Columna Diario de Campo

Mezquinos Luis Miguel Rionda (*) Según el diccionario de la RAE, “mezquino” en su segunda acepción es aquella persona que es “falto de generosidad y nobleza de espíritu”. Y en su quinta acepción es “desdichado, desgraciado, infeliz”. Este adjetivo viene a cuento porque en el último par de semanas hemos visto abundantes muestras de mezquindad entre los integrantes más notables de la clase política hoy hegemónica. Lo contrario es “generoso”: aquél o aquélla “que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo”, su segunda acepción. San Francisco de Asís, hoy tan de moda, enseñaba que “es en dar que recibimos”. Y Eurípides, el poeta, sentenciaba: “Para las almas generosas todas las tareas son nobles”. En fin, que los sabios ilustran que es mucho más rico el dar que el recibir; el que da, se enriquece en el bien del otro, al que le reconoce su calidad de igual, aunque en desgracia. En extensión, al caído se le brinda soporte para su redención y mejoría por el bien de todos. Ejemplos históricos de solidaridad entre antiguos rivales abundan. Recordemos un par: luego de la guerra civil norteamericana, la triunfante Unión norteña emprendió un generoso programa de recuperación hacia el derrotado sur, territorio rebelde y aristocrático del esclavismo y el fanatismo religioso. Esa labor de integración la continuarían los Roosevelt en el siglo XX, con su New Deal, y luego el federalismo solidarista de Eisenhower. Gracias a la aceptación mutua, los Estados Unidos pudieron nivelar sus índices de desarrollo y construir un país menos desigual. Al término de la segunda guerra mundial, los triunfantes aliados no cometieron el mismo error que sus predecesores de la Gran Guerra en 1918: no humillaron al adversario derrotado, en este caso los alemanes, italianos y japoneses. No cobraron venganza como sí lo hicieron los soviéticos, que se robaron toda la potencia industrial e intelectual de la Alemania del este, la vieja Prusia. Los occidentales, al contrario, implementaron iniciativas de salvamento económico, como el muy recordado Plan Marshall, que les permitió a las potencias caídas recuperar su prosperidad y convertirse en nuevas democracias aliadas de los vencedores. La generosidad da buenos resultados, y construye futuros compartidos. Lo contrario, la mezquindad, el odio perpetuado, el ansia de destrucción conducen al oprobio de los pueblos y la cancelación de un porvenir conjunto y dichoso. Eso nos está sucediendo en México. La nueva fuerza hegemónica populista se engolosina con los nuevos poderes adquiridos o arrebatados a las derrotadas oposiciones, y coloniza, anula o derriba los contrapesos constitucionales, puestos ahí por los liberales de 1857 y 1917. La mezquindad ha alcanzado incluso a la titular del ejecutivo nacional, que en sus matinées se expresa con lamentable desprecio sobre el Poder Judicial y los ministros que no le son obsequiosos. Lástima de investidura. Por su parte, los jueces y magistrados, degradados a pelotas de tómbola, han respondido con una dignidad merecedora del respeto de sus inopinados adversarios, y presentan en masa sus renuncias evidenciando su calidad de personas íntegras. Pero la generosidad y el respeto están fuera de moda. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Es Claudia… Luis Miguel Rionda (*) La ingenuidad es un defecto imperdonable en la política. El ejercicio de ésta es pragmático, maquiavélico, cruel y descarnado, en particular para aquéllos no curtidos en las artes de la simulación, la hipocresía y el doble lenguaje. Esto lo saben muy bien los jerarcas del pseudo movimiento social que hoy gobierna nuestro país, y en contraste parecen desconocerlo los líderes de lo que queda de la oposición. En menos de un mes de gobierno, el régimen tiene arrinconados a sus desconcertados antagonistas, que no han sabido mantener unido su reducido grupo de contención, y ya padecieron las amarguras de la traición entre sus decrecientes miembros. Muchos analistas y comentaristas, entre los que me cuento, padecimos la misma enfermedad de la ingenuidad, y quisimos ver en la novel presidenta Sheinbaum un último refugio de la racionalidad política. Pensamos en ella como la mujer sensible, educada y sensata que podría haber disimulado un talante moderado detrás de la imagen de dureza y radicalismo. Si bien sus antecedentes la ubicaron siempre dentro del extremo izquierdo de las buenas conciencias de la burguesía acomodada mexicana, su formación como científica del medio ambiente podría haberle dotado de la sana duda cartesiana y la afición a la libertad de pensamiento, como la que defendieron Voltaire, Russell, Popper, Eco y Sabater. Creí, creímos, que el afianzamiento en el poder presidencial sería su acta de independencia de su tutor populista, y dejaría ver a la Claudia críptica: la académica moderada, sensata y progresista. Fue ingenuidad pura. Estupidez, dirán muchos. En tres semanas ya calamos la profundidad de sus prejuicios ideológicos. No sólo no moderó el plan C, sino que metió el acelerador en temas como el de la deforma (sic) judicial, donde hubiera sido deseable promover un diálogo respetuoso entre poderes antes de pasar a la guillotina. El Poder Judicial ha demostrado ser un hueso duro de roer. Sus trabajadores, antes prudentes servidores públicos apegados a las normas y las formas, han reaccionado con decisión y vehemencia en la defensa de sus carreras judiciales. Les han prometido respetar sus derechos laborales, pero los perpetradores desconocen que uno de los incentivos más poderosos del trabajador judicial es la posibilidad efectiva de subir en el escalafón dentro de uno de los servicios de carrera más exitosos del país. El aspiracionismo superador es el rasgo distintivo del profesional del derecho litigioso. Esto es kriptonita para el practicante del igualitarismo de Procusto, la creencia en la igualdad en la mediocridad. La reciente iniciativa de la llamada “supremacía constitucional” es la evidencia de que no han arribado demócratas al legislativo y a la presidencia de la república. Son caporales del autoritarismo nacional populista. Que no haya ilusos para que no haya desilusionados, dijo Gómez Morín, con demasiada razón. La inatacabilidad de las reformas a la carta magna dejará en manos de una mayoría inflada los destinos de la república, y pronto el documento fundamental no se parecerá nada al programa político liberal y democrático que heredamos de todo un siglo de luchas por la modernización política del país. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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El camino hacia la dictadura en México

Opinión de José Lafontaine En los últimos meses, se ha intensificado el debate sobre la reforma al Poder Judicial impulsada por el gobierno de Morena, ahora con las leyes reglamentarias, respaldadas por sus partidos aliados. El gobierno afirma que «el pueblo votó para que los ministros de la Corte sean electos por el pueblo de México y no por el Senado de la República». Esta afirmación, sin embargo, es completamente falsa. El pueblo mexicano jamás ha votado por una medida tan radical ni, mucho menos, por un sistema que destruiría el equilibrio democrático de nuestras instituciones. El pueblo de México solo votó mayoritariamente por Morena y por la presidenta. No podemos ignorar lo pusilánime de los representantes del Poder Judicial, a dos meses de la suspensión de labores. Dentro del propio Poder Judicial, muchos jueces han ordenado suspensiones, pero el Consejo de la Judicatura ha decidido incumplir con ellas; peor, imposible. El pasado 2 de junio, tras una elección de Estado, Morena y sus aliados lograron obtener solo el 54% de los escaños en el Congreso de la Unión. A pesar de este resultado, que refleja la voluntad popular, Morena utilizó maniobras filibusteras, chantajes, amenazas y sobornos para apoderarse del 73% de las curules en San Lázaro. Esto no solo constituye un fraude a la Constitución y a su interpretación jurisprudencial, sino una violación flagrante de la voluntad de los ciudadanos. Este acto de manipulación política socava gravemente la legalidad del Congreso y refleja la voracidad del partido en el poder. En el ámbito internacional, no existen precedentes donde el pueblo elija a los jueces, salvo en el caso de Bolivia, un país que enfrenta su propio desastre político. En México, si la reforma de Morena sigue adelante, estaríamos ante una situación en la que el pueblo tendría que elegir a seiscientos jueces en junio próximo, de acuerdo con el circuito en el que vivan, utilizando en la última fase previa a la elección del pueblo la insaculación, como si fuera un programa de concursos para designar los cargos. Este escenario no solo es una temeraria agresión a las instituciones republicanas, sino un golpe a la estabilidad jurídica del país. En el Congreso, varios legisladores de Morena han adoptado una postura desafiante, ignorando las suspensiones provisionales y definitivas dictadas por jueces y magistrados. En lugar de impugnar las resoluciones judiciales conforme a lo que establece la ley, han optado por desacatar las órdenes del Poder Judicial. ¿Qué futuro puede tener un país donde no se acatan las decisiones judiciales? ¿Qué nos queda como nación si las resoluciones de nuestros tribunales ya no son respetadas? La figura del amparo, una de las principales herramientas de defensa de los derechos humanos, quedaría completamente vacía de contenido y propósito si el Poder Ejecutivo y el Legislativo no respetan las decisiones judiciales. En estricto apego a la ley, los servidores públicos que incumplan las órdenes judiciales, en especial aquellas con suspensiones otorgadas por jueces de distrito, deberían ser destituidos e incluso enfrentar sanciones penales. Sin embargo, este desacato, esta interpretación extrajudicial de la ley, la libre elección de los funcionarios sobre qué órdenes judiciales deben cumplirse y cuáles no, son un golpe directo a la división de poderes, se llama anarquía y pone en peligro la estabilidad de nuestra democracia. Veamos, si legisladores y otros funcionarios no cumplen con una orden judicial porque la consideran ilegal (lo cual es absurdo desde cualquier perspectiva, ya que su función es precisamente determinar la legalidad), ¿por qué los ciudadanos deberíamos cumplir con una determinación judicial? ¿Acaso los ciudadanos podemos decidir no pagar impuestos por considerarlos injustos o porque creemos que nuestros impuestos no se aplican a mejorar los servicios de salud, protección, vías generales de comunicación, y solo sirven para que los funcionarios públicos se enriquezcan o financien proyectos faraónicos? La respuesta del gobierno es sencilla: esas sí se tienen que acatar. Ustedes sí, nosotros no. Y justifican esta actitud absurda diciendo: «Ustedes sí porque votaron por nosotros, y nosotros no porque votaron por nosotros.» Así de distópico es el futuro que se avecina. El panorama se agrava aún más cuando observamos la posibilidad de desacatos masivos o el desprecio hacia la Corte Suprema. Si ocho ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que actualmente analizan la constitucionalidad de la reforma judicial, son descalificados por el gobierno, estaríamos frente a la destrucción del Estado de derecho. Esta situación abriría las puertas a la represión de la oposición, permitiendo que el gobierno actúe arbitrariamente sin temor a sanciones judiciales. Los ciudadanos, al quedar desprotegidos, estaríamos a merced de un régimen dictatorial y, por supuesto, la desaparición del Estado de derecho. Si continuamos por la ruta hacia la dictadura y la desaparición del Estado de derecho, las consecuencias serán, entre otras, el aumento de la corrupción e impunidad, si es que es posible incrementarlas más. Mientras tanto, líderes opositores, periodistas y activistas enfrentarían juicios sumarísimos casi marciales, manipulados, o prisión sin un debido proceso legal independiente. La polarización política y la violencia social se intensificarán, con movilizaciones, protestas y enfrentamientos de alto riesgo. La inseguridad jurídica provocará una fuga de capitales, aumentando el desempleo y la pobreza, así como sanciones y aislamiento internacional que agravarían la crisis interna. En conclusión, el gobierno de Morena está decidido a impulsar la mal llamada reforma judicial a su modo y a la fuerza, sin siquiera tomarse el tiempo de analizar los brutales errores en las leyes secundarias que pretenden aprobar sin leer, contradictorias incluso con el texto constitucional que aprobaron hace semanas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación está analizando la constitucionalidad. Ocho ministros de la Suprema Corte consideraron que era legal evaluar y reflexionar sobre dicha constitucionalidad. Los discursos absurdos y pendencieros de tres ministras, que parecen más porristas que juezas, serviles al expresidente y al régimen, simplemente revelan los verdaderos colores y fibras de este tipo de impartidores de justicia, y nos dan una idea clara de lo que se avecina en 2025. Ante…

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El Gran Inquisidor: La falacia del poder “en nombre del pueblo” Opinión de Solange Márquez null

Como en la célebre escena del Gran Inquisidor de Dostoievski, en la que un anciano eclesiástico confronta a Cristo no para adorarlo, sino para reprocharle haber traído libertad al hombre, el gobierno mexicano, en su papel de supremo inquisidor, se presenta como el único capaz de salvar a las masas de su propia libertad. «Todo fue dado por Ti al Papa, y todo ahora está, por lo tanto, en manos del Papa», declara el Gran Inquisidor. De manera análoga, el gobierno actual nos quiere hacer creer que el poder que le fue otorgado por el pueblo le permite disponer de las instituciones a su antojo. Bajo la máscara de un redentor que actúa por el bien del pueblo, la 4T lleva seis años en una cruzada contra las instituciones democráticas, principalmente el Poder Judicial, con la promesa de liberarnos del «yugo» de la ley para entregarnos una verdad superior: la voluntad del líder. En el poema de Dostoievski contenido en “Los Hermanos Karamazov”, el Gran Inquisidor justifica su accionar bajo la premisa de que la humanidad es débil, incapaz de cargar con el peso de la libertad, y que, en consecuencia, requiere ser guiada por un grupo que sepa qué es lo mejor para ella. Desde el Palacio Nacional durante seis años se repitió incansablemente que las instituciones son obstáculos, que el aparato judicial es una fortaleza de «privilegios» y «corruptelas» que impide el avance de la 4T.s masas de su propia libertad. odo fue dado por Ti al Papa, y todo ahora está, por lo tanto, en manos del Papa», declara el Gran Inquisidor. De manera análoga, el gobierno actual nos quiere hacer creer que el poder que le fue otorgado por el pueblo le permite disponer de las instituciones a su antojo. Bajo la máscara de un redentor que actúa por el bien del pueblo, la 4T lleva seis años en una cruzada contra las instituciones democráticas, principalmente el Poder Judicial, con la promesa de liberarnos del «yugo» de la ley para entregarnos una verdad superior: la voluntad del líder. En el poema de Dostoievski contenido en “Los Hermanos Karamazov”, el Gran Inquisidor justifica su accionar bajo la premisa de que la