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Luis Miguel Rionda (*) El miércoles 8 pasado, 271 aniversario del natalicio de Miguel Hidalgo y Costilla, se estrenó el nuevo himno del estado de Guanajuato. El motivo fue el segundo centenario del estatuto de Guanajuato como estado libre y soberano en el año de 1824, gracias a la primera constitución federalista. En sesión solemne del Congreso del Estado se acometió la primera interpretación formal de esta composición del joven artista Eduardo Francisco Muñoz Esquivel, profesor del ITESM campus León. El himno fue producto de un concurso al que convocó la “Comisión de Celebraciones por los 200 años de Guanajuato como Entidad Federativa, Libre y Soberana”, entre “guanajuatenses por nacimiento, por descendencia o por vecindad de por lo menos dos años”. Un requisito chauvinista que habría impedido al catalán Jaime Nunó componer la música del himno nacional mexicano en 1854. En fin, el Instituto de Cultura del Estado recibió más de 400 propuestas, de las que se seleccionó en primera fase a 71. Sin duda la convocatoria llamó mucho la atención. Pero este fue, al menos, el tercer intento de proveer a esta entidad de un símbolo de identidad épica y musical. A mediados del siglo XX, el localmente célebre maestro de música Isidro Carrillo –mi maestro en la secundaria— y el escritor Fernando Gómez González compusieron un himno a Guanajuato que durante algún tiempo se tomó como tal. Al menos es lo que recuerdo en los años setenta y ochenta. Su estilo es muy similar al himno nacional: heroico, bélico, grandilocuente: ¡Salve! ¡Salve! Marcial Guanajuato / De la patria sagrado blasón / Tus proezas de heroico arrebato / Las proclama rugiendo el cañón. Nada raro para la estética posrevolucionaria. Puede apreciarse en este vínculo: https://t.ly/87j0W Durante los festejos del bicentenario en 2010 se emprendió el siguiente intento. La comisión respectiva encargó al popular cantautor Enrique Guzmán Yáñez, mejor conocido como Fato, un himno para Guanajuato, que se montó en una producción en video que fue muy difundida. Creo que la amistad de Fato, avecindado en Guanajuato capital, con el Guanajuateño Luis Mario Santoscoy, célebre productor de Televisa, facilitó esta intervención del artista. Sin embargo, con el tiempo se olvidó el tema, que nunca me pareció especialmente bueno. Valóralo en: https://t.ly/Yp_qU Entiendo que se haya vuelto a plantear el tema, y me alegra que haya tenido un buen término con un himno grato (http://t.ly/5LsKt). La música tiene ritmo de vals romántico, muy a la Juventino Rosas, y la letra es sencilla pero inspiradora, con símbolos que sí identifico en nuestros espacios serranos y abajeños: callejones, barro y madera, tradiciones, plata… También valores como honestidad, unidad, paz, verdad, sentimientos, independencia, consciencia, unión. No tardarán los críticos en señalar las aparentes referencias al régimen panista actual, como la máxima cristiana de Pablo de Tarso “Unidos somos más fuertes”, o el concepto de “Grandeza” tan querido de esta administración. Pero también me alegró encontrar la rúbrica “Todos somos Guanajuato” que enarbolamos los miembros del movimiento que defendió La Bufa en 2010, ahora una asociación civil homónima a la que me honro pertenecer. Por cierto: ¿Qué pasará cuando los “46 luceros” sean 47, 48…? (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Voto y Libertad sindicalLuis Miguel Rionda (*) El primero de mayo siempre es una fecha propicia para la reflexión sobre la importancia del trabajo en la vida social, económica, política y cultural al interior de los conglomerados sociales, las naciones y los pueblos. En México no podemos ser distintos. El factor trabajo siempre ha estado presente en la forja de nuestra nación. Tanto, que los gobiernos de la posrevolución hicieron un enorme esfuerzo por mantener una alianza política con las distintas organizaciones obreras, campesinas y populares, en particular los sindicatos y las organizaciones gremiales. El partido de la revolución (PNR-PRM-PRI) favoreció la organización de los factores de la producción, pero puso un especial énfasis en la corporación de obreros y campesinos, particularmente en los tiempos de Cárdenas, Ávila Camacho y Alemán. El 24 de febrero de 1936, con la bendición del presidente, los cuatro lobitos fundaron la central obrera CTM. Dos años después, el 28 de agosto de 1938 se creó la CNC, que aglutinó a organizaciones campesinas de todo el país. Cinco años después, el 28 de febrero de 1943, se estableció la CNOP, ya en tiempo del general Ávila Camacho y su política de “unidad nacional”. Fue el estado quien organizó a la sociedad y a los actores de la producción; esas corporaciones no fueron productos de la organización de base. Con el control de esos “sectores”, el partido hegemónico aseguraba el voto corporativo, en masa, fuente del poder de líderes que se eternizaron en las conducciones, en particular en los sindicatos. El sindicalismo independiente existió, pero débil y aislado, incluso combatido por el estado. El modelo del estado/partido corporativo se mantuvo muchas décadas, hasta que la alternancia en el poder presidencial socavó las razones de su vínculo. El PRI fue perdiendo el voto corporativo y lo cedió en un primer momento al PAN y al PRD, y en tiempos recientes a Morena. Todos los partidos políticos han buscado construir su propio voto corporado con base en el reparto de favores políticos mutuos. Incluso el partido liberal por excelencia, el PAN, que siempre le apostó a la construcción de ciudadanía con el rechazo al clientelismo, terminó construyendo su propia base orgánica con asociaciones civiles, corporaciones gremiales y empresariales, sindicatos patronales, colonos, y demás colectivos bajo el control de caciques que comercian el voto por consigna de sus seguidores. Hoy día el voto corporativo, a través de sus liderazgos, opta por el mejor postor. Llama la atención que la CTM, el SNTE, el STPRM y otros sindicatos históricamente priistas ahora se alinean entusiastas con el partido de la 4T. Sus dirigencias nacionales han expresado su apoyo a Morena y sus candidatos, pero a nivel local negocian con los pocos partidos que mantienen enclaves estatales o municipales, como en el caso de Guanajuato. Me impacta encontrar todavía este tipo de expresiones predemocráticas, donde los líderes asumen la titularidad de las preferencias políticas de sus agremiados. La libertad sindical debe ejercerse con plenitud hacia afuera y hacia adentro, reconociendo a cada cófrade su libre albedrío. La unidad no significa unanimidad. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Ruido y ciudad Luis Miguel Rionda (*) La ciudad de Guanajuato, donde he habitado la mayoría de mi existencia, es una entidad urbana con condiciones muy especiales. Nacida de las bonanzas mineras de los siglos coloniales, pero en particular el opulento XVIII, con el tiempo y las revoluciones fue perdiendo población y medios de vida, para entrar en una pobreza que puso en riesgo su viabilidad, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX. Pero la ciudad sobrevivió gracias a tres recursos: ser el asiento de los poderes estatales, haber heredado y preservado un patrimonio monumental de gran hermosura, y albergar al principal proyecto de educación superior en el estado desde 1732: el antiguo colegio jesuita de la Santísima Trinidad, devenido en el colegio felipense de la Purísima Concepción en 1785, y finalmente en Colegio del Estado en 1870. Antecedente éste de la actual Universidad de Guanajuato, fundada en 1945. El clima de pequeña provincia ilustrada con aspiraciones cosmopolitas ayudó a que en los años cuarenta se haya integrado un conjunto de intelectuales, artistas y académicos locales que impulsaron un proyecto inédito de producción y difusión de las artes y las ciencias. Ese grupo de hombres y mujeres, apoyados por la universidad y el gobierno estatal, inició un fenómeno prodigioso: el arte y la cultura constituidos en recursos para salvar a una ciudad alicaída, pero orgullosa de su pasado y de su peculiar arquitectura. Guanajuato encontró la cuarta veta para sostener su futuro: el turismo, que comenzó a fluir desde los años cincuenta y que no ha hecho más que crecer. Tanto, que hoy se ha convertido en un problema; muy similar, por cierto, a las problemáticas que padecen ciudades con vocación turística como Venecia, Florencia, Roma, Atenas, París, Córdoba, El Cairo y muchas más. Uno de los problemas que aquejan a estas urbes tan visitadas es el ruido. La bulla causada por las actividades lúdicas que se desarrollan alrededor de estos flujos de fuereños, ávidos de diversión y vivencias al límite. Los espacios públicos y privados se llenan de ruido hasta la exageración. Recordemos los recientes sucesos en las playas de Mazatlán, desbordadas de conjuntos de tambora, redova y vientos. El derecho a la tranquilidad de los habitantes, e incluso de muchos visitantes, se viola flagrantemente, sacrificado en favor del derecho a ganarse el sustento por parte de los perpetradores. Pero a qué costo. Escribo estas líneas motivado por el incidente reciente suscitado en la Plaza de San Roque en Guanajuato capital: un grupo de rock programado por la dirección de cultura del municipio exasperó a un vecino notable de la plaza, hombre sabio y de edad, quien salió a exigir moderación en el volumen del concierto. Fue recibido con burlas e insultos por parte del conjunto musical y del público de mozuelos, que demandaban poder hacer su voluntad en un espacio público. El altercado terminó con el destacado arquitecto, defensor del patrimonio de la ciudad, derribado en el suelo y siendo objeto del escarnio público. El municipio publicó algo que quiso remedar una disculpa al injuriado. Pero creo que debió reconocer su omisión al no hacer respetar el Bando de Policía y Buen Gobierno, vigente desde 2009, en sus artículos 3, 11, 12 y en particular el 32, numeral VII: “Ocasionar molestias con emisiones de ruido superiores a los 68 decibeles…” (t.ly/TZElA). La Organización Mundial de la Salud recomienda 55 decibeles para una convivencia razonable. 80 decibeles tiene el tráfico de una ciudad grande, y 90 es el ruido de una aspiradora. Los conciertos de rock montan hasta los 120 decibeles (t.ly/cQ7LV). En el debate que he sostenido en redes electrónicas, sobre todo con jóvenes, me doy cuenta de que se tiene la concepción equivocada de que, en un espacio público, cualquiera puede hacer lo que le pegue en gana. No es así: los espacios públicos son lugares de convivencia social armónica donde rigen los derechos compartidos. Dice el artículo 10 del bando citado: “Todas las personas a las que se refiere el artículo 6 [locales y fuereños, adultos y menores] tienen derecho a comportarse libremente en los espacios públicos del Municipio y a ser respetadas en su libertad. Este derecho se ejerce sobre la base del respeto a la libertad, la salud, la dignidad y los derechos reconocidos a los demás, así como del mantenimiento del espacio público en condiciones adecuadas para la propia convivencia.” Es urgente que la autoridad aplique su norma y ponga orden en las calles y plazas de la ciudad, que hoy son invadidas por la estridencia de bocinas fuera de comercios de fármacos y ropa. De igual manera, los eventos “culturales” deben respetar el derecho de los vecinos a la moderación y al descanso. El turismo como actividad económica, que le permite el sostén a muchas familias locales, no puede ser el pretexto para la permisividad y el abuso. Fuente: https://www.allpe.com/acustica/ingenieria-acustica/mediciones-acusticas/a-que-equivalen-los-diferentes-niveles-de-decibelios/ (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Debates en GuanajuatoLuis Miguel Rionda (*) En el estado de Guanajuato entramos de lleno al periodo de los debates preelectorales desde el día 14 pasado. Por ser mi residencia, me interesó particularmente el debate del lunes 15 entre las tres y los dos candidatos que contienden por el municipio capital. Todos ellos son personajes bien conocidos en este municipio de 200 mil habitantes. Fue un buen ejercicio, que evidenció las fortalezas y debilidades de los aspirantes. La coalición Fuerza y Corazón por Guanajuato postula a Samantha Smith, esposa del actual alcalde –su principal pasivo—; Morena presenta a Jorge “el pastelero” Medrano, dueño de un canal de telecable local con fuertes cuestionamientos éticos; el partido verde impulsa al abogado litigante Roberto Saucedo, célebre por su combate a los corruptos; el MC a la aguerrida regidora Liliana Preciado, y el PT a la defensora del patrimonio cultural Paloma Robles, también regidora. La participación de los cinco fue solvente, y fue interesante escuchar el intercambio de críticas y reproches, muy válidos. Por supuesto, era esperable que la candidata puntera Samantha fuese el objetivo principal de las invectivas, pero no fue tanto así: Saucedo evidenció su conflicto personal con el telerepostero y logró sacarlo de equilibro. Al final fue muy evidente que el candidato morenista perdió su aplomo y entró en pánico, a pesar de sus tablas acumuladas en la conducción de su noticiero diario. Me pareció que los candidatos mejor plantados fueron Paloma Robles y Saucedo Pimentel. Bien preparados y buenos debatientes. El pastelero se mostró temeroso y tembleque, no se preparó y le sobró el tiempo. Lo hizo pedazos Saucedo, en particular cuando le recordó su condición de padre deudor. Samantha fue teatral y artificial, ofreciendo más de lo mismo. La candidata de MC es una regidora solvente, pero la sentí insegura, leyendo textos mal escritos y a veces incomprensibles. Paloma hizo evidente que debió ser la candidata de la coalición morenista; ella le hubiera aportado credibilidad y competitividad.

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Ducoing y una época, 1 Luis Miguel Rionda (*) El 24 de marzo pasado falleció el exgobernador de Guanajuato, Luis Humberto Docoing Gamba, en la ciudad de Querétaro. Había conducido el poder ejecutivo estatal entre el 26 de septiembre de 1973 hasta el 25 de septiembre de 1979. Una época muy difícil en la historia política mexicana, en pleno declive del modelo del desarrollo estabilizador de corte autoritario, y la irrupción del populismo echeverrista, la presidencia imperial lopezportillista y el inicio de las terribles crisis económicas sexenales. Luis Ducoing nació en San Luis de la Paz en 1937, formando parte de una familia bien posicionada en la región, donde floreció el agrarismo revolucionario tanto como el cristerismo reaccionario, como recuerda Alfredo Guerrero Tarquín en sus Memorias de un agrarista (t.ly/n2N8w). En pleno cardenismo, época de radicalismos y definiciones. Sus estudios superiores los hizo en la nobel Universidad de Guanajuato entre 1956 y 1960, donde formó generación con personajes que le acompañarían en su trayectoria política: mi padre Isauro Rionda Arreguín, José Arrache, Raúl Arróniz, María Barquín, Ignacio Cabrera, Ema Carmona, Jesús Centeno, Alonso Echánove, Héctor García, Manuel Maldonado, Hermilo Martínez, Alejandro Méndez, Juan Nájera, Enrique Oyanguren y otros más. Esa generación celebraría año con año el aniversario de su egreso. La ocasión permitía reforzar los lazos que mantendrían unida a esta notable camarilla, que jugó un papel importante en la política y la academia estatales durante las siguientes décadas. La oriundez de Luis Humberto fortaleció su relación con uno de los políticos emergentes de los años sesenta: Luis Echeverría, quien lo apoyó para ser diputado federal en 1963, con apenas 26 años, y luego en 1970, al arribo de éste a la presidencia. El sucesor de Díaz Ordaz había vivido en Guanajuato entre 1947 y 1948 como delegado del PRI, y se había hecho amigo de la intelectualidad local, liderada por los abogados Armando Olivares y Eugenio Trueba, maestros del joven Ducoing. Seguramente esto influyó en la decisión presidencial de convertirlo, primero, en presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados, y después en el candidato del partido hegemónico a la gubernatura de Guanajuato en 1973. Luis Ducoing fue un gobernador que, como todos, fue alabado o vilipendiado. Sencillamente fue hombre de sus tiempos, y se le debe ponderar en función de los parámetros de la política de su época. Yo tuve la suerte de estar cerca de él y su administración por la amistad que tuvo con mi padre toda la vida. Tenía yo 13 años cuando acompañé a mi padre en algunas etapas de la campaña electoral, una de las experiencias que me marcaron más profundamente. Mi padre fue designado director general de Cultura Popular en el nuevo gobierno, y durante cuatro años pudo diseñar y desplegar una política cultural al nivel de lo que esperaba el afanoso gobernador. Les tocó retomar el abandonado proyecto del Festival Internacional Cervantino, y le dieron una proyección que no volvería a tener después. Tuvo claro oscuros en el ámbito de la política, pero nada diferente al resto del país. En 1976 resurgió la resistencia civilista en el municipio de León, como en 1945, ahora bajo la bandera del PAN. Pero debo continuar con esta relación hasta la siguiente colaboración… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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La vuelta al jardín… Luis Miguel Rionda (*) Hoy como cada año, con gran alegría, los guanajuateños y nuestros asombrados visitantes acudimos al centro de nuestra ciudad-patrimonio a participar en la verbena popular más colorida dentro de nuestro amplio calendario de fiestas populares y religiosas. El muy conocido “viernes de Dolores” o “día de las flores” ha convocado desde hace al menos tres siglos a los sufridos habitantes de estos cerros pelones y cañadas agrestes, para acompañar a la virgen dolorosa faltando ocho días para el calvario y sacrificio de su hijo, el mesías cristiano. Los guanajuateños nos identificamos con esta advocación mariana por sus referencias inevitables al vientre telúrico de la mina, la matriz de la madre tierra, plena de metales preciosos, pero que suele cobrar muy caros sus dones, incluso cobrando vidas y salud de mineros esforzados. El pasado argentífero de Guanajuato explica esta adoración a una imagen que derrama dolor, tristeza y congoja, sentimientos propios de los oficios vinculados al beneficio de las riquezas minerales. El dolor se modera con la profusión de flores, aromas, colores y alegría de los asistentes al Jardín Unión y la Plaza de la Paz, que se apersonan desde temprana hora para “dar la vuelta”, comprar flores, obsequiarlas o recibirlas, según el género del protagonista; desayunar si es posible, y luego emprender la visita a los siete altares y a los distintos domicilios donde se han montado los hermosos altares a la Virgen, con sus siete niveles, su hinojo, sus veladoras, sus flores de nube, alhelíes, manzanilla, mastranto, ramas de álamo o roble, cortinas púrpura y tejidos blancos, germinados de trigo, naranjas, plátanos, bolas azogadas, papel picado, un incensario, y a veces un petate de granos. Los anfitriones ofrecerán aguas frescas en cántaros de barro o vitroleros de vidrio, nieve de agua y agua de ambrosía. Los generosos convidarán tortitas de camarón y un mezcal. 2 Cada día de las flores me retorna mis recuerdos de infancia y juventud, cuando me era imposible faltar a esta cita: primero al baile la noche anterior en los salones de fiesta del pueblo, para salir en la madrugada hacia el jardín central, donde la Banda del Estado tocaba valses. Había que comprar flores para que, armado con ellas, tratar de ligar a la chica de tus sueños. Ya conocíamos el código: dar vueltas al jardín, en sentido contrario, galanes y mozuelas; a cada vuelta se ofrecía una flor a la pretendida; tres vueltas con tres flores aceptadas eran la señal para unirte a la doncella aquiescente y acompañarla el resto de la mañana. Muchos noviazgos se concretaron así. Las señoras y señores mayores también asisten, con sus vestuarios primaverales o incluso regionales. Los suertudos desayunan. Otros sólo conversan y conviven. Tristemente la cantidad de personas ha perjudicado mucho a la fiesta, porque ahora los espacios los acaparan puestos callejeros precarios donde se venden baratijas horribles y los detestables huevos de broma para reventar en las cabezas. Pero con paciencia y tolerancia se puede seguir gozando de la hermosura de la ocasión y del marco magnífico del centro citadino. Sigue valiendo la pena darse la vuelta en esa hermosa rebanada de queso, saludar a propios y extraños, y tolerar a los políticos que buscarán darse baños de pueblo. Al final, todo suma. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Luis Miguel Rionda (*) Etnografía de un mitin El viernes primero pasado asistí al arranque de campaña de la coalición Fuerza y Corazón por México, con sus candidatas Xóchitl Gálvez, a la presidencia del país, y Libia García Muñoz-Ledo, a la gubernatura del estado de Guanajuato. Esto en el estadio de futbol de Irapuato. Hacía mucho tiempo que no acudía a una concentración electoral. La última ocasión en que me apersoné en un evento de este tipo fue en abril de 1994, cuando Ernesto Zedillo comenzó su campaña presidencial en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas. Buscaba entonces realizar observación participante de corte antropológico para alimentar mi tesis de doctorado, que elaboraba en esos años. Ahora concurrí al mitin de Xóchitl y Libia motivado por mi compromiso personal con la defensa de las instituciones democráticas y el orden republicano y federal que los mexicanos hemos consolidado desde aquellos lejanos años noventa. Estoy convencido, por mi experiencia y formación, de que la democracia mexicana se encuentra hoy bajo asedio por un movimiento político retardatario que le ha comprado a un líder mesiánico su agenda anclada en los valores del nacionalismo revolucionario de los años setenta. Un retorno al centralismo autoritario del régimen de partido único, y su presidencia imperial. El mitin de Irapuato rebasó las expectativas de los convocantes, con más de 30 mil asistentes. Desgraciadamente los partidos políticos siguen aplicando la desgastada fórmula del acarreo de “simpatizantes” provenientes de comunidades rurales y colonias populares de toda la entidad. Ese tipo de movilización es engañosa y cosmética. No son seguidores leales e informados, sino parte de las clientelas partidistas, que son movilizadas con el atractivo de recibir alguna prebenda, obsequio o incluso dinero. Yo asistí como parte de la #FuerzaRosa. Calculo que entre nosotros y los #Xochilovers sumamos unos quinientos, y se nos ubicó en la cancha, cerca de la plataforma. Fuimos de manera voluntaria y por nuestro propio pie; algunos en autobuses alquilados en los que se cobró pasaje, o en vehículos particulares. Como en las marchas de la #MareaRosa, nos autoconvocamos. Sin duda, la clase media se hizo presente para acompañar con entusiasmo a los candidatos de la coalición. Pero el resto de los asistentes evidenciaba su desinterés por la esencia política del evento. Para entretener a la multitud se contrató a animadores y a botargas varias, para