraíso americano, reservado por Dios para la población WASP (White Anglo Saxo Protestant). Para colmo, el patrioterismo se está empleando como recurso para fomentar el odio social contra los inmigrantes. Si usted no me cree, consulte la página oficial de reclutamiento de personal para el ICE: https://www.ice.gov/return La conocida imagen del Tío Sam (Uncle Sam: US), que se ha vinculado a las aspiraciones nacionalistas y nativistas de los colonos blancos, hace un llamado a agentes veteranos en licencia: “La Administración Trump está plenamente comprometida con el apoyo a los dedicados profesionales de las fuerzas del orden que protegen nuestras fronteras, a nuestras comunidades y a nuestra seguridad nacional y pública.” Pareciera campaña de reclutamiento para defender a la Patria blanca y próspera contra la invasión perpetrada por los nativos de una nación alienígena, ese país ignoto denominado “Extrangia”, donde habitan oscuros criminales malvivientes que sueñan con apoderarse del American Way of Life. Dijo Trump que esos invasores son “the worst of the worst”, y por lo tanto dignos de ser atrapados, recluidos y expulsados sin derecho alguno a defensa. Miles, tal vez millones de familias de indocumentados temen por su permanencia y su futuro. De nada vale el estatus migratorio si te toca la mala suerte de ser atrapado por los escuadrones encapuchados de la migra. La amenaza es cotidiana y la angustia permanente. Para colmo, el perfilado racial es el criterio principal de actuación: ¿es moreno y bajito? Criminal seguro. No English? Peor tantito. La tierra de las oportunidades se torna en arena de lucha desigual entre nativistas furibundos y fuereños aterrados. No importa que los inmigrantes sean de extrema necesidad para amplios sectores de la economía: son frijoleros grasosos que desentonan con los bien cuidados jardines de los güeros patrones tacaños. El destino de ese país transita por la solución de una contradicción de origen: ¿son o no son la nación de la inclusión? ¿Son el reino de las libertades modernas, como el derecho al libre tránsito y a la libertad de trabajo? ¿Son la Nueva Jerusalén, donde impera el amor por el prójimo? ¿O son el baluarte de la exclusión, donde los únicos salvos son aquéllos elegidos por un Dios blanco? “Y quienes no fueron elegidos, llamados ni predestinados no pueden ni serán salvos” (Juan 6:44).       (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Verano de la Ciencia Luis Miguel Rionda (*) La semana pasada culminó la trigésima Edición del Verano de la Ciencia de la Universidad de Guanajuato (UG). Este programa busca fomentar el espíritu de indagación y búsqueda por parte de estudiantes de educación superior y media superior, y tuvo como modelo la primera experiencia impulsada por parte de la Academia Mexicana de la Ciencia (AMC) en el ya lejano año de 1991. Se trata de que los estudiantes se vinculen durante algunas semanas del periodo vacacional de verano con investigadores reconocidos, con los que desarrollan proyectos propios o colaboran en ejercicios grupales, que les permitieran su primer acercamiento al método de las ciencias naturales, las experimentales o las social humanísticas. Para muchos, esta vivencia ha sido definitoria de su vocación hacia la búsqueda del conocimiento formal. El éxito del programa original inspiró a muchas instituciones a iniciar sus propias experiencias de verano. Fue el caso de la UG, que arrancó su propio ejercicio en 1994. Tuve la suerte de ser uno de los profesores que participamos en esa primera edición. Asesoré a la estudiante de la licenciatura en historia Karina Gutiérrez Villafaña, que trabajó el tema “La labor educativa del Cardenismo en Guanajuato: el gobierno de Rafael Rangel, 1937-1938” (https://t.ly/j3zGv). Notamos la importancia que tuvo este gobernante en apoyo a la educación estatal. Por eso, Karina enfocó su atención en las acciones educativas de su gobierno. Recordemos que en esa época florecían la educación socialista, las misiones culturales y la escuela rural y obrera. Para desplegar su investigación, en cinco semanas Karina realizó varias entrevistas y trabajo documental en archivos. En cuanto a las primeras, destacan las dos que le aplicó a la maestra Matilde Rangel López (1917-2003), hija del exgobernador y destacada profesora e historiadora en la UG. También dialogó con el señor Medardo Villafaña Domínguez, abuelo de Karina, nacido en 1905 y conocedor del desarrollo del sinarquismo y las dos revoluciones cristeras. Luego consultó al señor Enrique Boullosa, nacido en la primera década de ese siglo y servidor público desde 1927 hasta 1994 en el gobierno estatal. Además, realizó trabajo documental en el Archivo General del Estado para complementar el perfil del gobernador Rangel, muy poco conocido y valorado de nuestra historia política reciente, quien gobernó interinamente 17 meses desde el 27 de abril de 1938 hasta el 25 de septiembre de 1939. Esta experiencia le resultó difícil por la dificultad para localizar documentos relacionados al tema. Al no encontrar los datos que deseaba, decidió consultar los expedientes del Consejo de Gobierno, Elecciones y la Jefatura de Policía. Para consolidar la fase documental de la investigación, Karina se acercó al Congreso local, en donde pudo consultar alguna documentación y adquirir otros datos. Su excelente trabajo fue premiado y pudo ser expuesto en el Congreso Nacional del Verano de la Investigación de la AMC, que se realizó en agosto de 1994 en Metepec, Pue. Sin duda, un recuerdo que atesoro después de 30 años, y de quince participaciones en las diferentes ediciones del verano.

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El globo del INE Luis Miguel Rionda (*)   El Instituto Nacional Electoral (INE) está transitando por sus últimos momentos como corporación autónoma baluarte de la democracia. La presidenta Sheinbaum anunció el martes 24 pasado los contenidos de su próxima reforma política, que revive muchos de los contenidos del famoso Plan A de abril de 2022 de AMLO, que había sido bateado por la legislatura anterior (https://tinyurl.com/28v2cobn). Se ha constituido un grupo de trabajo para presentar la iniciativa este mismo año, con aplicación en las elecciones de 2030. Con base en los antecedentes son esperables los siguientes cambios: 1) la transformación del INE en Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC), respondiendo a la fijación de los morenos por los mecanismos tramposos de la democracia directa; 2) la desaparición de los organismos electorales locales y la asunción de sus funciones por el gigantesco INEC; 3) un Consejo General de siete consejeros electorales electos popularmente (otro disparate como la pasada elección judicial); 4) el mismo mecanismo para la elección de magistrados electorales; 5) la eliminación de los diputados y senadores por representación proporcional, regresando al viejo modelo de mayorías relativas; 6) la reducción a la mitad del financiamiento público a los partidos políticos, lo que los inducirá a buscar fuentes privadas o ilegales, mientras que el partido gobernante tendrá acceso a las transfusiones furtivas desde el erario, como sucedía hasta 1997; 7) homologación (centralización) de los modelos políticos subnacionales, incluyendo los legislativos locales y los ayuntamientos; 8) cambios en el modelo de comunicación política; 9) en los procesos de consulta y revocación de mandato, la reducción del umbral de participación vinculante al 30%; etcétera. El actual consejo general del INE ha sido colonizado progresivamente por simpatizantes del régimen cuatroteísta, hasta convertirse en la mayoría que permitió otorgarle una grotesca sobrerrepresentación a la coalición gobernante, y recientemente avalar los resultados de la barroca elección de jueces, magistrados y ministros del poder judicial. En términos reales el INE se ha alineado, como la CNDH, a los caprichos del régimen. Lo mismo ha sucedido en muchos organismos locales. La reforma sólo dará la última vuelta a la tuerca a la cooptación autoritaria del sistema electoral. Pero sus mayores repercusiones se sentirán en el resto de las instancias de representación política del país, que consolidarán el retorno al estado monolítico y unívoco que creímos haber superado con la transición democrática. Me dio esperanza testimoniar la sesión del Consejo General del INE del 15 de junio pasado, la del “elefante en la sala”, con la intervención sensata y certera de seis de los consejeros, que criticaron las trampas y fullerías perpetradas en todo el país en la farsa de la elección judicial. Sorprendió el resultado de la votación, que evidenció la facilidad con que se presiona y coarta en tiempo real a algunos consejeros. Alguno, alguna, demostró tener convicciones de plastilina. El globo de la sesión del 26 evidenció la pobreza argumentativa y la carencia de sentido del ridículo de los perpetradores de la sinrazón.     (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Luis Miguel Rionda (*) Derecho a Optar Si hay un tema que es polarizador es el del aborto voluntario. Mejor dicho, el derecho de las mujeres a la interrupción legal del embarazo en un término razonable. Es un asunto polémico porque así lo han convertido las concepciones religiosas y las ideologías políticas. Pero no existe tal debate a nivel de la sociedad llana, la que se enfrenta cotidianamente con las adversidades de la vida diaria. Las mujeres abortan con o sin permiso del sistema legal, y lo hacen en las mejores o en las peores condiciones que les permiten su nivel de ingresos personal o familiar. En Guanajuato hemos regresado al debate legislativo sobre el tema. Pero tal vez con más virulencia que en otras entidades, ya que detentamos el primer lugar nacional en catolicidad (91.1% en 2020; nacional: 70%) y, en consecuencia, con arraigadas preconcepciones desprendidas de los dogmas de la fe. Históricamente el asunto del aborto se ha abordado desde una óptica religiosa, punitiva e ignorante de los hechos científicos. Se cree que el cigoto, la célula resultante de la unión del óvulo y el espermatozoide, es recipiente de una calidad metafísica: el alma. Es un asunto de fe, no de sapiencia. Según el diccionario de la Real Academia, el “alma” es (1) el “Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida”, y (2) “En algunas religiones y culturas, sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos.” Yo prefiero el primer sentido, que implica el desarrollo paulatino de un principio sensible e intelectual que nos separa de nuestro componente biológico original. Para la tradición científica y racionalista, el “alma” no existe más allá de la fe religiosa. Los seres humanos somos entes biológicos, con la única diferencia ante el resto de los animales de poseer una facultad extraordinaria para el pensamiento abstracto (basado en imágenes mentales y códigos de comunicación) y, como consecuencia, la posibilidad de desarrollar conciencia de nuestra existencia y fatalidad. Eso es todo.

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NO Luis Miguel Rionda (*) No. No voy. No voy a asistir. No voy a asistir a votar. No voy a asistir a votar para legitimar un fraude anunciado. El 5 de abril de 1979 tramité mi primera credencial para votar: una papeleta de papel amarillo barato que rezaba “Credencial permanente de elector”, firmada por el director del Registro Nacional de Electores. Con ese papelito, que llenó una secretaria aburrida con su vieja máquina de escribir mecánica, voté el 1 de julio de 1979. Eran otros tiempos. Ya se iniciaba una tímida transición política con la reforma de Reyes Heroles. El fraude electoral no sólo era sencillo por la ausencia de medidas de seguridad y vigilancia, también estaba interiorizado por el realismo mágico de los mexicanos de entonces. Había incertidumbre en los procedimientos, pero certidumbre en los resultados: siempre ganaban los candidatos del partido oficial, que dominaba los tres poderes del Estado. Imperaba la cultura cívica del súbdito, como lo plasmaron los politólogos Gabriel Almond y Sidney Verba en su libro The Civic Culture (1963): “El súbdito tiene conciencia de la existencia de una autoridad gubernativa especializada: está afectivamente orientado hacia ella, tal vez se siente orgulloso de ella, tal vez le desagrada; y la evalúa como legítima o ilegítima. […] consiste, esencialmente, en una relación pasiva, aunque se dé […] una forma limitada de competencia que es idónea para esta cultura de súbdito.” Han pasado 46 años desde que voté por primera vez. Mucho ha cambiado México, para bien de su democracia. Se construyó un sistema electoral eficiente, confiable, complejo y garante de resultados aceptables para todos los contendientes. Se concretó la democracia procedimental, aunque quedó pendiente la democracia social. Se superaron los vicios y se logró la transparencia y rendición de cuentas en el sistema comicial. Nadie previó que el orden liberal que nos dio desarrollo y una relativa paz social incubaría el huevo de la serpiente del populismo autoritario de corte echeverriísta. La victoria de la coalición morenista en 2018 significó el retorno de los brujos, un frenazo al liberalismo y la desarticulación de sus instituciones democráticas. Adiós a la división de poderes; bienvenida de regreso la adoración mesiánica de un nuevo caudillo tropical. En 2024 la coalición obradorista conquistó de nuevo la presidencia gracias a la transferencia masiva de recursos públicos al consumo conspicuo e improductivo de masas de electores. Luego se apropió fraudulentamente de las mayorías calificadas del poder legislativo. Ahora, la convocatoria al desmantelamiento del Poder Judicial, disfrazado de democratización, será la puntilla para acabar con el orden constitucional inclusivo y justiciero. Ya no habrá defensa ante el Estado patriarcal, el Leviathán taumaturgo. No me prestaré a legitimar esta calamidad, que lamentaremos por muchos años. Por eso no saldré a votar, por primera vez desde que aprendí a hacerlo. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRion

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Los estudiantes y su día Luis Miguel Rionda (*) El estudiantado surgió de la mano de la educación formalizada. Con los griegos los identificamos con los discípulos de Platón en su Academia (jardín cercano al gimnasio del héroe Academo en Atenas), el Liceo de Aristóteles (gimnasio en las cercanías del templo de Apolo Licio, Atenas), y muchas otras instituciones donde se educaban los hijos de las élites. En Tenochtitlan los hijos de la nobleza (pipiltin) se formaban en el Calmécac («casa de morada»), bajo un modelo disciplinar muy estricto. En Roma la educación se impartía por los magister, casi siempre esclavos o libertos griegos, en las schola privadas o públicas, organizadas en tres niveles, que hoy identificaríamos como básica, media y superior. Con el surgimiento de las primeras escuelas catedralicias medievales, se retomaron los viejos esquemas clásicos (trivium y quadrivium). Pero también nacieron otras instituciones a iniciativa de los estudiantes (universitas); es claro que éstos formaron un auténtico gremio, con sus reglas de ingreso, permanencia y usos. Los profesores eran pagados por los alumnos, hijos de los aristócratas feudales. Nacen así los studium, las universidades, al principio regidas por el estudiantado. Se dice que la primera fue establecida en Bolonia en 1088; siguió Oxford (1096), Cambridge (1209), Palencia (1208), Salamanca (1218, muy influida por el saber islámico); Padua (1222), Nápoles (1224), Valladolid (1241) y París (1275). Desde entonces los estudiantes se convirtieron en protagonistas no sólo de su propia educación, sino también de revoluciones sociales, de la resistencia hacia los poderosos, constructores de conciencia crítica social, para constituirse en factores reales de poder en muchos países. Incluyendo los hispanoamericanos, donde la corona española se ocupó de fundar 27 universidades y un gran número de colegios mayores. Muchos estudiantes participaron activamente en las revoluciones de independencia y en los conflictos políticos del siglo XIX. En México los estudiantes lucharon por la autonomía de la Universidad Nacional en 1929. El gobierno federal intentó imponer decisiones administrativas que perjudicaban al gremio. El Consejo Estudiantil Universitario convocó a una huelga general que estalló el 9 de mayo. El paro fue declarado ilegal. El 23 de mayo los estudiantes de la escuela de Derecho fueron brutalmente agredidos por la policía, lo que concitó el apoyo de todas las escuelas, que se lanzaron en manifestación el 27 de mayo exigiendo la autonomía de la universidad. Dos días después el presidente Portes Gil la concedió. Ser estudiante es ser rebelde. Es una definición. Los jóvenes bajo el aula no sólo se instruyen: aprenden a ser comunidad, a organizarse y a exigir. Así lo hemos vivido en la Universidad de Guanajuato, donde mucho se aprendió de las movilizaciones de diciembre de 2019 y otras que siguieron, que han cuestionado el ser conservador de nuestra casa de estudios. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @rio

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Guadalupanos en París Luis Miguel Rionda (*) Tuve el gusto de comentar, junto con mi colega antropólogo Rubén Ramírez Arellano (UG, Campus León), un interesantísimo libro del doctor Hugo José Suárez, sociólogo e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. El texto se intitula Guadalupanos en París. Un extenso y profundo estudio que el autor desarrolló durante una estancia de investigación en la Universidad de Paris III, Sorbonne Nouvelle. Lo presentamos ayer jueves en las instalaciones de la Librería Universitaria de la Universidad de Guanajuato, en la capital del estado, y hoy viernes en la Sede del Forum Cultural de la UG en León. Agradezco mucho a sus autoridades las facilidades otorgadas. Se trata de un esfuerzo de investigación cualitativa con una metodología innovadora de interpretación comprensiva (“interpretación densa”, diría el antropólogo Geertz), que se basa en un amplio trabajo de campo, con abundantes registros fotográficos y de video, para la catalogación de imágenes y contextos religiosos. Mediante la observación participante y múltiples entrevistas, Hugo supo conjugar y sistematizar los elementos que conforman la expresión de la fe guadalupana en el exilio francés: su iconografía religiosa, las prácticas cotidianas de culto doméstico y público, los espacios habilitados para la devoción, o bien de comercialización de parafernalia mística. El guadalupanismo es uno de los pilares constitutivos de la mexicanidad y la americanidad. Llama la atención que este poderoso culto se trasnacionalice hacia otros continentes, y que se haya establecido con firmeza en París, destacando la catedral de Notre Dame, el Sacre Coeur de Montmarte, y en otros templos. Un fenómeno de sociología religiosa multicultural que era digno de ser estudiado. Hugo, de origen boliviano, es un sociólogo vagabundo, un observador errante que ha visitado muchas ciudades y países, siempre provisto de una curiosidad implacable que le convierte en un preguntón incontenible. Su capacidad de asombro le permite ver peculiaridades en cada espacio social. Armado con sus cámaras Canon y Leica, su celular inteligente, y la libreta de notas, recolectó testimonios y describió contextos. Sistematizó ese mundo de información para ofrecer conclusiones dignas de ser discutidas y contrastadas. No me extraña que este indagador haya escogido a París para desplegar sus esmeros. Una ciudad extraordinaria en muchos sentidos, que ha seducido a los mexicanos desde el siglo XVIII. Con una catedral que vio el suicidio de la mecenas mexicana Antonieta Rivas Mercado en 1931, y que alberga una capilla consagrada a la guadalupana desde 1948. Un venerado recinto que se incendió en 2019, y que renació de sus cenizas hace poco. Sólo puedo anotar aquí estas breves apostillas. Es mejor que invite a la lectura y desbroce de este libro notable, que puede ser bajado sin costo de esta página del IIS-UNAM: https://sociologiavagabunda.sociales.unam.mx/ (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionf

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Sucesiones y Reformismo en el Vaticano, 3 Luis Miguel Rionda (*) Considero que la elección de Jorge Mario Bergoglio para asumir el papado bajo el nombre de Francisco el 13 de marzo de 2013 ha sido una de las sucesiones más insólitas de los tiempos modernos. Bueno, al menos de las que recuerdo. El primer latinoamericano y jesuita en ser ungido en esa dignidad. Era un prelado argentino, con fama de liberal y de mundano —en el buen sentido—, aficionado al futbol y al equipo bonaerense San Lorenzo de Almagro. Su pasado fue objeto de muy disímiles interpretaciones, en particular su periodo como superior provincial de los jesuitas en Argentina (1973-1979), pues fue acusado de excesiva cercanía a la dictadura militar que imperó en ese país entre 1976 y 1983. Pero puede verse también como estrategia pragmática que le permitió interceder por muchas víctimas. Su sencillez se acentuó en el Vaticano. Renunció a muchas tradiciones que consideró superfluas y ostentosas, como la de vivir en el palacio apostólico. Prefirió un sencillo departamento en la Casa de Santa Marta. Entre sus políticas destacó la mayor apertura a la participación de las mujeres en la vida de la Iglesia Católica, la aceptación plena de los derechos de las poblaciones de la diversidad sexual, un compromiso expreso con la justicia social y el cuidado del entorno natural global. Pero destacó su defensa enérgica de la paz mundial, el reconocimiento de los derechos de pueblos agredidos como los palestinos y ucranianos, y su permanente llamado a proteger a las familias migrantes y desplazadas. Su honestidad personal le llevó a acentuar la fiscalización sobre las finanzas de la Iglesia, a reconocer las conductas inmorales de algunos elementos de la curia, al grado de