SSG ofrece servicios de atención integral para tratar violencia en la mujer.

Guanajuato, Guanajuato 22 de noviembre de 2024.- La Secretaría de Salud de Guanajuato con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el 25 de noviembre, informa servicios integrales para tratar este problema. Gabriel Cortés Alcalá Secretario de Salud informó que a través de la Red Integrada de Servicios de salud conformada por más de 631 unidades Guanajuato ha destacado a nivel nacional como referente por visibilizar y atender con su especificidad las consecuencias en la salud física y mental ocasionadas por la violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres. Tal cómo lo señala la Organización Mundial de la Salud. Con la finalidad de contribuir a la prevención y reducción de los daños a la salud ocasionados se realiza la búsqueda intencionada de niñas, adolescentes y mujeres que acuden a las unidades y se otorga atención integral; física y mental. Durante enero-mayo de 2024 se aplicaron 114 mil 209 herramientas de detección lo que ha permitido detectar a 36 mil 102 mujeres que se encuentran viviendo algún tipo de violencia, otorgando más de 42 mil 386 atenciones y logrando iniciar tratamiento psicológico 8 mil 876 con más de 47 mil 714 consultas de salud mental. Se destaca la importancia de contar con personal capacitado de acuerdo a la normativa y actualmente se cuenta con 328 personas certificadas en la competencia ECO539 y ECO497 para la atención de primer contacto a mujeres víctimas de violencia. Así mismo, se cuenta con la línea de atención telefónica 800 290 00 24 y el chat dinámicamente.mx, que otorga atención los 365 días del año las 24 horas del día con personal profesional para otorgar contención, información y orientación. Por último, en la Secretaría de Salud del Estado de Guanajuato se garantiza la atención inmediata e integral a todas las víctimas de violencia de género y sexual, con la política de cero rechazo.

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Presenta INE Guanajuato avance de participación en la Consulta Infantil y Juvenil 2024

En el marco de la Consulta Infantil y Juvenil (CIJ) 2024 que se desarrolla durante todo el mes de noviembre, el Instituto Nacional Electoral (INE) en el Estado de Guanajuato presentó el avance de participación de este ejercicio democrático. Durante la tercera reunión del Grupo Coordinador Interinstitucional de la CIJ 2024, la Vocal de Capacitación Electoral y Educación Cívica, Cecilia Maldonado Reyes informó que, al corte más reciente 341 mil 405 niñas, niños y adolescentes de la entidad han emitido su opinión sobre los temas: la seguridad y los espacios comunitarios; el cuidado del medio ambiente y de los animales; y la prevención de adicciones. Recordó que las infancias y adolescencias entre 3 y 17 años podrán participar ingresando a la página de internet: https://consultainfantilyjuvenil-participacion.ine.mx./, o bien en las 3 mil 104 casillas instaladas en centros escolares, espacios públicos y en las oficinas de las 15 Juntas Distritales Ejecutivas del INE, Módulos de Atención Ciudadana e instituciones aliadas. Detalló que en estas casillas la participación puede ser con boletas digitales, con apoyo de equipos de cómputo y dispositivos móviles, o bien, con boletas impresas. Por su parte, el Vocal Ejecutivo, Jaime Juárez Jasso celebró este avance de participación y confió en que se llegará a la meta que se propuso al inicio de este ejercicio, el cual busca registrar casi medio millón de opiniones. De igual manera, reconoció y agradeció la colaboración de las instituciones aliadas al señalar que su compromiso con las infancias y adolescencias se hace patente en esta Consulta. Las y los representantes de las dependencias que integran el Grupo Coordinador Interinstitucional coincidieron en redoblar los esfuerzos para que en lo que resta del mes no solo se llegue a la meta, sino que rebase con el propósito de escuchar todas las voces de niñas, niños y adolescentes de Guanajuato. -o0o-

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Desenfrenada destrucción de la 4T

Juan Miguel Alcántara Soria La mayoría oficialista va desenfrenada. Ni la Constitución, ni la Suprema Corte de Justicia, ni la Ética Política la contienen. El pasado miércoles 6 de noviembre se publicó en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados el dictamen de reforma a varios artículos de la Constitución, que aprobarán apresurados la próxima semana. Desaparecen órganos que tienen reconocida su existencia y autonomía en el propio texto constitucional: El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia Económica, la Comisión Reguladora de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Comisión Nacional de Mejora Continua de la Educación. A partir de un dato sociológico -el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente- es que el poder se divide; se equilibran pesos y contrapesos. Aristóteles constató en varias polis griegas el poder público dividido en tres: la asamblea del pueblo, ejecutores de las decisiones del pueblo, y magistraturas que impartían justicia. La división tripartita del poder público evolucionó con el tiempo, primero, para que el poder frene real y positivamente al poder, y luego, por la complejidad de materias que debían atender los tres poderes clásicos. La ingeniería constitucional desarrolló órganos públicos fundamentales, establecidos en la Constitución, que no se adscriben a ningún poder tradicional. La Suprema Corte de Justicia ha sostenido la evolución del concepto de distribución del poder público, en órganos cuya actuación no depende ni se deposita en los poderes tradicionales. Tienen funciones estatales específicas con la finalidad de lograr una mayor especialización, agilizar los procedimientos, y lograr control y transparencia de los otros poderes. Dan atención eficaz a demandas sociales, por lo que, desde la Constitución, mantienen relaciones de coordinación con los otros poderes, y gozan de autonomía e independencia funcional y financiera, para atender esas funciones. Como órganos autónomos se reconocen en nuestra Constitución Política a: la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el Banco de México, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, el Instituto Nacional Electoral (INE), el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), la Universidad Nacional. Estos órganos, como los que se pretende desaparecer, realizan funciones del Estado que no encajan dentro de los tres poderes clásicos, y por tanto, no están subordinados a ningún otro órgano del Estado. A la CNDH, al INE, a la ASF, a los Tribunales Administrativo y electoral ya los secuestró o cooptó la 4t. Solo subsisten autónomos el Banco de México, el INEGI y la UNAM; pero les traen ganas. Del poder judicial luego hablamos. Estamos en un presidencialismo exacerbado, engendro dictatorial. A López Obrador le disgustó no tener todo el poder posible. Por eso presentó en febrero la iniciativa que desaparece a estos 7 órganos autónomos, para concentrar en el poder ejecutivo las funciones especializadas que desempeñaban, evitar transparencia, aumentar opacidad y burocracia y clientela incondicional. De paso, lentitud en los procesos. Para complacer al déspota, el “mayoritismo desenfrenado” aprueba todas sus ocurrencias autoritarias. La presidenta Sheinbaum es más déspota, sin duda. Hasta hace unos días teníamos confianza en 8 de los 11 ministros de la Suprema Corte: honrarían su palabra de guardar y hacer guardar la Constitución. Contendrían al poder. (Las otras 3 nombradas por López Obrador, ignorantes e incondicionales). La traición del ministro Alberto Pérez Dayán (fue mi amigo) en la sesión en que se discutió la inconstitucionalidad de la reforma al poder judicial, dañó los equilibrios del poder. No es previsible el cómo resolverán las impugnaciones a estas nuevas reformas. Queda la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y otros mecanismos previstos en Tratados Internacionales. Sin garantía de los derechos humanos y sin división de poderes, no tenemos Constitución.

