Columna Diario de Campo

A la Manif…!

Luis Miguel Rionda (*)

París es una ciudad a la que le tengo un especial aprecio. Pude vivir ahí durante mi adolescencia, entre 1977 y 1978, gracias a que mi padre obtuvo una beca para realizar su doctorado en España. Hizo sus cuentas y me llevó consigo, yo recién egresado de la prepa. No quise quedarme con él en España, porque yo quería estudiar en Francia. Así lo hice durante un año, y cursé dos semestres de las carreras de Sociología y Antropología.

La primera disciplina la cursé en la Universidad de Vincennes (París VII), un centro de estudios muy conocido por la movilización permanente de sus estudiantes y profesores. Ahí enseñaban Michel Foucault y muchos intelectuales radicales que habían participado en el mayo francés de 1968. Con demasiada frecuencia se interrumpían las clases porque los líderes estudiantiles llamaban, con altavoz en mano: “à la manif, à la manif !” Y a la calle…

Me tocó participar en algunas marchas; no terminaba de entender bien las causas, pero se gritaba a favor de los derechos de todos los pueblos oprimidos del momento: “Vive le peuple saharaoui!”, por ejemplo. No tenía idea yo (ni muchos compañeros) del objetivo, o siquiera dónde se ubicaba ese pueblo, pero igual gritábamos.

Puedo decir que aprendí a manifestarme en las calles de París. Una costumbre que no he abandonado, y que practico cuando considero necesario. Me inspiraron mucho las historias de las barricadas revolucionarias de 1789, o la heroica resistencia de los comuneros de 1871. Evidentemente, gocé la lectura de Los Miserables de Víctor Hugo. Una ciudad que ha sido una escuela de libertad y ciudadanía.

Por cierto, tengo hoy en casa a un querido visitante de esos tiempos: mi amigo Pedro Adrián González, americano, pero ciudadano del mundo y habitante de París desde hace medio siglo. Ambos compartimos nuestra preocupación por lo que está pasando hoy en esa ciudad, sobre todo a partir de las marchas del 17 de octubre. Las viejas causas libertarias parecen haber pasado a un segundo plano y ahora se abrazan motivaciones que se antojan inmediatistas o

superficiales, como el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Parece desproporcionado que a partir de estas querellas se provoque violencia, saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía en varias ciudades, como Limoges, cuyo hermoso ayuntamiento fue consumido por un incendio devastador provocado por algún bloque negro. Hubo dos mil 500 detenidos, en particular jóvenes hijos de inmigrantes, que no han sabido integrarse a la sociedad que les ha brindado hospitalidad, y la violentan.

Macron está rebasado. Llamó a la calma y condenó la violencia, pero no declaró periodo de emergencia. El Estado francés, cada vez más sofocado por una deuda impagable, producto del dispendio de recursos para sustentar su régimen de bienestar, con subsidios a sectores improductivos y pensionados al alza, parece atrapado en su propia demagogia. La realidad económica se impone, y posiblemente beneficie a los radicales de derecha (Reagrupamiento Nacional, con Marine Le Pen) o izquierda (Francia Insumisa con Jean-Luc Mélenchon) en las próximas elecciones presidenciales del 18 de abril. La coalición centrista Ensemble de Macron no tiene posibilidades (https://t.ly/7bsup). Las crisis favorecen a los extremos, y eso se ha confirmado en América Latina con las últimas mudanzas hacia opciones de derecha trumpista. Tiempos difíciles para las libertades…

 

 

 

 

 

 

(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda