Columna Diario de Campo

Contra el Federalismo

Luis Miguel Rionda (*)

La insistencia del gobierno federal en meterle mano al sistema electoral nacional suena ya a una necedad que no encuentra fundamento más que en el deseo de imponer una voluntad que parece provenir de un rancho de Palenque. El llamado plan B tiene alcances mucho menores que su predecesor, afortunadamente, pero ahora es de temer que sus efectos se reflejen en el ámbito local, pues se pretende legislar sobre los órganos de representación estatales y municipales, con el pretexto de ahorrar recursos.

Sabemos bien que a estos gobiernos de la llamada 4T poco les preocupa economizar el erario, cuando se trata de alguna de las ocurrencias del gobernante en turno. Nunca se había gastado tanto en transferencias y en obras mal planeadas como ahora, disparando la deuda pública a niveles nunca vistos: para fines de 2025 ya representaba más del 52.6% del PIB nacional, cuando en 2019 representó el 43.3% (https://t.ly/Dme5K). El prurito de ahorrar centavos en reducir ayuntamientos y congresos locales es sencillamente una mentira más. No se trata de racionalizar el gasto: más bien se busca acotar el poder y el alcance de las oposiciones, y consolidar la hegemonía monopartidista se que ha ido instalando desde las primeras reformas de AMLO.

Para colmo, se pasa factura al endeble federalismo mexicano. Las entidades y los municipios se verán afectados en sus soberanías y en la organización política particular a cada uno. El centralismo pasa por encima de las constituciones estatales, del propio artículo 115 constitucional y las leyes orgánicas municipales. De una vez deberíamos abandonar la utopía federal y abrazar el centralismo al que son tan afectos los autoritarismos de izquierda.

Hay un dicho que dice: “si no está roto, no lo arregles”. Eso vale para el sistema electoral nacional. Por supuesto que tiene muchas “áreas de oportunidad” –como ahora se dice–, pero son problemáticas que están bien diagnosticadas por las autoridades electorales tanto administrativas como jurisdiccionales. Una auténtica reforma electoral debería ser

progresiva, potenciando las fortalezas y remediando las debilidades. No me refiero a gastar más, sino hacerlo mejor. La democracia no cuesta mucho: vale mucho, si es bien gestionada. Pero me parece que esa no es la prioridad en estos momentos, sino el control de los procesos y el alcance de los actores de las oposiciones.

Rescato una propuesta que hizo pública Guadalupe Acosta Naranjo: si se quisiera fortalecer el federalismo, se buscaría reformar el Senado dejándolo en 128 senadores y haciendo que todos ellos fueran electos por representación proporcional en sus estados –no en las circunscripciones–. Así se respetaría el sentido federalista de ese cuerpo y se garantizaría la representación plural de las minorías políticas. Me parece una propuesta interesante, a la que sumaría que la Cámara de Diputados podría replicar ese modelo, eliminando las listas por circunscripción, asumiendo ahora la RP estatal. Hay muchas alternativas viables, si lo que se buscara fuera reforzar el federalismo.

 

 

 

(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRiond