El Becerro egoísta
Luis Miguel Rionda (
Parece que la “Era Trump” se está traduciendo a nivel mundial en una deriva autoritaria derechista en su variedad populista. Los otros autoritarismos, los de izquierda woke, están haciendo agua al verse incapaces de garantizar, como antes lo hacían, los derechos sociales que caracterizaron al Estado benefactor. Vemos, por ejemplo, lo que sucede en España, donde las clases medias ilustradas habían otorgado por décadas su apoyo al PSOE y adláteres gracias a la capacidad del Estado de proveer satisfactores subsidiados. Eso ya no sucede, no se puede. El perfil demográfico de ese país, como el de otros muchos, ha cambiado las condiciones que habían favorecido una política de transferencias no productivas, y ahora se reacciona con indignación ante nuevas realidades como la carencia y carestía de la vivienda, la gentrificación, el paro creciente y el desánimo generacional ante el futuro.
En América Latina experimentamos algo similar, aunque con dimensiones y protagonistas diferentes. Tenemos elementos objetivos para tomar el pulso del ánimo general, y las nuevas tendencias hacia el autoritarismo conservador criollo, como vimos en Argentina, Perú, Colombia y, al parecer, pronto Brasil. Esos indicadores objetivos los encontramos en la nueva encuesta subcontinental del consorcio Latinobarómetro (https://t.ly/a8hEw). Su informe recién dado a conocer se denomina “¿Está en crisis la democracia liberal en América Latina?”, y ahí se analiza la evolución de las actitudes políticas, económicas y sociales de los latinoamericanos durante los últimos 31 años (1995-2026).
En suma, se detalla cómo, aunque los ciudadanos de la región siguen valorando a la democracia y al régimen de libertades como vías aspiracionales hacia utopías sociales, han aprendido a desconfiar profundamente de sus élites partidistas, parlamentarias y de gobierno. La corrupción imparable de esas élites es la razón profunda de esa desconfianza. Se ha aprendido, a la mala, que los liderazgos mesiánicos, envueltos en su retórica solidarista y demagógica, siempre encubren intereses personalistas y de grupo que se traducen con el
tiempo en el enriquecimiento escandaloso de las élites “revolucionarias”, “transformadoras”, “libertadoras”, fidelistas, chavistas, obradoristas y demás etiquetas de evangelización.
La encuesta Latinobarómetro se basa en 9,207 entrevistas presenciales en 17 países latinoamericanos, levantadas entre el 7 de mayo y el 17 de junio de 2026. En México se realizaron 1,200 entrevistas. Destaca que el 52% de los participantes considera a la democracia como el mejor orden de gobierno, pero también declararon en la misma proporción que no les importaría que se impusiera un gobierno autoritario si resolviera los problemas del país. En 2002 esa proporción era del 44%. Además, un 63% considera que es aceptable cierta dosis de «mano dura» gubernamental.
Y aquí lo preocupante: el 76% de los latinoamericanos declara que no se siente representado por su parlamento. En 2015 esa proporción era del 70%. Sólo un 15% confía en los partidos. Peor: solamente el 15% de los encuestados dice que puede confiar en las demás personas. Solamente el 26% considera que el Estado ha hecho algo o mucho por ellos y sus familias durante los últimos tres años. Es el mejor incentivo para voltear a ver a otros actores autoritarios, también populistas pero adoradores del becerro de oro del egoísmo acumulador.
Continuaremos…
(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