dar paso a lo que fue el numen del jolgorio: la banda “La Cumbre con K”, grupo “norteño sax” (sic) proveniente de León. Calculo que el público estaba conformado por un 90% de mujeres y niños. Era llamativo que las chavas y chavos acudieron ataviados y acicalados como para el bailongo del rancho, que en efecto en eso se convirtió durante más de una hora y media. El huateque prendió y la gente gozó con los movimientos cadenciosos de los cumbreros, embutidos en trajes blancos con oropeles plateados. La música montó por arriba de los 90 decibeles (me lo advirtió mi reloj inteligente) para provocar el éxtasis de los fans, que se abalanzaban sobre la tarima para pedir autógrafos. En pleno culmen, el animador anunció el fin del concierto y el arribo de las candidatas (con 40 minutos de retraso). Los bailadores exigían que la banda continuara, y no faltaron abucheos. Ahí comenzó el éxodo lento pero constante de los acarreados que, cargados de propaganda utilitaria, se encaminaron a sus autobuses, con su inevitable huella de basura. Los mensajes de los candidatos Miguel Márquez, Libia y Xóchitl parecieron más dirigidos a los medios de comunicación que a los cansados asistentes, fastidiados de esperar. Los animadores tuvieron dificultades para provocar las porras, y con frecuencia los coros cambiaron los nombres de los aludidos: “chóchil”, “sóchi”, “lidia”… Escuché a las señoras preguntándose mutuamente sobre quién era quién, y cuál era “la presidenta”. Esta desinformación también es padecida en el campo contrario. Ya me imagino el clima de ignorancia entre los acarreados “morenistas” al Zócalo ese mismo día; ahí sí con cuotas para llenar la plaza y competir con la marcha ciudadana del 18 de febrero. La anti política del clientelismo electoral. Ojalá que un día evolucionemos hacia la política de ciudadanía plena, y que abandonemos la grandilocuencia vacía de los mítines de masas. Apuesto por una democracia con calidad, basada en el debate informado y respetuoso. Al final, el voto es individual, íntimo y secreto; no debe ser mercancía a la venta o sujeta al chantaje del poder. Ese es mi deseo.

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Crisis del agua problema de gestión Luis Miguel Rionda (*) El país está transitando por una crisis ambiental en muchos rubros, pero uno de los más sensibles es el de la provisión de agua. Se han acumulado dos años de sequía severa que han provocado que las 210 presas del país almacenen, al mes de febrero, apenas el 52 por ciento de su capacidad general, una cuarta parte menos de su promedio histórico. El norte y el centro del país son las regiones más castigadas por la escasez. Todos sabemos que la Ciudad de México está a punto de ver colapsado su sistema de abasto (https://t.ly/QbqFa). Se dice que le restan cuatro meses de disponibilidad al sistema Cutzamala (https://t.ly/A3Afg). Algo similar sucede en zonas metropolitanas como la de Guadalajara y la de Monterrey. No dejemos fuera a la región leonesa en Guanajuato, habitada por dos millones de personas, que quedaron fuera de la asignación de las aguas de la presa de El Zapotillo por una decisión política del gobierno federal. Un proyecto más propagandístico que técnico, que se convirtió en justificativo de las ineficiencias locales. Las grandes y medianas ciudades del país padecen dificultades crecientes para proveer de un servicio público que es considerado un derecho humano en México desde que el artículo 4º constitucional, párrafo sexto, fue reformado el 8 febrero de 2012: “Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho…” (https://t.ly/lBY0Z). Pero como otros derechos, este se mantiene como un buen propósito para millones de mexicanos por culpa de una mala gestión y la ausencia de una visión estratégica. Hay agua en México, pero está mal administrada por el estado. Hace falta un programa nacional de gestión del recurso con una visión largo plazo, al menos hasta el 2050. Se requiere de acciones emergentes para sortear estos años de sequía, pero acompañadas con previsiones logísticas y estratégicas para optimar el uso del recurso en la agricultura, que sigue absorbiendo un 76% del monto disponible, la industria (10%) y el uso doméstico (14%, INEGI, https://t.ly/4wu1b). Por supuesto, se requiere invertir como nunca, para poder sortear una de los trances más peligrosos para nuestro país. Pero vamos en sentido contrario: el presupuesto de la CONAGUA para este año se redujo un 12% con relación al de 2023. Son 62.6 mil millones de pesos que se concentrarán en sólo 12 entidades (https://t.ly/vOVqu). Dice el economista Luis Miguel González: “En otros países, hay grandes planes para construir plantas desalinizadoras de