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Columna Diario de Campo

Dos Trompadas…. Luis Miguel Rionda (*) Los demócratas activos, de esos que creemos en el valor de la persona humana, en el individuo consciente y en su libertad de acción y pensamiento, sufrimos este martes pasado dos derrotas dolorosas e inesperadas. Los liberales evidenciamos de nuevo el mal que apunté en mis colaboraciones anteriores: la ingenuidad, el candor de los ilusos que creímos que el mal es derrotable cuando se le combate con valor y convicción democrática. La primera derrota del fatídico martes 5 fue la traición dentro de la Suprema Corte de uno de sus ministros decorosos, en la votación del proyecto de sentencia que relativizaba los alcances de la reforma al Poder Judicial. No se logró la mayoría calificada de ocho sobre once para atajar la intención de cercenar el servicio judicial de carrera, y en cambio permitir una salida que habría salvado la dignidad de los jueces y magistrados. Al ministro sacatón le mostraron algún añejo expediente con esqueletos inconfesados, y presuroso reconsideró su voto para salvarse. Sus siete compañeras y compañeros, íntegros, votaron en favor del proyecto, pero fueron derrotados por la nueva “banda de los cuatro”. Dolor para los trabajadores judiciales, y punzada para los que acompañamos su lucha por salvar la división de poderes en México. Una pérdida que tardará años en restañarse (cincuenta, dijo Adán el augusto). Un desperdicio de capital humano que supera por mucho al dispendio de la cancelación del aeropuerto de Texcoco. La segunda mala noticia del martes oscuro: el triunfo aplastante del delirante Trump en las elecciones del país del norte. Pésimo asunto para los demócratas de esa nación, y no me refiero a los militantes del partido perdedor. Ganó la emotividad irracional: una sociedad enojada con su élite gobernante por los problemas económicos de coyuntura. Culparon a la administración Biden por la carestía y el desempleo; pero olvidaron la crisis pandémica y la excelente respuesta que dio su gobierno a la emergencia sanitaria y económica. Miles de millones de dólares se inyectaron a las economías familiares y de pequeños negocios. Pero nada de eso se mantuvo en el imaginario colectivo. Los rencores sociales buscaron un destinatario y lo encontraron: los migrantes internacionales, a quienes su gobierno no ha podido retener o canalizar. Miles de trabajadores hambrientos han invadido las ciudades de ese país, y provocaron una reacción xenófoba y racista, inclusive entre afroamericanos e hispanos. Nos esperan cuatro o seis años de incertidumbres externas e internas. Las oposiciones en ambas naciones están en la lona, noqueadas por los radicalismos intolerantes. Los populismos nacionalistas terminarán colaborando entre sí, porque tienen más afinidades que diferencias. Quienes debemos temer somos los gobernados, sobre los que caerán las consecuencias del autoritarismo mesiánico de izquierda o derecha. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Columna Diario de Campo

Mezquinos Luis Miguel Rionda (*) Según el diccionario de la RAE, “mezquino” en su segunda acepción es aquella persona que es “falto de generosidad y nobleza de espíritu”. Y en su quinta acepción es “desdichado, desgraciado, infeliz”. Este adjetivo viene a cuento porque en el último par de semanas hemos visto abundantes muestras de mezquindad entre los integrantes más notables de la clase política hoy hegemónica. Lo contrario es “generoso”: aquél o aquélla “que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo”, su segunda acepción. San Francisco de Asís, hoy tan de moda, enseñaba que “es en dar que recibimos”. Y Eurípides, el poeta, sentenciaba: “Para las almas generosas todas las tareas son nobles”. En fin, que los sabios ilustran que es mucho más rico el dar que el recibir; el que da, se enriquece en el bien del otro, al que le reconoce su calidad de igual, aunque en desgracia. En extensión, al caído se le brinda soporte para su redención y mejoría por el bien de todos. Ejemplos históricos de solidaridad entre antiguos rivales abundan. Recordemos un par: luego de la guerra civil norteamericana, la triunfante Unión norteña emprendió un generoso programa de recuperación hacia el derrotado sur, territorio rebelde y aristocrático del esclavismo y el fanatismo religioso. Esa labor de integración la continuarían los Roosevelt en el siglo XX, con su New Deal, y luego el federalismo solidarista de Eisenhower. Gracias a la aceptación mutua, los Estados Unidos pudieron nivelar sus índices de desarrollo y construir un país menos desigual. Al término de la segunda guerra mundial, los triunfantes aliados no cometieron el mismo error que sus predecesores de la Gran Guerra en 1918: no humillaron al adversario derrotado, en este caso los alemanes, italianos y japoneses. No cobraron venganza como sí lo hicieron los soviéticos, que se robaron toda la potencia industrial e intelectual de la Alemania del este, la vieja Prusia. Los occidentales, al contrario, implementaron iniciativas de salvamento económico, como el muy recordado Plan Marshall, que les permitió a las potencias caídas recuperar su prosperidad y convertirse en nuevas democracias aliadas de los vencedores. La generosidad da buenos resultados, y construye futuros compartidos. Lo contrario, la mezquindad, el odio perpetuado, el ansia de destrucción conducen al oprobio de los pueblos y la cancelación de un porvenir conjunto y dichoso. Eso nos está sucediendo en México. La nueva fuerza hegemónica populista se engolosina con los nuevos poderes adquiridos o arrebatados a las derrotadas oposiciones, y coloniza, anula o derriba los contrapesos constitucionales, puestos ahí por los liberales de 1857 y 1917. La mezquindad ha alcanzado incluso a la titular del ejecutivo nacional, que en sus matinées se expresa con lamentable desprecio sobre el Poder Judicial y los ministros que no le son obsequiosos. Lástima de investidura. Por su parte, los jueces y magistrados, degradados a pelotas de tómbola, han respondido con una dignidad merecedora del respeto de sus inopinados adversarios, y presentan en masa sus renuncias evidenciando su calidad de personas íntegras. Pero la generosidad y el respeto están fuera de moda. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Columna Diario de Campo

Es Claudia… Luis Miguel Rionda (*) La ingenuidad es un defecto imperdonable en la política. El ejercicio de ésta es pragmático, maquiavélico, cruel y descarnado, en particular para aquéllos no curtidos en las artes de la simulación, la hipocresía y el doble lenguaje. Esto lo saben muy bien los jerarcas del pseudo movimiento social que hoy gobierna nuestro país, y en contraste parecen desconocerlo los líderes de lo que queda de la oposición. En menos de un mes de gobierno, el régimen tiene arrinconados a sus desconcertados antagonistas, que no han sabido mantener unido su reducido grupo de contención, y ya padecieron las amarguras de la traición entre sus decrecientes miembros. Muchos analistas y comentaristas, entre los que me cuento, padecimos la misma enfermedad de la ingenuidad, y quisimos ver en la novel presidenta Sheinbaum un último refugio de la racionalidad política. Pensamos en ella como la mujer sensible, educada y sensata que podría haber disimulado un talante moderado detrás de la imagen de dureza y radicalismo. Si bien sus antecedentes la ubicaron siempre dentro del extremo izquierdo de las buenas conciencias de la burguesía acomodada mexicana, su formación como científica del medio ambiente podría haberle dotado de la sana duda cartesiana y la afición a la libertad de pensamiento, como la que defendieron Voltaire, Russell, Popper, Eco y Sabater. Creí, creímos, que el afianzamiento en el poder presidencial sería su acta de independencia de su tutor populista, y dejaría ver a la Claudia críptica: la académica moderada, sensata y progresista. Fue ingenuidad pura. Estupidez, dirán muchos. En tres semanas ya calamos la profundidad de sus prejuicios ideológicos. No sólo no moderó el plan C, sino que metió el acelerador en temas como el de la deforma (sic) judicial, donde hubiera sido deseable promover un diálogo respetuoso entre poderes antes de pasar a la guillotina. El Poder Judicial ha demostrado ser un hueso duro de roer. Sus trabajadores, antes prudentes servidores públicos apegados a las normas y las formas, han reaccionado con decisión y vehemencia en la defensa de sus carreras judiciales. Les han prometido respetar sus derechos laborales, pero los perpetradores desconocen que uno de los incentivos más poderosos del trabajador judicial es la posibilidad efectiva de subir en el escalafón dentro de uno de los servicios de carrera más exitosos del país. El aspiracionismo superador es el rasgo distintivo del profesional del derecho litigioso. Esto es kriptonita para el practicante del igualitarismo de Procusto, la creencia en la igualdad en la mediocridad. La reciente iniciativa de la llamada “supremacía constitucional” es la evidencia de que no han arribado demócratas al legislativo y a la presidencia de la república. Son caporales del autoritarismo nacional populista. Que no haya ilusos para que no haya desilusionados, dijo Gómez Morín, con demasiada razón. La inatacabilidad de las reformas a la carta magna dejará en manos de una mayoría inflada los destinos de la república, y pronto el documento fundamental no se parecerá nada al programa político liberal y democrático que heredamos de todo un siglo de luchas por la modernización política del país. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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El camino hacia la dictadura en México

Opinión de José Lafontaine En los últimos meses, se ha intensificado el debate sobre la reforma al Poder Judicial impulsada por el gobierno de Morena, ahora con las leyes reglamentarias, respaldadas por sus partidos aliados. El gobierno afirma que «el pueblo votó para que los ministros de la Corte sean electos por el pueblo de México y no por el Senado de la República». Esta afirmación, sin embargo, es completamente falsa. El pueblo mexicano jamás ha votado por una medida tan radical ni, mucho menos, por un sistema que destruiría el equilibrio democrático de nuestras instituciones. El pueblo de México solo votó mayoritariamente por Morena y por la presidenta. No podemos ignorar lo pusilánime de los representantes del Poder Judicial, a dos meses de la suspensión de labores. Dentro del propio Poder Judicial, muchos jueces han ordenado suspensiones, pero el Consejo de la Judicatura ha decidido incumplir con ellas; peor, imposible. El pasado 2 de junio, tras una elección de Estado, Morena y sus aliados lograron obtener solo el 54% de los escaños en el Congreso de la Unión. A pesar de este resultado, que refleja la voluntad popular, Morena utilizó maniobras filibusteras, chantajes, amenazas y sobornos para apoderarse del 73% de las curules en San Lázaro. Esto no solo constituye un fraude a la Constitución y a su interpretación jurisprudencial, sino una violación flagrante de la voluntad de los ciudadanos. Este acto de manipulación política socava gravemente la legalidad del Congreso y refleja la voracidad del partido en el poder. En el ámbito internacional, no existen precedentes donde el pueblo elija a los jueces, salvo en el caso de Bolivia, un país que enfrenta su propio desastre político. En México, si la reforma de Morena sigue adelante, estaríamos ante una situación en la que el pueblo tendría que elegir a seiscientos jueces en junio próximo, de acuerdo con el circuito en el que vivan, utilizando en la última fase previa a la elección del pueblo la insaculación, como si fuera un programa de concursos para designar los cargos. Este escenario no solo es una temeraria agresión a las instituciones republicanas, sino un golpe a la estabilidad jurídica del país. En el Congreso, varios legisladores de Morena han adoptado una postura desafiante, ignorando las suspensiones provisionales y definitivas dictadas por jueces y magistrados. En lugar de impugnar las resoluciones judiciales conforme a lo que establece la ley, han optado por desacatar las órdenes del Poder Judicial. ¿Qué futuro puede tener un país donde no se acatan las decisiones judiciales? ¿Qué nos queda como nación si las resoluciones de nuestros tribunales ya no son respetadas? La figura del amparo, una de las principales herramientas de defensa de los derechos humanos, quedaría completamente vacía de contenido y propósito si el Poder Ejecutivo y el Legislativo no respetan las decisiones judiciales. En estricto apego a la ley, los servidores públicos que incumplan las órdenes judiciales, en especial aquellas con suspensiones otorgadas por jueces de distrito, deberían ser destituidos e incluso enfrentar sanciones penales. Sin embargo, este desacato, esta interpretación extrajudicial de la ley, la libre elección de los funcionarios sobre qué órdenes judiciales deben cumplirse y cuáles no, son un golpe directo a la división de poderes, se llama anarquía y pone en peligro la estabilidad de nuestra democracia. Veamos, si legisladores y otros funcionarios no cumplen con una orden judicial porque la consideran ilegal (lo cual es absurdo desde cualquier perspectiva, ya que su función es precisamente determinar la legalidad), ¿por qué los ciudadanos deberíamos cumplir con una determinación judicial? ¿Acaso los ciudadanos podemos decidir no pagar impuestos por considerarlos injustos o porque creemos que nuestros impuestos no se aplican a mejorar los servicios de salud, protección, vías generales de comunicación, y solo sirven para que los funcionarios públicos se enriquezcan o financien proyectos faraónicos? La respuesta del gobierno es sencilla: esas sí se tienen que acatar. Ustedes sí, nosotros no. Y justifican esta actitud absurda diciendo: «Ustedes sí porque votaron por nosotros, y nosotros no porque votaron por nosotros.» Así de distópico es el futuro que se avecina. El panorama se agrava aún más cuando observamos la posibilidad de desacatos masivos o el desprecio hacia la Corte Suprema. Si ocho ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que actualmente analizan la constitucionalidad de la reforma judicial, son descalificados por el gobierno, estaríamos frente a la destrucción del Estado de derecho. Esta situación abriría las puertas a la represión de la oposición, permitiendo que el gobierno actúe arbitrariamente sin temor a sanciones judiciales. Los ciudadanos, al quedar desprotegidos, estaríamos a merced de un régimen dictatorial y, por supuesto, la desaparición del Estado de derecho. Si continuamos por la ruta hacia la dictadura y la desaparición del Estado de derecho, las consecuencias serán, entre otras, el aumento de la corrupción e impunidad, si es que es posible incrementarlas más. Mientras tanto, líderes opositores, periodistas y activistas enfrentarían juicios sumarísimos casi marciales, manipulados, o prisión sin un debido proceso legal independiente. La polarización política y la violencia social se intensificarán, con movilizaciones, protestas y enfrentamientos de alto riesgo. La inseguridad jurídica provocará una fuga de capitales, aumentando el desempleo y la pobreza, así como sanciones y aislamiento internacional que agravarían la crisis interna. En conclusión, el gobierno de Morena está decidido a impulsar la mal llamada reforma judicial a su modo y a la fuerza, sin siquiera tomarse el tiempo de analizar los brutales errores en las leyes secundarias que pretenden aprobar sin leer, contradictorias incluso con el texto constitucional que aprobaron hace semanas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación está analizando la constitucionalidad. Ocho ministros de la Suprema Corte consideraron que era legal evaluar y reflexionar sobre dicha constitucionalidad. Los discursos absurdos y pendencieros de tres ministras, que parecen más porristas que juezas, serviles al expresidente y al régimen, simplemente revelan los verdaderos colores y fibras de este tipo de impartidores de justicia, y nos dan una idea clara de lo que se avecina en 2025. Ante…