humanidad es débil, incapaz de cargar con el peso de la libertad, y que, en consecuencia, requiere ser guiada por un grupo que sepa qué es lo mejor para ella. Desde el Palacio Nacional durante seis años se repitió incansablemente que las instituciones son obstáculos, que el aparato judicial es una fortaleza de «privilegios» y «corruptelas» que impide el avance de la 4T. Esta narrativa ha llevado a una situación muy grave, el desacato sistemático de las órdenes judiciales por parte de los poderes Ejecutivo y Legislativo; es fundamental entender que ninguna autoridad puede desacatar una orden judicial simplemente por no estar de acuerdo con ella. Este principio es la base del Estado de Derecho y su violación representa una grave amenaza a nuestra democracia. «Nosotros hemos corregido Tu obra y la hemos basado en el milagro, el misterio y la autoridad», afirma el personaje de Dostoievski. De manera similar, el gobierno actual pretende «corregir» nuestra democracia, basándola en el culto a la personalidad y la concentración del poder en el Ejecutivo. Como el inquisidor que promete seguridad a cambio de libertad, el gobierno de la 4T ofrece justicia rápida y popular a cambio de la destrucción de un Poder Judicial independiente. Las reformas recientes al Poder Judicial se presentan como una victoria del pueblo. Pero, ¿a qué precio? ¿No estamos, al igual que los personajes de Dostoievski, entregando nuestra libertad bajo el pretexto de que el gobierno sabe mejor lo que nos conviene? La diferencia es que, en el mundo literario, el inquisidor actúa desde la religión; en nuestro caso, el gobierno lo hace desde una narrativa pseudo-democrática, disfrazando la destrucción institucional con el velo de la legitimidad popular. Se habla de «justicia social» como si fuera incompatible con el Estado de derecho, cuando en realidad es el respeto a las instituciones y al Estado de Derecho lo que garantiza una verdadera equidad. Como el Gran Inquisidor que desdeña la libertad, el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, ha declarado que «ni Dios Padre encarnado puede revisar la constitucionalidad de la reforma judicial aprobada» y ha asegurado que el Senado ignorará las suspensiones judiciales. Esta retórica no solo refleja un desprecio por la separación de poderes, sino que ejemplifica la peligrosa narrativa de un gobierno que se cree por encima de la ley, actuando supuestamente en nombre del pueblo. Es crucial que la sociedad mexicana reconozca la falacia detrás de este discurso. El verdadero bienestar del pueblo no se logra concentrando el poder en unas pocas manos, sino fortaleciendo las instituciones que garantizan el equilibrio y la justicia. La verdadera libertad y el progreso se logran a través de instituciones fuertes e independientes, no sometiéndolas a los caprichos del poder en turno. Los sistemas de justicia, aunque debilitados, siguen siendo el último baluarte de la democracia. Y mientras más se ataque su independencia, más claros deben ser los ciudadanos sobre lo que está en juego: nuestra propia libertad. X: @solange_

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La presidenta de México, guerrillera en Colombia

uan Miguel Alcántara Soria El presidente de Colombia, Gustavo Petro, vino a la toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum, y declaró: “Claudia es, fue miembro del M-19. Es decir, que para quienes no quieren dos tazas, ahora el M-19 ha dado dos presidentes en América Latina”. Sabido es que Petro fue guerrillero y hoy es presidente. Lo que muchos no sabíamos de Claudia: integrante de la guerrilla colombiana M-19, en los años 80. ¿Qué significa dato biográfico? ¿Empuñó fusil? ¿Qué alcances lo de dos tazas? De su biografía sabemos que nació en 1962, que sus padres actuaron en movimientos de izquierda en los 60s (su papá en el partido comunista mexicano). Claudia estudió en el CCH, donde se movilizó con estudiantes rechazados por la UNAM. Fue integrante del Consejo de Estudiantes de la UNAM, CEU, luego brazo juvenil del PRD. Se casó en 1987 con Carlos Ímaz, exhibido recibiendo del argentino Carlos Ahumada bolsas de dinero ($350 mil pesos en total), supuestamente para el PRD de Rosario Robles. Claudia testificó a favor de su esposo y empinó a Rosario, lo que Obrador premió. ¿Cuándo y cómo sus tiempos en guerrilla? De Petro se sabe que entró en 1978, con 18 años, en el Movimiento 19 de Abril (M-19, por el día de elecciones presidenciales en las que un militar populista, estilo Perón, expresidente de facto antes, denunció fraude electoral en Colombia). Grupo guerrillero que buscó el poder vía las armas, como las FARC. Su acción más impactante, la toma del Palacio de Justicia, en 1985: más de 100 muertos y desaparecidos, entre ellos 11 ministros de la Suprema Corte. Responsables: el M-19, el presidente Betancur y Ejército de Colombia, según la Comisión de la Verdad colombiana. (Lodos de esos tiempos: referir fraude electoral, protagonismo militar, dañar la Corte). La presidenta debe explicaciones al pueblo por esa incursión develada por el presidente de Colombia. ¿Es válido optar por la vía violenta, en lugar de la pacífica, para el cambio de estructuras injustas? En México y otros lares, en los 70 y 80s, surgieron guerrillas admiradoras del Che. A la par de crisis de los modelos desarrollista, y populista (Echeverría-López Portillo, la docena trágica, de 1970-82, referentes de AMLO). Ambos modelos autoritarios. Vino parcial rectificación de De la Madrid y Salinas. Revisando el catecismo marxista-castrista, la vía violenta es atajo para el cambio de estructuras opresoras. Sus premisas: la Ley -el estado de derecho- es una superestructura: expresión del dominio de la burguesía sobre el proletariado. A combatirla con lucha de clases, confrontando proletarios-burgueses (chairos-fifís). Paso intermedio es la dictadura del proletariado. Al final: no habrá clases sociales: todos iguales ¡El paraíso terrenal! Nunca concretado. Dicen que China, Corea del Norte, Cuba, ya merito. El costo: suspender libertades, derechos humanos, la Ley. En estos países una sola agrupación política, controlada por una burocracia -nomenklatura- concentra todos los poderes. No hay división o equilibrio de poderes. Un solo partido político. Las primeras señales de la presidenta de México no despejan dudas sobre sus disyuntivas: ¿Ética de la lealtad, o ética de la responsabilidad? ¿Fiel a Obrador, o a sí misma? ¿Ata rumbo del país al obradorismo, en vías de peronismo tropical, fracasado? ¿O con realismo crítico nos dirige a evitar más dolor evitable? ¿Será científica sensible, u Obrador la deletrea y la trasciende? ¿A quién responderá? Todos deseamos le vaya bien a México. Incluso si a ella le va mal. Es lo de un o una estadista: optar por el bien mayor y sacrificar popularidad, en el caso. Las acciones y omisiones de la presidenta prefiguran obradorismo conductor transexenal. No se ha quitado gafas ideológicas para ponerse las de científica. Mantiene disputas de Obrador dentro y fuera del país. Y polarización, militarización, concentración de los tres poderes públicos. El cambio de régimen arrasa instituciones, y a la oposición misma. Una visión monocolor oficial. Puede perdurar más allá de la vida de Obrador, salvo que EU se lo lleve. El obradorismo es la versión 2 del peronismo, tragicomedia de dos tazas. ¡A luchar por la democracia, para la justicia, en la libertad!

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Nuevos comienzos Luis Miguel Rionda (*) En la actividad humana, los nuevos comienzos son motivo de renovación de la esperanza, la inefable y mística esperanza. Ese sentimiento que resta cuando todos los males se han escapado de la caja de Pandora. En México estamos padeciendo las consecuencias de la apertura de la caja del populismo nacionalista, que dejó tras de sí destrucción institucional, autoritarismo, pensamiento unívoco, violencia extrema, un tercio del territorio en manos del crimen organizado, migración internacional renovada, corrupción y finanzas públicas saqueadas o quebradas. En Guanajuato, reducto del conservadurismo libertario, se padecen muchos de esos males desbocados, como la criminalidad. Pero al menos se ha preservado con trabajos el sistema de salud, el educativo y el desarrollo económico sostenido. El populismo de derecha ha sabido mantener sus bases sociales y su legitimidad, lo que le permitió encabezar la coalición victoriosa que pudo resistir al tsunami de la regresión autoritaria. El 26 de septiembre se estrenó gobierno en Guanajuato. La buena noticia es que lo encabeza una mujer, y no cualquiera: Libia García es una joven abogada que se ha distinguido por su estilo fresco, amable y llano, buena debatiente y excelente comunicadora. Sin duda está haciendo mucho contraste con sus antecesores hombres. Ya hacía falta luego de 33 años de serios panistas y 63 de adustos priistas, eso sí, todos muy bragados. Por su parte, la nueva presidenta de la república Claudia Sheinbaum, tomó posesión el primero de octubre, rematando con el mismo fausto folclorista y New Age de su antecesor. En su caso me inquietan los evidentes amarres con su desbocado tutor. Comenzó con un terrible discurso ante un congreso monocromático, festinando al “mejor presidente de México” quien, njuto, contrito y sonrojado aceptaba todos los halagos con falsa humildad. Con sinceridad espero que nuestra presidenta se asuma con plenitud como tal. Adivino en ella el talento, la sensibilidad y la gracia para ejercer el poder de manera incluyente, republicana y democrática. Dio muchos guiños en el gobierno de la CDMX que me permiten este optimismo moderado. Además, más nos vale. Me alegra el advenimiento del “tiempo de las mujeres”, y que sea precisamente en un país célebre en el mundo por sus usos machistas, de varones dominantes, con su fálica pistola al cinto —bueno, ahora con el celular en la cangurera—, dominando a mujeres “cuyas principales dotes sexuales son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura”, como decía Melchor Ocampo. Con el deber de dar al marido “obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo”. De miedo… Felicito sinceramente a estas dos mujeres no sólo empoderadas, sino fortalecidas por sus propios aspiracionismos. Señoras hechas a sí mismas, y merecedoras del lugar que ya ocupan en la historia. Espero que ellas nos salven del odio que prohijó ya saben quién… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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El pantano que viene

Opinión de Manuel López San Martín Consumado el golpe al Poder Judicial, y aceitada la maquinaria de la 4T para atropellar a quien se atraviese, México camina rumbo a un fango jurídico, político y económico con el que se encontrará en 14 días la primera presidenta, Claudia Sheinbaum. En el papel, el presidente se salió con la suya. Obtuvo el triunfo que tanto quería. La revancha que largamente acarició. Dio un golpe demoledor al Poder que detuvo ilegalidades y actos arbitrarios durante su administración. La venganza está hecha. Su mayoría, compuesta de súbditos en el Legislativo le dio el “regalo” prometido. Para eso los llevó al Congreso; se la deben. AMLO manda, ellos obedecen. Faltaba más. Desde luego el Judicial está lejos de ser perfecto. El nepotismo en su interior es innegable, hay corrupción y su eficacia está lejos de resultar presumible. Pero en muchas de sus áreas funciona bien, hay verdaderos profesionales, se premia el mérito, se permite hacer carrera y su autonomía ayuda (o ayudaba) a mantener contrapesos sanos en una democracia, además de generar condiciones de certeza jurídica que abonan a un estado de derecho y propician la inversión. Hay mucho de mejorable, sin duda, pero no se mejora destruyendo. Tampoco descalificando. Mucho menos golpeando hasta la saciedad. Reformar para mejorar conlleva -o debería conllevar- trabajo político, cuidado de las formas y legalidad. Asaltar al Poder Judicial como se hizo la semana pasada -y la anterior-, en caóticas sesiones que dejan dudas razonables sobre lo legal de las mismas, lejos de fortalecer, debilita a quien empuja esas transformaciones. En los hechos, se asoma una nueva batalla. No solo había un ordenamiento judicial para que la modificación avalada no se publicara en el Diario Oficial de la Federación, sino que, a su paso por el Congreso, el proceso dejó una estela de dudas legales. En la sesión de cámara de diputados, en una sede alterna, no hay certeza de que quienes votaron fueran diputados ni de si hubo el quorum necesario durante toda la sesión. En el Senado, tras la irrupción en el pleno que derivó en el traslado de la sesión a la casona de Xicoténcatl para consumar el golpe, también quedaron un mar de sospechas. De entrada, ¿dónde estuvo un senador que “desapareció” durante 10 horas? ¿Negoció con Morena su extraño escape? ¿Fue retenido? ¿Existieron condiciones de normalidad democrática para que la sesión se llevara a cabo? Había al menos cuatro mandatos legales que ordenaban suspender la inminente aprobación, y fueron desoídos. ¿Fue legal? La batalla que comienza no solo nos conducirá a un pantano, donde veremos una lluvia de recursos jurídicos, también cimbrará el escenario político y, sobre todo, el terreno económico. ¿Serán los 35 mil millones de dólares de inversión extranjera detenidos, los únicos que se frenarán? ¿Habrá otros capitales en pausa hasta en tanto quede claro el nuevo marco normativo? ¿Ese marco generará confianza suficiente a inversores que, en los hechos, son quienes generan empleo? ¿O los espantará? Esas y muchas otras preguntas que están en el aire son con las que Sheinbaum se encontrará. Quien arrasó en las urnas y debía llegar en condiciones de calma y holgura a tomar el poder, lo hará transitando un camino minado desde el día uno de su gobierno. Suerte con el regalo de bienvenida que le ha preparado el presidente y su aplanadora. POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM @MLOPEZSANMARTIN

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Democracia en observación internacional Luis Miguel Rionda (*) Desde 1994, las elecciones mexicanas han sido objeto de la observación internacional por parte de organizaciones e individuos interesados en que el proceso de transición democrática de nuestro país. A partir del nacimiento del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990 y la organización del primer comicio sin intervención gubernamental en 1991, fue evidente que los procesos federales aún carecían de la legitimidad deseable para consolidar la institucionalidad electoral, en un país que se había caracterizado por la concentración y el control de los comicios, y su eventual manipulación en favor del partido entonces hegemónico. En 1994, muchos mexicanos pudimos acompañar las elecciones federales bajo la recién aprobada figura del observador electoral. Al mismo tiempo se había creado la figura de “visitantes internacionales”, que permitió la participación de organizaciones y personajes extranjeros, que evidenciaron el gran interés generado desde las democracias consolidadas por acompañar a los procesos emergentes en América Latina. Estas transiciones políticas, pactadas en su mayor parte por las élites nacionales, respondían al descrédito creciente de los autoritarismos del subcontinente, incapaces de adaptarse a las nuevas condiciones