agua de mar. Aquí no funciona el 85% de las plantas de tratamiento de aguas negras y 57% de las aguas se desperdician en el traslado. Los canales que salen de las presas no tienen el revestimiento adecuado y eso provoca que pierda 50% del agua.” (https://t.ly/vOVqu). Los especialistas insisten en que no es un problema de disponibilidad del agua, sino de gestión y distribución. En Guanajuato, por ejemplo, el doctor Daniel Tagle Zamora, mi colega en la UG-León, publicó una evaluación de pertinencia del proyecto de aguas para León, y concluyó que “El Zapotillo no resulta imprescindible para dicha ciudad; ello porque la crisis no es física, sino socialmente construida por el organismo operador, problema que requiere atenderse localmente y, en consecuencia, de otra solución.” Enlista una serie de inconsistencias en el proyecto y recomienda: “la investigación deja ver que el problema del agua que impera en León puede atenderse localmente. Para ello, se requiere de voluntad política que facilite un giro radical dentro de la organización de SAPAL.” Estoy convencido de que, en general, en nuestro país la crisis del agua ha sido auto gestada.       (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León.

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En la Calle Codo a Codo Luis Miguel Rionda (*) Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos M. Benedetti El domingo 18 de febrero cientos de miles de mexicanos vivimos una experiencia cívica inolvidable: por nuestra propia voluntad y medios, acudimos a manifestarnos en las 122 marchas y concentraciones que se realizaron en ciudades del país y del extranjero. Salimos a la calle a ondear banderas, a portar pancartas, a corear consignas y a gritar nuestra protesta contra el creciente desmantelamiento de las instituciones de la república y los constantes agravios a la constitución por parte del poder central y sus extensiones partidistas. Lorenzo Córdoba lo dijo bien en la mega concentración en el Zócalo: hace apenas 40 años en México se hacía política con miedo. El régimen de partido hegemónico había consolidado una dictadura perfecta, donde los súbditos lambían la coyunda del autoritarismo a cambio de un modesto progreso y una engañosa tranquilidad social. Desde entonces se ha creado una nueva ciudadanía, cada vez más consciente y demandante, que ha obligado al estado omnímodo a ceder espacios y a aceptar la diversidad política, la competitividad electoral, la alternancia y la ampliación de libertades y derechos. Pero desde hace poco más de cinco años hemos padecido el embate del pasado redivivo, que busca restaurar el ancien régime y la prevalencia de un pensamiento único de corte populista. Una falsa transformación disfrazada de progresismo iluminado que ha provocado una profunda decepción incluso para sus seguidores más honestos, como fueron Porfirio Muñoz Ledo y Carlos Urzúa, y como son Javier Sicilia, Roger Bartra, Carlos Navarrete y muchos más. En la calle, la ciudadana y el ciudadano se transforman, se subliman. Fue emocionante voltear a ver los rostros compungidos de vecinos que no habíamos tratado antes. Todos coincidíamos en nuestra alarma ante el nuevo Leviatán que amenaza con barrer la endeble diversidad que ha sido posible gracias a organismos autónomos, la división de poderes, el derecho a la información y el debate en libertad. Se nos tacha desde el poder central de conservadores, fachos, reaccionarios y oligarcas. Pero somos padres de familia, trabajadores activos o pensionados, micro emprendedores, profesores, empleados y demás amenidad de la clase media. Somos esa capa poblacional mayoritaria, aspiracionista, pagadora de impuestos y educada en la libertad. Alarmados estamos por lo que se asoma en el horizonte: el lobo del odio, la persecución, la violencia criminal, la corrupción, la ley del más fuerte y el retorno al capitalismo de estado. En el estado de Guanajuato marchamos 39 mil ciudadanos. Lo hicimos en Guanajuato capital, Irapuato, Celaya, León, Salamanca y San Miguel de Allende. La movilización cívica autónoma más grande de la historia de la entidad. En la capital la oradora única, la maestra de muchas generaciones de cultivadores del derecho y de la literatura, Elisa Jaime Rangel, señaló: “El derecho político no solo se ejerce cada tres o seis años; debe ejercerse todos los días con el derecho de opinión, de crítica, de petición, de manifestación, de impugnación y de un largo etcétera. […] La balanza la inclinarán los jóvenes y las mujeres. A ellos y a todos les digo: venzamos el abstencionismo, votemos y estemos atentos a la actuación de nuestros gobernantes”.       (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León.

