Columna Diario de Campo

Rebelión Criminal Luis Miguel Rionda (*) Es inevitable abordar en esta nota de mi diario de campo los sucesos que padecimos el domingo 22 pasado: la captura violenta de Nemesio Oseguera “El Mencho”, líder máximo del cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), y la sublevación de los criminales bajo su nómina en 22 entidades del país, que se tradujo en 252 narco bloqueos, docenas de comercios incendiados y centenares de vehículos calcinados. Las bajas en vidas humanas sumaron 25 guardias nacionales, un custodio, un agente de la fiscalía de Jalisco —Honor honori debitus—, 30 civiles armados —posibles soldados del CJNG— y una civil inocente. Las cifras son aún tentativas, porque en la semana se actualizaron todos los días. Harfuch dixit (https://t.ly/aAdkN). Los detenidos en flagrancia suman setenta, 48 de ellos en Guanajuato, cuatro de ellos bajo el cargo de terrorismo. Pero 23 criminales se fugaron de un penal de Puerto Vallarta gracias a la irrupción de un grupo armado (https://t.ly/f8N3S). Me alegra que en mi estado se haya reaccionado bien a la ola violenta y que se haya apresado a tantos malandros (https://t.ly/Ujd3t). Ojalá que las investigaciones posteriores permitan capturar a los jefes de plaza y al resto de los perpetradores. Nunca en mi ya larga vida había yo presenciado una insurrección de tanto calado. Los últimos hechos violentos en el Bajío fueron los enfrentamientos de la Cristiada de los años veinte, y sus secuelas bandoleras en los treinta. Mi abuelo paterno Isauro Rionda Liceaga fue militar, capitán de caballería en el batallón Primer Ligero de Guanajuato, y participó en algunas escaramuzas en esos años, incluyendo el rescate del ingeniero Lambert en Guanajuato capital, de manos de unos cuatreros secuestradores pseudo cristeros. Esa es la historia familiar más antigua que conservo de violencia criminal de gran escala, a cien años de distancia. La violencia social de este nivel es una novedad para mi generación boomer, y lo es mucho más para los de la X, los millenials y demás etiquetas. La guerra urbana toca a nuestras puertas en gran parte del país, incluyendo los antes pacíficos y aburridos pueblos del Bajío. Todo comenzó sin sentirse, con el tráfico de drogas en los ochenta y noventa, cuando México sólo era lugar de paso de opioides y coca —sólo se producía localmente amapola y mariguana—. Pero la demolición de los cárteles colombianos provocó que las pocas bandas de narcos mexicanos tomaran el control no sólo del traslado, sino también de la producción de drogas sintéticas más duras, como las metanfetaminas y el fentanilo. La creciente dificultad para el trasiego internacional hizo que se exploraran alternativas locales para financiar los expansivos grupos criminales mexicanos: la extorsión, el consumo local, el secuestro real y virtual, el asalto armado, el asesinato y las desapariciones… En fin, los impuestos y derechos no estatales, un peso adicional para la gente de bien, que en el proceso ha perdido su seguridad, sus bienes y sus vidas. Bravo por los ejecutores civiles y militares. Hago votos por que el Estado mexicano recupere su monopolio legítimo de la fuerza y que sostenga el combate frontal contra el crimen y sus operadores. Por el bien de todos, primero los buenos…     (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Luis Miguel Rionda (*   Últimamente me he involucrado con los instrumentos de la denominada Inteligencia Artificial (IA). Lo hago por necesidad no sólo de mantenerme actualizado, sino porque en mi trabajo cotidiano de investigación social con frecuencia me he sentido apabullado por la creciente cantidad y dispersión de información de los repositorios informáticos, que son cada vez más accesibles, pero a la vez más caóticos para quienes no cuenten con apoyos para enfrentar esa abundancia. Yo me formé académicamente en los años setenta y ochenta, cuando me introduje en los métodos de acceso y sistematización de información que existían entonces: los ficheros, las bibliotecas, los archivos, el registro manual o mecánico de la observación, etcétera. Mi tesis de licenciatura es un monumento