despedir cardenales, y modernizar el lenguaje pastoral para acercarse a los jóvenes y a las poblaciones en vulnerabilidad. La vitalidad y el buen humor que supo proyectar en los primeros años le atrajo muchas simpatías. Eso fue palpable en su visita pastoral a México del 12 al 17 de febrero de 2016, cuando recorrió cinco entidades del país. Entonces enfatizó su interés por la protección a los migrantes, al visitar tanto la frontera sur como la norte de nuestro país. Ante el fenómeno de las caravanas multinacionales de familias desesperadas, convocó a la solidaridad mundial. Su salud fue deteriorándose en los últimos años. Pero todavía pudo darse el gusto de despedirse de su grey el pasado 20 de abril, un día antes de morir, mediante su bendición de pascua y una vuelta triunfal a la plaza de San Pedro. El día de ayer, jueves 8 de mayo, nos enteramos de que el cónclave de 133 cardenales eligió al estadunidense Robert Francis Prevost (1955) como el nuevo papa León XIV.. Un prelado hispano hablante (vivió en el Perú), con una trayectoria interesante, con cercanía al papa Francisco (https://t.ly/bR8oo). Al parecer, la ola reformista continuará algún tiempo en los añosos muros del Vaticano. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond

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De Colombia para México Luis Miguel Rionda (*) Recuerdo vivamente cuando, allá por los años ochenta, leía y escuchaba testimonios de las víctimas de la violencia delincuencial en Colombia, país con el que tanto compartimos los mexicanos en términos culturales e históricos. Recibíamos como ecos lejanos las crónicas de los miles de asesinatos a manos de los narcos y sus cárteles de Cali, de Medellín y otros; sus enfrentamientos con el ejército y la policía nacional; los bombazos y los asesinatos arteros de políticos y empresarios. Líderes como Pablo Escobar mantenían el control no sólo sobre el tráfico de la cocaína, sino también de la política nacional. La guerra contra las drogas, declarada por el presidente norteamericano Nixon en junio de 1971, respondía al descontrol en el consumo de estupefacientes blandos y duros a partir de las guerras de Corea y Vietnam. El ejército de los EEUU impulsó su consumo entre sus tropas, y tuvo el efecto colateral de la continuidad de la adicción a su retorno a su país. Con ello también se provocó la violencia callejera y la consolidación de redes de tráfico continental para proveer la enorme demanda de los consumidores gringos. La percepción que se tenía desde México era que nuestro país sólo cumplía una función marginal en ese proceso, y que nunca se llegaría a los extremos colombianos. Aquí se producía y exportaba mariguana y amapola, pero a niveles artesanales. La mota sólo ayudaba a complementar la economía de las comunidades rurales, y los pocos grupos organizados, como los nacientes cárteles de Sinaloa y Guadalajara, eran subsidiarios de los poderosos cárteles colombianos. Por su parte, las guerrillas mexicanas y colombianas abandonaron sus banderas políticas y sus tácticas de lucha, y abrazaron el tráfico de drogas. Eso impulsó la violencia criminal al otorgarles cierta legitimidad social, que les ha permitido a los violentos asumirse como protectores y benefactores en espacios sociales deprimidos. A la vuelta del siglo mucho cambió: el éxito colombiano en su combate a los cárteles basculó las ventajas que éstos habían mantenido, y su posición dominante fue ocupada por las crecientes organizaciones mexicanas, que además se beneficiaron mucho por las nuevas facilidades para el tráfico que se abrieron con el tratado de libre comercio. La cercanía y permeabilidad de la frontera, así como la accesibilidad a los litorales norteamericanos, potenció nuevas rutas y nuevos actores. Hoy padecemos en México los extremos de la violencia y el terror que torturaron a Colombia. Centenares de fosas clandestinas siguen saliendo a la luz en la mayor parte del territorio nacional. En los primeros meses de la administración Sheinbaum se ha registrado un promedio de mil desapariciones al mes. Cientos de miles de mexicanos han sido exterminados por la delincuencia desde 2012, y de muchos no se recuperan sus cuerpos. Vivimos sumergidos en un terror que desconocíamos desde la violencia revolucionaria. Qué tristeza. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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