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Columna Diario de Campo

Laicismo en Crisis Luis Miguel Rionda (*) Deseo hoy referirme aun aspecto crucial de la organización política de la nación mexicana: la separación de la iglesia y el estado, y el laicismo republicano. Hace tiempo que los representantes del estado mexicano y de los gobiernos de las entidades y municipios han caído con regularidad en referencias religiosas en sus mensajes, o incluso en prácticas concretas, muchas de los cuales son violaciones legales o constitucionales flagrantes. Aunque la laicidad pública está garantizada formalmente desde la constitución de 1857 y las leyes juaristas posteriores, las resistencias a obedecer este postulado condujeron a las guerras de reforma y a la intervención francesa en la siguiente década. La constitución de 1917 ratificó el estatus de laicidad pública en sus artículos 3, 5, 24, 27, 40 y 130, y eso provocó las rebeliones cristeras de los años veinte y treinta del siglo XX. Los diferentes “entendimientos” del estado mexicano con la iglesia católica en 1929, en 1979 y en 1992, significaron que gran parte de los ordenamientos laicistas se convirtieran en letra adormilada o muerta hasta el presente. En Guanajuato, tierra de católicos apasionados, vemos con frecuencia cómo se ignora la laicidad del estado mexicano: gobernantes que asisten a misa con todo e investidura; discursos con referencias al creador y a toda la corte celestial; crucifijos y otros íconos en oficinas públicas; inauguraciones de instalaciones con su bendición consecuente; oraciones al inicio del día laboral; observancia de feriados religiosos, y otros rituales que hacen referencia a una fe que debería ser privada. Motiva esta reflexión el hecho de que los lenguajes de la política electoral están cargándose de mensajes religiosos implícitos. Esto es claro en las no-campañas de las aspirantes a la presidencia de la república. La audiencia reciente que el Papa Francisco otorgó a las aspirantes es un hecho insólito en la política mexicana. ¿Cuál pudo ser la motivación de ambas? ¿Congraciarse con los votantes católicos? Como estrategia de campaña me parece peligrosa, porque se corre el riesgo de ofender al 22% del electorado que no profesa esa fe. Sospecho que se trató, en un caso, de fervor auténtico, y en el otro, de vil oportunismo. Sólo pensemos: ¿cuál de las dos es previsiblemente católica? Por lo poco que se ha sabido, ambas candidatas se sujetaron al machista protocolo de la Santa Sede: vestidas de negro, con falda, cada una recibió 45 minutos de la atención del pontífice. Ambas agradecieron los “consejos” del líder religioso, pero nunca sabremos cuáles fueron. Además, ¿besaron el anillo del obispo de Roma? ¿Se santiguaron? Ni idea. Pero algo es seguro: el desgaste del estado laico mexicano se mantiene, propiciado por quienes están obligados en acatarlo. El discurso de los políticos se parece más a la homilía mesiánica que promete el paraíso a cambio del voto. Las viejas ideologías se traducen en nuevas sectas del dogma de la fe, y se convoca a los elegidos a buscar la salvación. Lamento mucho esta decadencia, tanto política como religiosa. No sólo se ignora a la constitución laica, también se olvida el aforismo del evangelio cristiano (Mateo 22:21): al César lo que es del César…     (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León.

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