a la artesanía del conocimiento: basada en mis notas y diarios de campo manuscritos, con dibujos, mapas y tablas hechas con mis escasos talentos gráficos. Las fichas de papel se acumulaban, para de ahí brincar a la redacción, también manual, que luego mecanografiaba en una vieja Remington de mi abuelo, con uso intensivo de corrector líquido y limpiador de tipos. Los gráficos los tiré a tinta china en papel milimétrico; los mapas y planos los dibujé haciendo uso de mis escasos talentos ingenieriles; incluyendo fotografías en blanco y negro que yo mismo revelaba; etcétera. Cuando se aprobaba el documento se procedía a fotocopiar y engargolar. Todo manual. Mi primer contacto con la tecnología informática en esos años fue frustrante y limitado, por la necesidad de manejar algún lenguaje de programación. Esto cambiaría en los ochenta con el arribo de la PC y la paquetería, donde se incluían los primeros procesadores de textos, hojas de cálculo y manejadores de bases de datos. Con esos nuevos recursos mi experiencia de investigación en la maestría fue radicalmente diferente y estimulante. Fue muy fácil hacer correcciones sobre la virtualidad de una pantalla, sin volver a mecanografiar todo. Mi tesis la publicó como libro el INAH, y el proceso editorial fue sencillo y rápido. A partir de ahí se inició una avalancha de novedades en las tecnologías de la información y la comunicación: el internet, el correo electrónico, la red global www, las consultas a distancia de repositorios, y el enriquecimiento de la virtualidad mediante recursos gráficos e intuitivos. En la primera década del nuevo siglo irrumpieron las redes sociales, entre las que se contaron muchas de corte profesional y académico. Nunca fue tan fácil comunicarse en tiempo real con colegas e instituciones de todo el mundo. Luego, con la pandemia, se desató una explosión de presencialidad virtual a distancia, que llegó para no irse más. Hoy día gran parte de mis encuentros académicos son virtuales sincrónicos. La IA me tiene sorprendido. El uso de SIRI y ALEXA ya me tenía maravillado, pero la irrupción del ChatGPT y la OpenAI, más las secuelas múltiples que les compiten, y sus aplicaciones concretas en la solución de problemas cotidianos, me convencieron de que, al contrario de lo que muchos temen, ese nuevo recurso nos facilitará muchos procesos que hoy nos agobian por su cantidad, monotonía o complejidad. En mi campo, por ejemplo, la búsqueda de textos recientes o antiguos sobre un tema de estudio. Esa labor absorbía tiempo y recursos, cada vez más escasos. Hoy la IA te recolecta no sólo las referencias, sino también la vía de acceso al documento original, y te brinda reseñas y borradores. Con esta ayuda, los investigadores podremos concentrarnos en el análisis comparado, para multiplicar la productividad, la actualidad y la pertinencia. Buenas noticias.

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Mi Amigo Luis Lauro   Luis Miguel Rionda (*   El sábado 17 de enero pasado murió un queridísimo amigo mío: el politólogo y comunicador neoleonés Luis Lauro Garza Hinojosa (n. 1958), destacado académico, escritor, promotor cultural, gran bohemio y bon vivant. Vivió y murió en su amado Monterrey, aunque era nativo de Tamaulipas –nació en Ciudad Camargo–. Luis Lauro fue el personaje más “regio” que he conocido: simpático, echado para adelante, profundo conocedor y practicante de las calidades humanas que distinguen a los norteños de cepa. Lo conocí en sus tiempos de académico de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Esto fue en septiembre de 1993, con motivo de nuestra asistencia al seminario Changing political traditions in Mexico, organizado por la Universidad de Tulane, en Nueva Orléans. Entonces la transición democrática mexicana llamaba mucho la atención internacional, en particular lo que sucedía en los niveles “subnacionales”, donde se experimentaban ya las alternancias en municipios y en entidades. Luis Lauro expuso el caso neoleonés y yo el de Guanajuato. Fue muy estimulante intercambiar ideas con este gran personaje, tan conocedor y bien dotado de capacidad comunicativa. A partir de entonces, fue frecuente que coincidiéramos en foros académicos donde se abordara el tema de la transición. Pero el más importante espacio que compartimos fue el de los encuentros anuales de estudios electorales que se realizaban en diferentes lugares de México. Ese fue el germen de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales, la SOMEE, que se formalizó como asociación civil en 1998. Cada año me volvía a encontrar con Luis Lauro en los congresos nacionales e internacionales de la SOMEE; el último fue en octubre pasado, en Medellín, Colombia. Hay que decir que, con el tiempo, Luis Lauro se convirtió en el comunicador ex oficio de nuestra asociación: reporteaba y entrevistaba a los congresistas, tanto a los viejos amigos como a los jóvenes electorólogos. Sus materiales están accesibles en el canal de Youtube de La Q (@LaQmex), el último medio de comunicación que fundó. En los albores de este siglo Luis Lauro dejó la academia para dedicarse totalmente a la comunicación. Para ello fundó su gaceta digital 15diario.com.mx, y pronto su revista mensual La Quincena, que ha acumulado 20 años y 237 números. Esos, y otros muchos proyectos editoriales y de difusión de la cultura regiomontana, lo convirtieron en un referente comunicacional en el norte mexicano. Pero no se limitó a esa región, y con frecuencia generaba contenidos que tenían relación con el resto del país, como su programa de análisis político Por la República. Su trabajo le valió el Premio Estatal de Periodismo «Francisco Cerda Muñoz» en la categoría Periodismo Digital. Tuve el placer de colaborar en algunas de sus aventuras comunicacionales desde hace, creo, 25 años. Aunque no coincidíamos en ideología, nunca me impuso cortapisas y me publicó sin condiciones. Era un practicante de la pluralidad y el pensamiento abierto. Un hombre que dejó huella en todos los que lo conocimos. Extrañaré sus charlas, tan divertidas, y su don de gentes. El cariño que desparramó por doquier le está siendo correspondido.         (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRi

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Luis Miguel Rionda (   La reforma electoral que hoy cocina la 4T parece confirmar nuestros peores temores. A pesar de 65 foros consulta organizados por la Comisión Presidencial para la Reforma Política, en los que participaron 5 mil 294 ponentes, más 346 propuestas recabadas mediante la plataforma electrónica de esa comisión (https://t.ly/Lxm0q), a las que se suman las propuestas recibidas en los 17 foros organizados por la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, y las 204 propuestas planteadas por el INE (https://t.ly/bWv2s), todo apunta a que tendrán el destino previsible: la basura. Al parecer la comisión mantendrá los objetivos originales del régimen autócrata que hoy gobierna: desaparición de las posiciones plurinominales en el Congreso de la Unión, desaparición de los organismos electorales locales, desaparición de los tribunales electorales locales, disminución del financiamiento público a los partidos, socavamiento de la autonomía de los organismos electorales, elección de consejeros electorales por la vía electoral, etcétera. Pablo Gómez, arcaico presidente de la comisión presidencial, fue explícito: él no cree en la autonomía de los órganos electorales, “eso es para las universidades”, dijo. Su visión estalinista le hace concebir al nuevo orden político como un bloque ideológico homogéneo, donde la representación se limite a los cobijados por la hegemonía del partido de Estado. La competitividad y la alternancia se nulificarían mediante medidas legislativas, y de ser necesario, represivas. Nada fuera del Estado, todo dentro del Estado. Un mundo feliz, de dictadura del proletariado (mejor dicho, de sus paladines), donde la justicia social se traduzca en el reparto de la pobreza. La reforma electoral que se cocina desde los poderes públicos confiscados puede significar el último clavo del ataúd de la joven democracia mexicana. El camino de la esperanza compartida se verá interrumpido, y se abrirá un nuevo capítulo del inveterado autoritarismo que hemos padecido durante cinco