de la modernidad y la globalización del último cuarto del siglo XX. Las nuevas transiciones eran parte de la famosa “tercera ola” de la democracia, cuyo inicio fue ubicado por Samuel Huntington con la “revolución de los claveles” de 1974 en Portugal. El día de ayer se desarrolló en la Junta Local del Instituto Nacional Electoral en Guanajuato un panel denominado “La Participación Internacional en las Elecciones Mexicanas de 2024”, coorganizado por el INE y el Instituto Electoral del Estado de Guanajuato, bajo la conducción de Jaime Juárez Jasso y Brenda Canchola Elizarrarás. Se expusieron los resultados de la observación electoral de la “Misión internacional de acompañamiento de expertas electorales internacionales con perspectiva de género”, representada por la doctora Gladys Luisa Acosta Vargas, académica peruana con gran experiencia en estos ejercicios. Fue muy interesante escuchar las conclusiones de la doctora Acosta. Analizar las elecciones con enfoque de género permite destacar los avances y las resistencias en el campo de los derechos políticos de las mujeres, en lo individual y en lo grupal. Las acciones afirmativas y las reformas legales han ampliado mucho la participación de mujeres en la vida pública, pero se mantienen resistencias culturales y estructurales por parte de amplios sectores, no sólo de hombres, sino también de parte de mujeres arraigadas en el patriarcado. Comentamos la exposición la doctora Verónica Vázquez Piña, profesora investigadora y consultora en perspectiva de género y ética, la maestra Elizarrarás, y yo, como profesor de la Universidad de Guanajuato. Sería prolijo reproducir los comentarios, alimentados por un público numeroso y bien informado . Los observadores extranjeros tienen la gran ventaja de que no son afectados por la “ceguera de taller” de los locales. La familiaridad cultural impide detectar lo peculiar y destacable. Con un sistema nacional electoral en riesgo, los mexicanos haremos bien en escuchar con atención estas voces foráneas expertas. Cuidemos lo bueno, y atendamos las áreas de oportunidad. Los informes están consultables en la página del INE: https://t.ly/t6jd0. (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelR

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Monreal: Chaquetero, corrupto, traidor

Juan Miguel Alcántara Soria Para Luis Díaz Mirón Conozco a Ricardo Monreal: chaquetero,traidor Juan Miguel Alcántara Soria Al ver al coordinador de diputados de Morena, Ricardo Monreal, mover la cola, complacido, dando cuenta a López Obrador de aprobarle sus iniciativas por diputados serviles, recordé pesadillas de George Orwell, en “Rebelión en la granja” y “1984”: pronósticos realizados gradualmente en México. A Monreal lo conocí en 1988, ambos diputados federales en la LIV legislatura. Él pegado, como perro faldero, a José Luis Lamadrid, diputado del PRI, a quien Salinas de Gortari encargó elaborar su contrapropuesta de reforma política. Yo tenía de Luis H. Álvarez, presidente del PAN, tarea de elaborar -con docena de diputados- iniciativas de reforma constitucional y de un Código Electoral de los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la Unión, CEPLEU o Código Azul, que presentamos en seguimiento a exigencia de reforma democrática a Salinas, ilegítimo de origen. De ambas surgió el Código Federal de Instituciones y Procesos Electorales, COFIPE, en 1989. José Luis Lamadrid era ágrafo: pensamiento ordenado y crítico, capaz de expresión verbal, no de expresión escrita. Monreal era su escribano. Durante meses, en jornadas extenuantes, discutimos Lamadrid y yo, acompañados por relevos de diputados de cada bancada (en mi caso, el mayor tiempo por Juan Antonio García Villa y Gildardo Gómez V.), en sede Secretaría de Gobernación, en Palacio Legislativo, y recintos alternos, respectivas visiones. Y acordar crear el Instituto Federal Electoral (IFE), un nuevo sistema que partió de sacar a gobierno y partidos de la definición de mesas directivas de casilla, una credencial de elector confiable, entre otros componentes. Arturo Núñez Jiménez actuó todo ese proceso como escribano de lo discutido, en sede Gobernación. Monreal escribía para Lamadrid en el cuarto de al lado. En 1997 volvimos a coincidir, LVII legislatura, cuando el PRI perdió mayoría de Cámara de Diputados. Arturo Núñez coordinador de los del PRI. En bancadas opositoras se formó el G-4, mayoría de diputados federales. Los del PAN coordinados por Carlos Medina; del PRD, por Porfirio Muñoz Ledo, más del PT y del Verde. Los del PRI, indigestos por no tener mayoría, querían impedir integración de la mesa directiva de la cámara si no la presidían ellos. El “pastor del rebaño”, Núñez ordenó a Monreal, sabueso, a olfatear ambiente. El G-4 designó a Carlos Medina presidente de la Junta de Coordinación; y a Muñoz Ledo, de la Cámara, quien contestó el 4° informe del presidente Zedillo. Núñez indicó a Monreal ir a tribuna, en repetidas ocasiones, a defender al presidencialismo priista como perros acosados. Monreal y Núñez esperaban el presidente Zedillo les pagara con candidatura a gobernador de Zacatecas y