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El Gran Inquisidor: La falacia del poder “en nombre del pueblo” Opinión de Solange Márquez null

Como en la célebre escena del Gran Inquisidor de Dostoievski, en la que un anciano eclesiástico confronta a Cristo no para adorarlo, sino para reprocharle haber traído libertad al hombre, el gobierno mexicano, en su papel de supremo inquisidor, se presenta como el único capaz de salvar a las masas de su propia libertad. «Todo fue dado por Ti al Papa, y todo ahora está, por lo tanto, en manos del Papa», declara el Gran Inquisidor. De manera análoga, el gobierno actual nos quiere hacer creer que el poder que le fue otorgado por el pueblo le permite disponer de las instituciones a su antojo. Bajo la máscara de un redentor que actúa por el bien del pueblo, la 4T lleva seis años en una cruzada contra las instituciones democráticas, principalmente el Poder Judicial, con la promesa de liberarnos del «yugo» de la ley para entregarnos una verdad superior: la voluntad del líder. En el poema de Dostoievski contenido en “Los Hermanos Karamazov”, el Gran Inquisidor justifica su accionar bajo la premisa de que la humanidad es débil, incapaz de cargar con el peso de la libertad, y que, en consecuencia, requiere ser guiada por un grupo que sepa qué es lo mejor para ella. Desde el Palacio Nacional durante seis años se repitió incansablemente que las instituciones son obstáculos, que el aparato judicial es una fortaleza de «privilegios» y «corruptelas» que impide el avance de la 4T.s masas de su propia libertad. odo fue dado por Ti al Papa, y todo ahora está, por lo tanto, en manos del Papa», declara el Gran Inquisidor. De manera análoga, el gobierno actual nos quiere hacer creer que el poder que le fue otorgado por el pueblo le permite disponer de las instituciones a su antojo. Bajo la máscara de un redentor que actúa por el bien del pueblo, la 4T lleva seis años en una cruzada contra las instituciones democráticas, principalmente el Poder Judicial, con la promesa de liberarnos del «yugo» de la ley para entregarnos una verdad superior: la voluntad del líder. En el poema de Dostoievski contenido en “Los Hermanos Karamazov”, el Gran Inquisidor justifica su accionar bajo la premisa de que la humanidad es débil, incapaz de cargar con el peso de la libertad, y que, en consecuencia, requiere ser guiada por un grupo que sepa qué es lo mejor para ella. Desde el Palacio Nacional durante seis años se repitió incansablemente que las instituciones son obstáculos, que el aparato judicial es una fortaleza de «privilegios» y «corruptelas» que impide el avance de la 4T. Esta narrativa ha llevado a una situación muy grave, el desacato sistemático de las órdenes judiciales por parte de los poderes Ejecutivo y Legislativo; es fundamental entender que ninguna autoridad puede desacatar una orden judicial simplemente por no estar de acuerdo con ella. Este principio es la base del Estado de Derecho y su violación representa una grave amenaza a nuestra democracia. «Nosotros hemos corregido Tu obra y la hemos basado en el milagro, el misterio y la autoridad», afirma el personaje de Dostoievski. De manera similar, el gobierno actual pretende «corregir» nuestra democracia, basándola en el culto a la personalidad y la concentración del poder en el Ejecutivo. Como el inquisidor que promete seguridad a cambio de libertad, el gobierno de la 4T ofrece justicia rápida y popular a cambio de la destrucción de un Poder Judicial independiente. Las reformas recientes al Poder Judicial se presentan como una victoria del pueblo. Pero, ¿a qué precio? ¿No estamos, al igual que los personajes de Dostoievski, entregando nuestra libertad bajo el pretexto de que el gobierno sabe mejor lo que nos conviene? La diferencia es que, en el mundo literario, el inquisidor actúa desde la religión; en nuestro caso, el gobierno lo hace desde una narrativa pseudo-democrática, disfrazando la destrucción institucional con el velo de la legitimidad popular. Se habla de «justicia social» como si fuera incompatible con el Estado de derecho, cuando en realidad es el respeto a las instituciones y al Estado de Derecho lo que garantiza una verdadera equidad. Como el Gran Inquisidor que desdeña la libertad, el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, ha declarado que «ni Dios Padre encarnado puede revisar la constitucionalidad de la reforma judicial aprobada» y ha asegurado que el Senado ignorará las suspensiones judiciales. Esta retórica no solo refleja un desprecio por la separación de poderes, sino que ejemplifica la peligrosa narrativa de un gobierno que se cree por encima de la ley, actuando supuestamente en nombre del pueblo. Es crucial que la sociedad mexicana reconozca la falacia detrás de este discurso. El verdadero bienestar del pueblo no se logra concentrando el poder en unas pocas manos, sino fortaleciendo las instituciones que garantizan el equilibrio y la justicia. La verdadera libertad y el progreso se logran a través de instituciones fuertes e independientes, no sometiéndolas a los caprichos del poder en turno. Los sistemas de justicia, aunque debilitados, siguen siendo el último baluarte de la democracia. Y mientras más se ataque su independencia, más claros deben ser los ciudadanos sobre lo que está en juego: nuestra propia libertad. X: @solange_

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La presidenta de México, guerrillera en Colombia

uan Miguel Alcántara Soria El presidente de Colombia, Gustavo Petro, vino a la toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum, y declaró: “Claudia es, fue miembro del M-19. Es decir, que para quienes no quieren dos tazas, ahora el M-19 ha dado dos presidentes en América Latina”. Sabido es que Petro fue guerrillero y hoy es presidente. Lo que muchos no sabíamos de Claudia: integrante de la guerrilla colombiana M-19, en los años 80. ¿Qué significa dato biográfico? ¿Empuñó fusil? ¿Qué alcances lo de dos tazas? De su biografía sabemos que nació en 1962, que sus padres actuaron en movimientos de izquierda en los 60s (su papá en el partido comunista mexicano). Claudia estudió en el CCH, donde se movilizó con estudiantes rechazados por la UNAM. Fue integrante del Consejo de Estudiantes de la UNAM, CEU, luego brazo juvenil del PRD. Se casó en 1987 con Carlos Ímaz, exhibido recibiendo del argentino Carlos Ahumada bolsas de dinero ($350 mil pesos en total), supuestamente para el PRD de Rosario Robles. Claudia testificó a favor de su esposo y empinó a Rosario, lo que Obrador premió. ¿Cuándo y cómo sus tiempos en guerrilla? De Petro se sabe que entró en 1978, con 18 años, en el Movimiento 19 de Abril (M-19, por el día de elecciones presidenciales en las que un militar populista, estilo Perón, expresidente de facto antes, denunció fraude electoral en Colombia). Grupo guerrillero que buscó el poder vía las armas, como las FARC. Su acción más impactante, la toma del Palacio de Justicia, en 1985: más de 100 muertos y desaparecidos, entre ellos 11 ministros de la Suprema Corte. Responsables: el M-19, el presidente Betancur y Ejército de Colombia, según la Comisión de la Verdad colombiana. (Lodos de esos tiempos: referir fraude electoral, protagonismo militar, dañar la Corte). La presidenta debe explicaciones al pueblo por esa incursión develada por el presidente de Colombia. ¿Es válido optar por la vía violenta, en lugar de la pacífica, para el cambio de estructuras injustas? En México y otros lares, en los 70 y 80s, surgieron guerrillas admiradoras del Che. A la par de crisis de los modelos desarrollista, y populista (Echeverría-López Portillo, la docena trágica, de 1970-82, referentes de AMLO). Ambos modelos autoritarios. Vino parcial rectificación de De la Madrid y Salinas. Revisando el catecismo marxista-castrista, la vía violenta es atajo para el cambio de estructuras opresoras. Sus premisas: la Ley -el estado de derecho- es una superestructura: expresión del dominio de la burguesía sobre el proletariado. A combatirla con lucha de clases, confrontando proletarios-burgueses (chairos-fifís). Paso intermedio es la dictadura del proletariado. Al final: no habrá clases sociales: todos iguales ¡El paraíso terrenal! Nunca concretado. Dicen que China, Corea del Norte, Cuba, ya merito. El costo: suspender libertades, derechos humanos, la Ley. En estos países una sola agrupación política, controlada por una burocracia -nomenklatura- concentra todos los poderes. No hay división o equilibrio de poderes. Un solo partido político. Las primeras señales de la presidenta de México no despejan dudas sobre sus disyuntivas: ¿Ética de la lealtad, o ética de la responsabilidad? ¿Fiel a Obrador, o a sí misma? ¿Ata rumbo del país al obradorismo, en vías de peronismo tropical, fracasado? ¿O con realismo crítico nos dirige a evitar más dolor evitable? ¿Será científica sensible, u Obrador la deletrea y la trasciende? ¿A quién responderá? Todos deseamos le vaya bien a México. Incluso si a ella le va mal. Es lo de un o una estadista: optar por el bien mayor y sacrificar popularidad, en el caso. Las acciones y omisiones de la presidenta prefiguran obradorismo conductor transexenal. No se ha quitado gafas ideológicas para ponerse las de científica. Mantiene disputas de Obrador dentro y fuera del país. Y polarización, militarización, concentración de los tres poderes públicos. El cambio de régimen arrasa instituciones, y a la oposición misma. Una visión monocolor oficial. Puede perdurar más allá de la vida de Obrador, salvo que EU se lo lleve. El obradorismo es la versión 2 del peronismo, tragicomedia de dos tazas. ¡A luchar por la democracia, para la justicia, en la libertad!