siglos. Regresaremos al régimen del partido hegemónico que ahoga a la sociedad a la que parasita. En el panorama actual sólo se vislumbra una rendija de esperanza: la nueva geopolítica internacional. La emergencia de un nuevo poder imperial, abusivo y beligerante, con el liderazgo de un personaje extravagante y pragmático como Trump, puede provocar reacciones de cautela, incluso miedo, en la nueva élite del poder en México. El arresto del criminal Maduro, con las amenazas trumpianas de intervención militar para combatir a los cárteles mexicanos, están induciendo reacciones interesantes en los narcopolíticos mexicanos, que ahora se sienten vulnerables y temerosos ante el nuevo buleador del barrio. Quiero pensar que la intolerancia gringa ante los gobiernos pseudo de izquierda en el continente, tendrá un efecto inhibidor de las tendencias autocráticas en esos países. Parece que se confirma el dicho de que un clavo saca a otro clavo. Por lo pronto, a los que creemos en la democracia como el mejor orden para la convivencia y armonía sociales, no nos queda más que continuar organizándonos en nuevas opciones políticas ciudadanas, como la que impulsamos desde SomosMX.     (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiondagj

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Pobre Venezuela   Luis Miguel Rionda (*) La madrugada del sábado 3 de enero, el año 2026 se estrenó con la estridencia del ataque armado de las fuerzas de los Estados Unidos sobre el territorio de la sufrida Venezuela. Todo ello bajo la pueril excusa de hacer prisionero al presidente de facto de ese país, el fantoche y chanflón Nicolás Maduro y su anciana esposa, ambos considerados con acierto como delincuentes de alta peligrosidad. Una cantidad apabullante de recursos bélicos se desplegó por dos horas en Caracas y alrededores, neutralizando con enorme efectividad tecnológica los recursos de defensa de un gobierno militarizado e inepto, que se pasmó y paralizó, a pesar de la retórica bravucona de su líder y su llamado general a las armas, en preparativo contra la invasión que él nunca creyó posible. El tirano exhibió su escondida debilidad humana. Sin el poder, el rollizo grandote y bigotón lució apocado y desubicado. Experimentó en carne propia lo que debieron padecer sus miles de perseguidos, encarcelados y desaparecidos. Por supuesto, sin el componente de la tortura física y la violación de derechos básicos, que él ordenó aplicar a sus conciudadanos antagonistas. El matrimonio Maduro gozó de las consideraciones de agentes de la ley profesionales, que les trataron con firmeza, pero con respeto. Suerte la suya. Por supuesto, yo rechazo con énfasis el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Sobre todo, cuando las motivaciones reales responden a intereses económicos o de dominación, como fue el caso de esta agresión. La incursión tuvo como objetivo desplazar a un déspota que ya resultaba infuncional para el imperio, y sacar provecho material de la situación. Nunca se pensó en impulsar el retorno a la democracia y al desarrollo de una nación que perdió sus libertades en manos de una padilla de feroces bandoleros, disfrazados de salvadores bolivarianos del pueblo. El derecho internacional que se impuso al término de la segunda guerra mundial, expreso en la declaración de las Naciones Unidas de 1942, ampliada en 1945 y 1948, tuvo como objetivo evitar nuevas confrontaciones mediante el establecimiento de mecanismos de diálogo y resolución de conflictos, que más o menos funcionaron a lo largo de la llamada guerra fría y en el periodo de expansión de las democracias. Pero a partir del arribo al poder de Vladimir Putin en Rusia (2000) y Donald Trump en los EUA (2016) el modelo ha hecho crisis. Muchas agresiones internacionales se han perpetrado desde entonces sin que los mecanismos, como la ONU y otros, hayan podido hacer gran cosa, más que declaraciones. La ONU, con 193 naciones, está secuestrada por un consejo de seguridad de 15 países, cinco de los cuales tienen poder de veto. Ese diseño es arcaico, inoperante y antidemocrático, pero funcional para las potencias militarizadas. Para colmo, y por decisión de Trump, a partir de antier los EUA se han retirado de 66 agencias internacionales, la mayoría dependientes de la ONU, que además ve amenazada su propia existencia. Ni siquiera la belicista OTAN se salva, pues también ha sido objeto de las imposiciones del copete naranja. Lo poco bueno de la situación es que se abre una rendija para una eventual liberación del pueblo venezolano del yugo de sus demonios internos. Pero se avizora que el proceso, si se da, será lento y excluyente. A los gringos no les interesa liberar a nadie, ni propiciar la mejora del país agredido. Quieren controlar su petróleo y así joder a las potencias rivales. Pobre Venezuela, tan lejos de Dios y tan cerca de Trump              

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El Odio Naranja Luis Miguel Rionda (*)   En estos tiempos de vacaciones académicas, y por pura casualidad, anteayer se me ocurrió sintonizar CNN en mi tele, buscando noticias sobre Venezuela. Me topé con que se estaba anunciando la emisión de un mensaje del presidente Donald Trump, el primero en vivo y en directo, en esta su segunda gestión en la Casa Blanca. Ingenuo, supuse que daría a conocer alguna decisión de trascendencia, de calado nacional o internacional. Con curiosidad me mantuve atento hasta que inició el manifiesto. Sólo lo hice porque me sobraba el tiempo, pues no me cae bien el sujeto anaranjado, con cara de retortijón. Los políticos de carrera suelen ensayar con cuidado la forma y el fondo de sus discursos ante la gran audiencia televisiva. La idea es provocar sentimientos de identidad, simpatía y entusiasmo, o bien, si se trata de asuntos graves, convocar a la solidaridad, al sacrificio y a la unidad nacional, como lo hicieron grandes tribunos como Winston Churchill, ante la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940 (“no tengo nada qué ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas”); o Franklin D. Roosevelt el 8 de diciembre de 1941, un día después de “la fecha que vivirá en la infamia”, cuando se declaró la guerra al “imperio del Japón”. Grandes piezas de elocuencia patriótica, plenas de energía y voluntad compartida. En México no nos hemos quedado atrás con nuestros líderes oradores: todavía recordamos el discurso de Lázaro Cárdenas del 18 de marzo de 1938, cuando se nacionalizó el petróleo, o a Luis Donaldo Colosio el 6 de marzo de 1994 (“veo un México con hambre y con sed de justicia…”), o los muchos pregones de los tribunos de oposición en ambas cámaras. La retórica es un recurso que afianza el liderazgo, o lo contrario: hunde en el oprobio. La arenga que escuché el miércoles fue de este último tipo: un rollo plagado de odios y escupitajos contra todos y todas (en esto sí es muy incluyente el güero). Autoelogios sin límite, aderezados con afrentas contra el buen Joe Biden. Un montón de descalificaciones contra sus rivales, que ya no se sabe si se limitan a los demócratas o incluyen a sus copartidarios. Añadiendo xenofobia odiosa, al extremo de asegurar que la mitad de los inmigrantes indocumentados son delincuentes fugados, retrasados mentales, drogadictos y viciosos irredentos, que abusan de la bondad e ingenuidad de “América” (ese país sin nombre que se ha apoderado del topónimo). Me sentí personalmente ofendido al escuchar su caterva de prejuicios contra los que no son como él (afortunadamente). ¡Qué forma de odiar! Me pregunto cómo puede soportarse a sí mismo. O mejor: ¿cómo lo soportan sus cercanos? ¿Melania, Ivanka, Barron..? Para mí es un misterio. No mantuve mi atención los largos veinte minutos de improperios. Tampoco cambié de canal: soy morboso. Me da pena por esa gran nación, la cuna de las libertades democráticas y del liberalismo/capitalismo, que a la fecha sigue siendo el mejor sistema de convivencia civilizada que se ha dado la humanidad. La libertad democrática permite que incluso personajes profundamente autoritarios como este magnate odiador, lleguen al poder. Pero el sistema tiene sus propios anticuerpos, que se desatarán en la siguiente elección. Al tiempo. Esta columna toma un par de semanas de vacaciones. Nos leemos el próximo viernes 9.

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De Cacería Luis Miguel Rionda (*) El servicio público, desde una óptica aristotélica, exige una moralidad superior a la del ciudadano promedio. En su Ética para Nicómaco, Aristóteles aseguró que el comportamiento ético no es solo un entendimiento teórico, sino que se debe tener “experiencia de las acciones en la vida” y haber sido “educada en buenos hábitos” para volverse buena. La persona pública debe ser virtuosa, para lo cual “debe hacer cosas virtuosas”. No sólo parecer ser bueno, sino serlo. No hay político que reconozca sus falencias, sus debilidades, sus corrupciones. Todos y todas se asumen virtuosos y moralmente superiores. Pero la maldita realidad eventualmente los desnuda ante sus seguidores, para el gozo de sus detractores. Digo lo anterior motivado por la terrible contradicción en que ha caído un aspirante a líder, un joven que ha sido empujado por sus padres a integrarse a la dinastía que gobierna el municipio de Guanajuato capital desde 2018. El chico, Saúl Navarro Smith, fue designado por su madre Samantha, hoy alcaldesa, como presidente del sistema DIF de esa capital. El orgullo de su nepotismo. No es un puesto menor, porque el organismo paramunicipal ejerce recursos por más de 36 millones de pesos al año, sin contar salarios (cuenta pública 2024). En un gobierno donde laboran más de mil 600 personas, el DIF debe involucrar el esfuerzo de muchos trabajadores. Una enorme responsabilidad para un joven de 27 años, que está encaminado a mantener la sucesión familiar por cuarta o quinta ocasión en el poder municipal. El martes 9 pasado se difundió una denuncia signada por cuatro importantes asociaciones ecologistas y de protección animal de Guanajuato, sobre la presunta cacería en que participó el titular del DIF. Se acompañó con una impactante fotografía donde siete integrantes de la familia Smith posan jocosos alrededor de un par de jóvenes venados, recién muertos por esos aficionados a la cinegética. Todos visten vestuarios de camuflaje, no de senderismo. En sus sonrisas es evidente el placer que encuentran en matar por diversión. Uno de ellos es Saúl, que sostiene con orgullo la cornamenta del venado más grande. En su primer informe de gobierno, la alcaldesa aseguró que: “En el gobierno municipal, entendemos que el respeto hacia los animales es reflejo de una sociedad consciente y solidaria. Por ello, a través del Centro de Control y Asistencia Animal, impulsamos una cultura de tenencia responsable, medicina preventiva y protección animal, beneficiando tanto a las mascotas como a la salud pública” (p. 219). Llama la atención que el responsable de una de las áreas más humanitarias de una administración que se presume sensible al dolor animal, participe (activa o pasivamente) en una actividad necrofílica, plena de crueldad inútil. Su sonrisa exhibe sadismo. No hay inocencia ni indiferencia, sino complicidad. No hay virtud ni honor. Los gobernantes y representantes deben asumir que al dedicarse al servicio público aceptan someterse al escrutinio de sus conductas privadas con más profundidad. Porque no sólo deben parecer virtuosos, sino serlo. Y eso es un gran reto.         (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda  

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Aniversario y presea   Luis Miguel Rionda (*)   Hace trece años, un tres de diciembre de 2012, murió mi padre, el maestro Isauro Rionda Arreguín. Él fue cronista de la ciudad de Guanajuato desde 1979 hasta junio de 1987, y desde febrero de 1989 hasta su deceso, por un total de 31 años. Fue fundador de la Asociación de Cronistas del Estado de Guanajuato en 1993, que se convirtió en su proyecto de vida luego de su jubilación en enero de 2004. Logró consolidarla gracias a una incansable labor de convocatoria y organización, con reuniones mensuales en los municipios que sí atendieron su invitación de designar formalmente un cronista local. Desde 2013, los miembros de esta asociación se reúnen cada año en la ciudad de Guanajuato para conmemorar la partida de su fundador. Al principio lo hicieron en el jardín de El Cantador, al pie del busto de bronce que el ayuntamiento colocó poco después de su deceso. Luego lo hicieron en la casa de la cultura, institución cuya fundación promovió cuando le tocó ser regidor (1995-1997). Este año el homenaje se realizará en las instalaciones del Archivo General del Estado, que dirige la historiadora Susana Rodríguez Betancourt. Este archivo también fue consolidado por el maestro Rionda, quien lo recibió en 1978 casi en calidad de bodega de papeles viejos, concentrados en una casa derruida ubicada frente al Teatro Principal (Cantarranas 7): una auténtica bomba de tiempo incendiaria. Primero organizó y clasificó los fondos atiborrados. Luego convirtió el bodegón en centro de investigación. Gracias a sus buenos oficios y a la sensibilidad intelectual del gobernador Rafael Corrales, se dotó al archivo de un magnífico edificio propio, diseñado ex profeso como moderno repositorio documental. Esto sucedió en 1989. La asociación de cronistas es hoy presidida por el joven historiador Eduardo Vidaurri Aréchiga, cronista de Guanajuato capital. Desde 2016 esta agrupación, que hoy integra a cronistas de 42 municipios de la entidad, instituyó la presea “Isauro Rionda Arreguín”, que en esta su novena emisión se otorgará al cronista de Romita, el maestro Josué Bedia Estrada (1943), uno de sus decanos (2008). Un notable personaje que ha desarrollado varias facetas: abogado, político, notario, ecologista (fundó en 1988 el Movimiento Ecologista Mexicano de León), periodista, luchador social (defensor del agua), profesor, conferencista y escritor (destaca su serie de cinco volúmenes denominada Ecos de lejanas voces). Y por supuesto: patriarca de familia y extraordinario conversador. La asociación de cronistas ha tenido una destacada labor de publicación y difusión de los saberes históricos y memorísticos de las localidades y regiones de nuestra entidad. Muchos de sus productos están disponibles en su página electrónica: cronistasdeguanajuato.com. Destaca la colección de monografías históricas municipales del bicentenario, que coordinó mi padre y publicó el gobierno del estado en 2010 (https://t.ly/HFkTB). La invitación al evento es general. Nos vemos en el homenaje y entrega de presea al mérito al cronista este sábado 6 a las 9:30 h en el Archivo General del Estado, entre las calles Insurgencia y Alhóndiga de la ciudad de Guanajuato.

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Ciudadanos en rebeldía Luis Miguel Rionda (*) Dos eventos recientes han significado un cataclismo político para el gobierno federal morenista, como nunca antes en sus siete años de hegemonía: el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, el primero de noviembre pasado, y la inopinada marcha masiva del 15 del mismo mes, a la que convocó la llamada generación Z, que fue reprimida en la Ciudad de México por los no-existentes granaderos y sus cómplices del “bloque negro”, dependientes ambos del gobierno capitalino (https://t.ly/TtlXB). Desde esas fechas los integrantes de la mal llamada 4T, comenzando por la presidenta de (no todos) los mexicanos, han trastabillado en no pocas situaciones, evidenciando que son incapaces para el diálogo, la inclusión y el respeto por el divergente. El operativo del día 15 se planeó como auténtica trampa de represión y descrédito contra los jóvenes y los no-tan jóvenes que hubieran podido llenar sobradamente la plancha del Zócalo. Esa reacción autoritaria ha volcado a las y los chavos, sobre todo los estudiantes, en contra de un régimen que se dice de izquierda, pero que no dudó en golpear a dos docenas de ellos y fabricarles delitos terribles. Esta represión despertó a los jóvenes Z, centennials y millennials, y los zafó de su indiferencia política previa. Hoy están enojados, como se lo hicieron saber -a gritos- en Guanajuato a Fernández Noroña. Ahora se suman los campesinos, los agricultores y los transportistas, que bloquean carreteras demandando sus derechos básicos: seguridad en las carreteras, no ser víctimas de extorsión, que sus productos sean pagados con justicia, y que el gobierno los escuche con respeto y que aplique la ley. Con torpeza, otra vez la 4T pierde uno de sus puntales y referentes sociales. Miles, millones tal vez, de apoyadores se sienten defraudados. Ante esta situación los partidos de oposición se evidencian rebasados. Son incapaces de interpretar las señales, y convertirse en alternativas para los desencantados. El PRD desaparecido, el PAN en regresión ultramontana y el PRI secuestrado por una dirigencia pedestre y autoritaria Por eso no sorprende el ímpetu que han cobrado las asambleas distritales del proyecto de partido político SomosMX. Hasta hoy son ciento ochenta y una asambleas exitosas, de las 200 que se requieren, que muestran cómo las y los ciudadanos enfadados buscan una alternativa honesta, horizontal, incluyente y vigorosa, para hacer frente a los desvaríos de un “movimiento” que ha entrado en descomposición interna, corrupción rampante y cínica, ineptitud evidente, exclusión sistémica, e