Tabasco, quien no les encontró solvencia ético-política. Chaqueteros, se pasaron al PRD, fueron gobernadores de magros resultados. Al tiempo, Monreal traicionó al PRD y se pasó a Morena: formado por quienes antes fueron del PRI, luego del PRD, y hoy receptor de cualquier bribón o bribona converso que quiera seguir mamando de presupuestos públicos. Monreal coordinó en la LXII a diputados de MC, “leal” al bribón de Manlio Favio Beltrones, con Peña Nieto. Monreal maniobró hoy para complacer a Obrador (como antes a Salinas o a Zedillo), en ritmo y rumbo dictatorial. Trabajadores del Poder Judicial sitiaron el primer domingo de mes la sede de Cámara de diputados: con reflejos de dóberman instaló sede alterna, para aprobarle sus iniciativas, que extinguen órganos autónomos: INAI, CRE, Coneval, entre otros. Lo más grave: van por controlar al Poder Judicial, al darse derecho de proponer ministros al ejecutivo y legislativo morenista. El pueblo votará solo sus candidatos. Los tres poderes en una agrupación. Orwell lo vio venir. (A la par, Monreal intenta que su hija agandalle alcaldía de Cuauhtémoc, Cdmx, que perdió en urnas. Parientes corruptos presumen huesos arrebatados, en inmuebles conocidos). El sentido del honor, el respeto a uno mismo, nunca se debe perder. Monreal desnuda disposición a llegar hasta la ignominia. Junto con otros -Noroña, Moreno, Velasco, Adán Augusto, Andy, Corral, Loreta-. Emergen nuevos pastores y cerdos, carentes de ética de la responsabilidad, de la convicción, de ciencia y pericia. ¡Qué pesadilla!¡Despertemos!

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Columna Diario de Campo

Migrantes devaluados Luis Miguel Rionda (*) El gobierno del estado de Guanajuato pretende dar un paso atrás en sus políticas de atención a la población de paisanos que viven en el exterior, particularmente en los Estados Unidos y Canadá. Se busca desaparecer la Secretaría del Migrante y Enlace Internacional y diluirla en una nueva Secretaría de Derechos Humanos. Esta medida contradice la larga tradición de los gobiernos estatales por la atención de una población que ronda, según diversas fuentes, entre el millón 200 mil personas y el millón y medio. Haré un poco de memoria. En los últimos meses de 1993 me tocó en suerte colaborar con Fermín Salcedo Courtade en la fundación de la primera oficina de “atención a las comunidades guanajuatenses en el extranjero” del gobierno del estado, en aquel entonces gobernado por Carlos Medina. La oficina dependía directamente de la secretaría particular del gobernador, por el gran interés que despertaba el tema al ejecutivo. Entonces calculábamos que entre 600 mil y 800 mil guanajuatenses vivían o trabajaban en los Estados Unidos. Con el tiempo se evidenció que la cifra era muy conservadora. Yo tenía experiencia de trabajo académico con comunidades migrantes de Oaxaca y Michoacán, y esa fue mi oportunidad de vincularme con programas de intervención social, que eran fuertemente demandados por los paisanos para sus comunidades. Entonces nadie tenía idea de la importancia de las remesas para el desarrollo local y regional. El Banco de México comenzó a medirlas con precisión apenas en 1995, y de inmediato se hizo evidente su importancia. Por otro lado, en el ámbito político las organizaciones y los líderes migrantes desplegaban en los años noventa un gran activismo para que se les reconocieran derechos políticos en México, así como la posibilidad de votar desde el exterior. Desde la academia seguí acompañando de diversas maneras estos esfuerzos para el reconocimiento del papel jugado por esta importante comunidad trasterrada. Las distintas administraciones estatales le dieron una atención creciente al tema. En tiempos del gobernador Fox se fundaron cuarenta casas Guanajuato en diversas ciudades del país del norte. La oficina inicial se transformó en dirección general y pasó a depender, primero, de la Secretaría de Gobierno, y luego de la Secretaría de Desarrollo Social. El gobernador Romero Hicks la elevó a categoría de instituto descentralizado, y el gobernador Rodríguez Vallejo la potenció al establecer la Secretaría del Migrante y Enlace Internacional. Desgraciadamente, desde hace seis años se han recortado los fondos para los programas sociales destinados a atender las necesidades de las comunidades de origen. El gobierno federal actual retiró totalmente sus aportaciones, lo que obligó a restringir apoyos, como el conocido programa “tres por uno”, que sumaba las aportaciones de los paisanos a las de los gobiernos estatal y federal para obras públicas comunitarias. Al parecer hoy las prioridades se reorientan, en perjuicio de una importantísima población que abandonó su terruño no por deseo de aventura, sino por una aguda necesidad de supervivencia ante la deprimida economía local. Sus vínculos con su terruño siguen vigorosos, pero esto les mandará un triste mensaje de desdén. Ojalá se reconsidere esta mala decisión en beneficio de todos. Guanajuato vive más allá de las fronteras… (*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato,

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