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Columna Diario de Campo

Nuevos comienzos Luis Miguel Rionda (*) En la actividad humana, los nuevos comienzos son motivo de renovación de la esperanza, la inefable y mística esperanza. Ese sentimiento que resta cuando todos los males se han escapado de la caja de Pandora. En México estamos padeciendo las consecuencias de la apertura de la caja del populismo nacionalista, que dejó tras de sí destrucción institucional, autoritarismo, pensamiento unívoco, violencia extrema, un tercio del territorio en manos del crimen organizado, migración internacional renovada, corrupción y finanzas públicas saqueadas o quebradas. En Guanajuato, reducto del conservadurismo libertario, se padecen muchos de esos males desbocados, como la criminalidad. Pero al menos se ha preservado con trabajos el sistema de salud, el educativo y el desarrollo económico sostenido. El populismo de derecha ha sabido mantener sus bases sociales y su legitimidad, lo que le permitió encabezar la coalición victoriosa que pudo resistir al tsunami de la regresión autoritaria. El 26 de septiembre se estrenó gobierno en Guanajuato. La buena noticia es que lo encabeza una mujer, y no cualquiera: Libia García es una joven abogada que se ha distinguido por su estilo fresco, amable y llano, buena debatiente y excelente comunicadora. Sin duda está haciendo mucho contraste con sus antecesores hombres. Ya hacía falta luego de 33 años de serios panistas y 63 de adustos priistas, eso sí, todos muy bragados. Por su parte, la nueva presidenta de la república Claudia Sheinbaum, tomó posesión el primero de octubre, rematando con el mismo fausto folclorista y New Age de su antecesor. En su caso me inquietan los evidentes amarres con su desbocado tutor. Comenzó con un terrible discurso ante un congreso monocromático, festinando al “mejor presidente de México” quien, njuto, contrito y sonrojado aceptaba todos los halagos con falsa humildad. Con sinceridad espero que nuestra presidenta se asuma con plenitud como tal. Adivino en ella el talento, la sensibilidad y la gracia para ejercer el poder de manera incluyente, republicana y democrática. Dio muchos guiños en el gobierno de la CDMX que me permiten este optimismo moderado. Además, más nos vale. Me alegra el advenimiento del “tiempo de las mujeres”, y que sea precisamente en un país célebre en el mundo por sus usos machistas, de varones dominantes, con su fálica pistola al cinto —bueno, ahora con el celular en la cangurera—, dominando a mujeres “cuyas principales dotes sexuales son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura”, como decía Melchor Ocampo. Con el deber de dar al marido “obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo”. De miedo… Felicito sinceramente a estas dos mujeres no sólo empoderadas, sino fortalecidas por sus propios aspiracionismos. Señoras hechas a sí mismas, y merecedoras del lugar que ya ocupan en la historia. Espero que ellas nos salven del odio que prohijó ya saben quién… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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