incontenible ambición de poder y de dinero. Hay que salirle al paso a esta plaga. Por eso, amigo lector, amiga lectora, si vives en alguno de los municipios del distrito 04 federal (Guanajuato capital, San Felipe, San Diego de la Unión u Ocampo), te convocamos a que nos acompañes en la asamblea distrital que celebraremos este domingo 30 de noviembre, a las 9:30 h, en el Hotel Gran Plaza, ubicado en la glorieta Santa Fe de la ciudad de Guanajuato. Únete a esta fuerza emergente y conviértete en protagonista. No podemos mantenernos indiferentes ante la deconstrucción de nuestras instituciones democráticas, del menoscabo de nuestras libertades y derechos, de la exclusión de quien no comparte una ideología socialista anacrónica y castrista. Ante eso decimos: Somos México. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Marchas por la libertad Luis Miguel Rionda (*)   La política de demolición de instituciones que han aplicado las dos últimas administraciones federales ha provocado reacciones ciudadanas de rechazo, patentes en las marchas multitudinarias y pluricitadinas del 13 de noviembre de 2022, del 26 de febrero de 2023, y las del 18 de febrero y 20 de mayo del 2024. Cientos de miles de mexicanas y mexicanos salimos a las calles de entre sesenta y cien ciudades del país para exigir el respeto a instituciones democráticas como el INE, el Poder Judicial, los órganos autónomos, así como la competencia electoral en condiciones de equidad. La mayor parte de los que salimos a protestar a las calles fuimos mayores de 40 años. Los jóvenes participaron de manera marginal, pero significativa. Los denominados millenials y centenials nacieron en un entorno de paz social, con derechos salvaguardados por instituciones fuertes creadas en los últimos 30 años. La democracia electoral fue una realidad desde 1997, y se avanzaba lento, pero seguro, hacia la democracia social. Esta afirmación se soporta en la evolución del índice de desarrollo humano entre 2000 y 2022 (http://t.ly/FvHNf). Hasta el 2000 las marchas de protesta fueron patrimonio de la izquierda, primero de la izquierda militante y a partir de 1997 de la oficialista, que copió los métodos de acarreo y teatralidad de las manifestaciones multitudinarias de la vieja hegemonía priista. Pero en 2004 se volteó la tortilla: los ciudadanos comunes retomaron la iniciativa callejera cuando el 27 de junio se desplegó la enorme “Marcha Blanca” o “Marcha del Silencio” en la CDMX y otras localidades del país. El clamor social se alzó en contra de la ola de violencia criminal que ya era intolerable desde entonces, con el pasmo de las autoridades federales y locales. El jefe de gobierno López Obrador la calificó como la “marcha de los fifís”. El sábado 15 de noviembre pasado nuevamente la sociedad civil se lanzó a las calles de cincuenta ciudades del país. Pero ahora algo cambió: los impulsores fueron los chicos etiquetados como la “generación Z”, nacidos entre mediados de los años noventa y la primera década del siglo XXI: jóvenes en edad universitaria o de reciente inserción al mercado de trabajo. Ellos convocaron, pero fueron seguidos por una enorme variedad de componentes sociales y etarios: el movimiento del Sombrero, las madres buscadoras, las feministas, los trabajadores del estado y del poder judicial, la clase media informada, los agraviados por el crimen incontenible, los universitarios, los campesinos sacrificados por el mercado, los defraudados por la demagogia populista, etcétera. En Guanajuato tuvimos marchas considerables en León, Irapuato y Celaya. En la capital hubo una manifestación de alrededor de 50 chicos estudiantes de la UG, en particular de la carrera de Ciencia Política y de Derecho, que un par de días antes le habían aplicado una zarandeada de época al histriónico senador Fernández Noroña. En toda la república se vivieron jornadas de indignación y protesta, de rechazo a las políticas insanas del partido-movimiento en el poder. Pero tranquilas. Fue en la ciudad de México donde se le tendió una trampa a la movilización; el Zócalo se convirtió en una nasa de pesca: con una sola entrada y pocas salidas. El “bloque negro” se lanzó nuevamente para desvirtuar una manifestación opositora, y poder tacharla de violenta. Los policías y granaderos usados de carnada, y luego precipitados a reprimir con gases, escudos y violencia tumultuaria. Luego supimos que muchos manifestantes se convirtieron en presos del régimen. Ninguno del bloque negro.   (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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